La ternura infinita de Cuba

mujeres_primeroLuz y guía insustituible, confianza de todos los cubanos, inspiración cotidiana, paciencia a toda prueba y ejemplo e ideas multiplicándose en talleres, campiñas, mares, tribunas, escuelas y más allá de las fronteras nacionales, son las madres cubanas, porque ellas llevan el peso de la sociedad en sus espaldas, las riendas del hogar en sus manos y el futuro en su mirada.

 

mujeres-cubanas-580x356Luz y guía insustituible, confianza de todos los cubanos, inspiración cotidiana, paciencia a toda prueba y ejemplo e ideas multiplicándose en talleres, campiñas, mares, tribunas, escuelas y más allá de las fronteras nacionales, son las madres cubanas, porque ellas llevan el peso de la sociedad en sus espaldas, las riendas del hogar en sus manos y el futuro en su mirada.

Ellas forjan la solidaridad junto a la esperanza.

En este homenaje de toda Cuba hoy; Día de las Madres, no te confundimos con las apariencias de los regalos, porque eres raíz, esencia, obra, patriotismo callado, nobleza suprema, entrega incondicional, sueño incansable.

Quieres e imaginas que te obsequien el compartir más las tareas domésticas, comprensión mayor y constante, los mejores resultados de los pequeños en la escuela, en fin, tantas cosas que nada tienen que ver con las materiales, que se empequeñecen ante tu misión gigante.

Desde la cárcel en las entrañas del monstruo uno de nuestros cinco compatriotas luchadores antiterroristas, Antonio Guerrero, lo expresó con versos regalados este Día de las Madres y salidos de limpio y agradecido corazón que jamás podrán encarcelar: “La ternura infinita,/ la que todo lo abre,/ la que nada la imita,/ la que ofrece una madre”.

Tú, madre imprescindible, no vales solo por ser creadora de vida, sino porque eres creadora del ser y del amor, más que de bienes y servicios: porque tú además por ser mujer, brillas como la flor más bella del género humano, en el eterno jardín que es en Cuba esta Revolución de verdades, firmeza y pueblo nuevo, que transformas cada día.

Reproduces la especie desde tus entrañas y también irradias lo mejor de ella cada día, cuando guías a tus hijos, cuando cocinas bueno con muy poco, cuando siembras y cosechas en el huerto del patio, donde también sostienes las crías de ave, cuando haces y sirves el café, con aroma supremo de madre, cuando das forma de edificio vivo a ladrillos, arena y cemento inertes, cuando te burlas de todos los obstáculos y bloqueos.

Insustituible eres cuando coses e inventas de cualquier retazo, buscas soluciones y desechas y evitas problemas, cuidas las flores del jardín colectivo, engalanas tu casa en las fiestas de la Cuba universal, desfilas con la Patria cada primero de mayo, tecleas en la máquina de escribir o la computadora los informes y proyectos para avanzar, dibujas un cartel o actualizas la contabilidad, e impartes una clase, la recibes o la apoyas.

Única, multiplicada e insustituible eres cuando luchas por tu comunidad, donando sangre o aportando sudor en la tarea de la recuperación de los daños de los huracanes, cuando saludas siempre amorosa y tierna, cuando besas a los vecinos como a la familia, cuando alientas como si todos, sin distinción de edad, fueran hijos y hermanos, cuando trabajas por tu CDR cual trinchera de todos, cuando conviertes el hogar en escuela de cada día, cuando, lejos de vanagloriarte por las felicitaciones de hoy, agradeces y reafirmas tu compromiso con la familia, la sociedad y la Patria.

Tantos cuando… que serían interminables como tú.

Y a pesar de todos los contratiempos e incomprensiones del hijo que desoye, o de quien en la familia no te respalda lo suficiente, siempre estás tú, madre, incansable, comprensiva, oportuna, porque eres energía imprescindible para seguir creciendo y encendiendo alegrías y sueños.

Ya lo dijo Montegazza y cabe recordar en mayor medida en tiempos de crisis capitalista sin precedente: “El corazón de la madre es el único capital del sentimiento que nunca quiebra, y con el cual se puede contar siempre y en todo tiempo con toda seguridad”.

“Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd. –le dijo José Martí en 1895 con gratitud que hacen suya todos los cubanos–. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Vd. con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”.

Así se funden las madres cubanas a la lucha histórica por la dignidad, un mundo mejor y la felicidad plena de todo un pueblo.

 

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