La sorpresa que no olvidó el tirano

Foto: Archivo

Si una recordación en la Isla de la Juventud deviene tradición formadora de las nuevas generaciones es la de cada 12 de febrero. Ese día cientos de niños y jóvenes van hasta el Monumento Nacional Presidio Modelo a evocar la audacia de los sobrevivientes de las acciones del 26 de Julio de 1953 quienes protagonizaron otra histórica hazaña desde la cárcel en 1954.

Al conocer esa mañana del 12 la llegada del dictador Fulgencio Batista al penal para inaugurar una planta eléctrica, Fidel llamó a sus compañeros y les propuso la idea…

– ¡Ahora!, exclamó Juan Almeida, quien vigilaba desde la ventana.

Alzaron sus voces a coro 26 combatientes con la letra y música del mismo Himno de combate que los acompañó al asalto al Moncada:

Marchando, vamos hacia un ideal/ sabiendo que hemos de triunfar/ en aras de paz y prosperidad/ lucharemos todos por la libertad…

Así le dieron los Moncadistas una sorpresa en persona al tirano, quien nunca la pudo olvidar, al cantarle la Marcha del 26 de Julio.

Cuenta el autor que en la prisión de Boniato ese himno, además de los asaltantes, hasta los presos comunes lo cantaban y que “cuando los soldados venían como fieras a vernos, nos poníamos de pie y lo entonábamos con más fuerza”.

Pero aquel 12 de febrero de 1954 a la sorpresa se unieron la ira y la impotencia. Y más cuando la palabra ¡asesino! –repetida– se unió al canto.
En su libro ¡Atención! ¡Recuento! el Comandante de la Revolución Juan Almeida relata los hechos: “Al cuarto día llega el oficial de espejuelos oscuros con una lista, anuncia los nombres de los compañeros que tienen visita de sus familiares y dice que nos arreglemos que pasará en media hora a recogernos. Los compañeros se bañan, se afeitan, se cambian de ropa, salen al patio con rapidez y marchan con el oficial. ¡Qué ajenos estaban de que se iba a materializar ahora el castigo por haber cantado el himno y haberle gritado ¡Asesino! al tirano!”
Agrega Almeida que fueron castigados los cinco nombrados en la lista, Fidel y los que estimaron más responsables. Al autor del himno, Díaz Cartaya, “Por la madrugada lo condujeron a una celda solitaria y lo golpearon brutalmente hasta dejarlo inconsciente”. (…) A Fidel lo encerraron y los separaron de nosotros. Los demás, Ramirito, Tizol, Tápanes y Alcalde, fueron encerrados en celdas individuales y maltratados moral y físicamente”.

Con firmeza los jóvenes burlaron represalias y poco después junto a la movilización popular doblegaron las rejas, traspasadas el 15 de mayo de 1955, para lanzarse a nuevas batallas.
Iniciada la lucha guerrillera en las montañas de la Sierra Maestra –en fecha temprana como fue el 15 de febrero de 1957–, se realiza una grabación de esta Marcha, que luego del asalto al Moncada incluyó nueva estrofa por el sacrificio de los caídos, lo cantaban públicamente en el juicio de Santiago de Cuba y fue difundida luego, para todo el pueblo, a través de la emisora Radio Rebelde, desde la Comandancia de La Plata.
Ahora la Marcha del 26 de Julio forma parte del patrimonio de los cubanos, que la llevan en el corazón y la cantan a viva voz, con igual disposición: Arriesgaremos decididos por esta causa hasta la vida ¡Qué viva la Revolución!

Historia Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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