La sobreviviente de la masacre retornó como embajadora

Embajadora-de-Namibia-1“Soy un fruto de la Revolución, a ella debo mi vida, pues fui rescatada por los combatientes internacionalistas cubanos en Cassinga, y gracias a la generosidad del Comandante en Jefe Fidel Castro, junto a otros niños fui trasladada a esta Isla donde me curé, crecí, me eduqué y luego regresé como representante de mi querida Patria”, afirmó Claudia Grace Uushona, quien estudiara en Isla de la Juventud, al concluir su misión como embajadora de Namibia en Cuba.

 

Embajadora-de-Namibia

Claudia Grace, quien fuera embajadora de Namibia en Cuba del 2004 al 2010, comparte emocionada fotos y recuerdos con sus profesoras de la enseñanza secundaria en Isla de la Juventud / Foto: Diego Rodríguez Molina


“Soy un fruto de la Revolución, a ella debo mi vida, pues fui rescatada por los combatientes internacionalistas cubanos en Cassinga, y gracias a la generosidad del Comandante en Jefe Fidel Castro, junto a otros niños fui trasladada a esta Isla donde me curé, crecí, me eduqué y luego regresé como representante de mi querida Patria”, afirmó Claudia Grace Uushona, quien estudiara en Isla de la Juventud, al concluir su misión como embajadora de Namibia en Cuba.

Emocionada y llena de recuerdos de sus años de adolescente en el terruño pinero, ella recibió en el verano del 2010 la Orden de la Solidaridad, otorgada por el Consejo de Estado e impuesta por el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla.

Llegó por primera vez aquí con 16 años, herida y con el horror aún dibujado en el rostro por la matanza de la que había sido testigo en Cassinga, al sur de Angola.

”Vinimos como 600. Allí hice –dijo refiriéndose a la segunda ínsula cubana, también conocida desde entonces como de la Solidaridad– la secundaria y el preuniversitario. Luego estudié en la Universidad de Gambia y fui la primera mujer gobernadora en Namibia. Ahora me siento muy feliz de estar de nuevo en mi segundo país durante los tiempos más difíciles”.

Con el mismo optimismo y gratitud con que mencionó los varios programas de colaboración que en las áreas de salud, educación y deportes, entre otras, acordaron Cuba y Namibia cuando establecieron relaciones diplomáticas en marzo de 1990, el mismo día de la proclamación de la independencia de su país, confesó durante una de sus últimas visitas al territorio pinero la inmensa felicidad que experimenta cada encuentro con quienes aquí fueron sus maestros, como Miriam.

Algunas de esas educadoras están junto a ella en la imagen gráfica que acompaña el texto, en los momentos en que compartían recuerdos mientras hojeaban, emocionadas y alegres, un álbum fotográfico de la escuela de estudiantes namibios Hendrick Witbooi, en territorio pinero, más de 20 años antes de llegar en el 2004 como embajadora de esa nación del cuerno sur africano.

“Jamás imaginé que a Cuba vendría nuevamente como diplomática, eso fue más que un sueño”, admite con modestia durante el animado diálogo aquel día inolvidable del 2006 bajo la sombra del frondoso árbol que los huracanes no han podido arrancar en el patio de la delegación territorial del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en Nueva Gerona.
”Mis profesores fueron, además, padres para mi, ellos están siempre en mi corazón”, me dijo Claudia Grace antes de retornar a la capital cubana luego de concluir el familiar intercambio y enfatizó en claro español aquí aprendido:

“Tampoco olvido la constante preocupación de Fidel por todos los estudiantes africanos y de otras nacionalidades, sus frecuentes visitas a nuestros centros y especialmente a mi escuela, el aliento dado y la inmensa confianza depositada en nosotros para construir naciones nuevas y soberanas tras la liberación del colonialismo, los invasores y demás formas de opresión que nunca dejaron de tener el apoyo del imperialismo norteamericano y potencias europeas”.

 

 

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