La pregunta de Cubadebate: ¿Cuál es tu experiencia con el trabajo a distancia y el teletrabajo?

En tiempos de pandemia, el trabajo a distancia ha ganado popularidad. Este método laboral, impulsado desde el pasado año como parte de las medidas que adoptó el país para enfrentar la coyuntura energética, volvió a ser protagonistas en momentos en que el distanciamiento físico es fundamental.

Al decir de Marta Elena Feitó Cabrera, ministra de Trabajo y Seguridad Social, esta modalidad de empleo es la disposición por excelencia que desde el punto de vista laboral tributa al aislamiento social, reclamado por la máxima dirección del país para contener la expansión de la COVID-19.

A pesar de las diversas facilidades que brinda como evitar el desplazamiento de los trabajadores a su centro, y con ellos la supresión de las ausencias o las llegadas tardes; el aumento de la productividad y posibilitar conciliar la vida laboral con la familiar; no pocas veces las administraciones se vuelven reticentes a esta variante, debido al predominio de un enfoque tradicional.

Los números hablan por sí solos. Si bien en abril de este año más de 557 500 cubanos están acogidos a la modalidad de trabajo a distancia; hoy solo lo hacen 334 mil 779 según cifras aportadas por el MTSS.

De ellos en teletrabajo 43 mil 732, en domicilio 157 mil 751 y 133 mil 296 en el terreno.

Como muchos aducen en sus comentarios a nuestro sitio web, con la llegada de la primera fase algunos directivos borraron de un tirón este concepto y no fueron pocos trabajadores a los que le dijeron que “de inmediato que tenía que incorporarme todos los días al local del departamento”.

Otra variante que tampoco ha navegado con buena suerte es el teletrabajo, forma flexible de empleo que permite al trabajador realizarlo sin su presencia física en la entidad durante una parte importante de la jornada de trabajo, y como norma general implica el uso frecuente de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), al menos con un mínimo de equipamiento.

Aunque con esta forma de empleo se abandona el enfoque tradicional de “horas en la oficina” por el de “horas dedicadas al trabajo”, lo cual representa ventajas tanto para el trabajador como para la entidad, muchas administraciones persisten en mantener sus subordinados detrás de un buró las ocho horas pactadas como si esto fuera realmente garantía de mayor productividad.

Ante este panorama valdría la pena preguntarse, si muchos trabajadores demostraron tener buenos resultados con esta variante, por qué eliminarlo tras decretarse la primera fase.

¿Si existen las condiciones requeridas y se acuerda entre empleador y empleado en el contrato este método de empleo por qué no maximizarlo?

¿Qué papel desempeña el sindicato, si se trata, a fin de cuentas de un beneficio para la entidad y al trabajador?

Si el trabajo a distancia llegó para quedarse, ¿a qué responde que no asuman en todas las entidades con el interés que merece tal?

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