La “pandemia” de las colas

Llovizna a intervalos y la cola se mantiene frente a la TRD en La Fe como si de un brote de sombrillas se tratara. Hacen un conjunto muy colorido, pintoresco; lástima que no trajera mi cámara. Esperan porque saquen el pollo, si lo traen; nadie está seguro de si llegará o no, pero la cola está desde mucho antes, quizá desde el amanecer.

Otra cosa sucedería si cada entidad comercializadora advirtiera desde el día antes −en cartel, pizarra u otro medio− cuál será la oferta disponible. Y mejor todavía si particulariza sus ofertas: mañana pollo, pasado mañana útiles de aseo, luego aceite…

Con esta simple medida estaría evitando que se haga una misma cola para tres productos, como ocurre con frecuencia, tanto como apostar al canino mitológico de tres cabezas en la puerta…

Otra cuestión a tener en cuenta: la organización de las colas.

Hay cuatro personas frente a una tienda cualquiera. Al parecer acaba de nacer una cola, está reciente todavía. Usted pregunta por el último y le responden: Somos…tres, cuatro, cinco… o tantos como al “último” se le ocurra informarle. Y usted, que tiene delante a solo cuatro personas, ni puede imaginar cuántos individuos virtuales aparecerán a la hora de la verdad.

Felizmente, en nuestra Isla se acerca el fin de muchas restricciones, lo percibimos hasta en el aire que respiramos. Es el resultado excelente de las fuertes medidas adoptadas a lo interno. Pero los efectos económicos del nuevo coronavirus van a perdurar. Tenemos, por tanto, la necesidad de organizarnos mejor. Las colas hay que enfrentarlas. Son el caldo de cultivo donde mucho de lo alcanzado se puede desdorar.

La mejor comercialización de los productos es una batalla tan dura como fuerte, y tenemos que ganarla; es una ofensiva económica, pero también ideológica.

Los productos que se ofertan en las tiendas recaudadoras de divisas complementan la canasta familiar normada y sus precios −es bueno recordarlo−, a pesar de la actual demanda desbordada, son los mismos y se mantienen desde el 2016.

Eso solo se logra a la cubana, con nuestro Socialismo, donde el centro no es el contrapunteo oferta-demanda, sino la protección del hombre, de tu familia y la mía. Mas no basta con situar una fuerza de orden en los establecimientos, la práctica lo demuestra. Es preciso, por tanto, buscar alguna forma de complementar su esfuerzo.

Se dice que no se pueden dar números, no está permitido. Y resulta la brecha que mejor conviene a acaparadores, revendedores y desorganizadores…, quienes florecen en situación de carestía.

Vale la pena (como diría Calviño) encuestar a los clientes, oír sus criterios para encontrar la forma de cerrar esa brecha y hacer que se respete a quien busca una mejor organización en la venta.

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