La palabra de orden, tolerancia

A propósito de celebrarse este 17 de mayo el Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia

Hace unos días se celebró la archi famosa Met Gala que cada año da inicio a la exposición de moda anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York.

Siendo este el escenario de uno de los eventos sociales que más acogida tiene por figuras influyentes de todo el mundo y uno de los más seguidos por redes sociales, probablemente usted se pregunte qué tiene de relevante o cercano para los cubanos y casi tiene razón.

Pero resulta que en esta edición -y por primera vez- alguien decidió hacer de su presencia en la cita toda una declaración, portando como  capa una bandera de orgullo gay.

En tiempos convulsos donde los principales titulares del orbe son ocupados por la situación en la franja de Gaza, la continuidad histórica del Proceso Revolucionario Cubano o los acuerdos entre las dos Coreas, a veces se olvida que el tema de la homofobia y la transfobia sigue latente en todos los continentes.

Por ello este 17 de mayo, al conmemorarse 28 años de la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, es hora de sentarse a pensar cuánto se ha logrado y lo que aún falta por alcanzar.

En nuestro país, por ejemplo, con el paso del tiempo, se ha logrado desestigmatizar a las personas por tener diferente orientación sexual gracias a estrategias educativas, aunque aún en determinados sectores persiste el ideal retrógrado, arcaico y puritano de que estas prácticas o intereses atentan contra las buenas conductas o las “leyes de la naturaleza”.

Lo cierto es que los pasos en favor de la evolución de pensamiento se han dado. De hecho en la actualidad una de las principales campañas a nivel nacional se lleva a cabo al interior de los centros educacionales, en aras de eliminar el acoso escolar y permitir que cada quien sea libre de expresar su identidad de género sin ser señalado o vejado por ello.

Ahora, si se tiene en cuenta que Cuba es un país mayormente envejecido, pudiera entenderse que el tránsito hacia una sociedad menos sometida a los tabús no sea tan fácil, pues las generaciones más entradas en años fueron prácticamente criadas para ver en las personas con gustos diferentes una muestra de “inmoralidad”.

Es por esto que el llamado una vez más es a la tolerancia. Pero no la tolerancia de –“qué paciencia hay que tener” o “las cosas que uno tiene que aguantar”- ante la simple vista de dos personas del mismo sexo tomadas de la mano. No, esta vez toca apelar a la tolerancia entendida como respeto y comprensión de que cada uno es un ser autónomo y tiene derecho a expresar su individualidad sin ser excluido de ningún entorno social.

A fin de cuentas e hipocresías aparte, ni todas las relaciones heterosexuales son perfectas ni las homosexuales son dignas de crucificar. Amor, gusto, sexualidad y libertad son inherentes a cada persona más allá de su orientación sexual y no basta solo un día para abogar por ello. Todos los seres humanos somos iguales, solo tenemos intereses diversos y el orgullo de sentirse bien con uno mismo es un derecho incondicional.

Opinion Otras de la Isla de la Juventud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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