La mejor obra del Apóstol

prc_creacion_martiCorría el turbulento año de 1892 y en Nueva York se anunciaba potente la primavera cuando el 10 de abril José Martí junto a un grupo de eminentes patriotas proclamó la fundación del Partido Revolucionario Cubano, importante organización que serviría para llevar adelante los destinos de Cuba y lograr la independencia del país con la Guerra necesaria.

Años después y bajo la dirección de Fidel, una revolución triunfante, continuadora de las ansias libertarias conformaría un Partido único para decidir los destinos de la nación: El Partido Comunista de Cuba, ese que marcha victorioso en pos de un porvenir mejor para todo el pueblo cubano

prc_creacion_martiCorría el turbulento año de 1892 y en Nueva York se anunciaba potente la primavera cuando el 10 de abril José Martí junto a un grupo de eminentes patriotas proclamó la fundación del Partido Revolucionario Cubano, importante organización que serviría para llevar adelante los destinos de Cuba y lograr la independencia del país con la Guerra necesaria.

Martí había cumplido apenas 39 años cuando llevó a buen fin su propósito de juntar las voluntades, los pinos nuevos con los viejos, a los poderosos y menesterosos, hombres y mujeres, en una organización que sirviera a los designios y uniera los esfuerzos de los clubes patrióticos de Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, así como de los grupos de patriotas regados por Centro América y el resto del continente en pos de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Las bases del Partido Revolucionario Cubano, redactadas por Martí, están formadas por nueve artículos, en los cuales se declaran los propósitos de carácter general, así como los de realización inmediata de la agrupación. También cuenta con los estatutos secretos, por los cuales habría de regirse el nuevo organismo político.

La fecha para la proclamación del Partido, no es fortuita: es la misma en que los patriotas cubanos del 68, aprobaron la Constitución de Guáimaro, acta que dio forma jurídica a la primera guerra de independencia.

Los cuerpos del consejo, representantes de los clubes patrióticos existentes, en Nueva York, Tampa y Cayo Hueso, eligieron a Martí como Delegado del Partido y a Benjamín Guerra como tesorero.

Casi tres años después los cubanos se lanzaron a la manigua en una contienda que culminó con el dominio español, pero que fue frustrada por la intervención yanqui.

Por eso, años después y bajo la dirección de Fidel, una revolución triunfante, continuadora de las ansias libertarias conformaría un Partido único para decidir los destinos de la nación: El Partido Comunista de Cuba, ese que marcha victorioso en pos de un porvenir mejor para todo el pueblo cubano.

 

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