La medalla moral de Maceo

Foto: Marianela Bretau Cabrera

A Luis Alberto Bonet Maceo, ese muchacho espigado, amable y educado, presidente municipal de la Feem, quien estudia el tercer año de la carrera de Maestro Primario en la Enseñanza Especial, lo conocí al inicio de la pandemia, en el abanderamiento de la brigada de jóvenes que trabajarían como mensajeros en la zona en cuarentena en el Panel II en el poblado santafeseño.

Ese jovencito, de solo 17 años, labora desde el principio con los dirigentes del Consejo de Defensa (CD) de La Fe, donde es el segundo jefe del Subgrupo Político; en nuestro segundo encuentro en el puesto de mando del CD fue mi guía dentro de la demarcación con cintas restrictivas, me explicó y mostró acerca de la labor allí, el resguardo de los vecinos e incluso vimos a uno de los casos recuperados de covid-19 del lugar.

“Recuerdo, al comienzo del virus y el confinamiento, la nostalgia al ver a mis hermanos mayores de la Feu realizando tareas y no poder incorporarme a ellas. Al principio mi familia también me lo impedía, no obstante, más avanzada la situación, era una necesidad que las demás organizaciones se involucraran con voluntarios y es cuando me sumo y me designan al frente de un grupo para trabajar en el área de cuarentena de La Fe.

“La primera experiencia no se compara con el resto; todo fue muy intenso. Antes de las siete de la mañana había que estar en el puesto de mando para puntualizar lo del día. Muchas veces llegábamos en la madrugada a la casa porque hasta altas horas de la noche nos encontrábamos aún distribuyendo cuotas o mercancías en venta, además de la sensibilidad que te toca y ayudas a resolver situaciones de las personas afectadas”.

En esta ocasión, en el rebrote de la pandemia en la Isla, Bonet Maceo no dudó en incorporarse a sus funciones en el Consejo de Defensa del poblado cuando le avisaron para la apertura de la cuarentena por un evento de trasmisión local en Guisa, además de continuar con el proceso docente, pues las clases continuaban.

“Se trataba de una zona rural, menos poblada, donde en menos de 200 metros hay alrededor de diez casas y como decía el presidente del Consejo Popular, la covid-19 estaba en el jardín. El riesgo era mayor que la vez anterior porque el espacio era muy pequeño, donde había salido un número significativo de positivos y en el transcurso de los días siguieron apareciendo casos.

“Era una situación compleja, pero ahí estuvimos desde el primer día, llegaron jóvenes a apoyar y hubo un momento en el cual seguían incorporándose y ya no era necesario. La juventud siempre ha dicho sí y hubo muchos voluntarios, brindaron sus medios de transporte y allí estuvieron con nosotros laborando en Guisa; la experiencia te enseña y ayuda a crecer.

“Las familias de allí estuvieron casi un mes en cuarentena, pero fue necesario. Al final estuvieron muy agradecidas con nosotros y eso es lo que nos llevamos, el agradecimiento infinito de la población. Aunque en determinado momento tuvimos que requerirles para hacerles entender la importancia del cumplimiento de los protocolos, igual te agradecen porque uno pone en riesgo la salud en pos del bienestar colectivo.

Para Luis Alberto, ser el máximo dirigente de la Feem en la Isla es una responsabilidad muy grande, de la cual no se desprende ni en tiempos de covid-19, por el contrario, predica con el ejemplo y por ello siempre se le ve en donde haga falta, pues a decir de él, aunque llegue cansado todos los días, se siente orgulloso.

“Le decía a mi familia, me ha tocado dirigir la Feem en años complejos, no he tenido la posibilidad de crecerme en mi esfera, de hacer un gran FestiFeem, una buena CopaFeem, o un movimiento investigativo de altura, pero me ha posibilitado conocer otras aristas, he aprendido de política, administración, agronomía, carpintería, cómo se activa el Consejo de Defensa, su funcionamiento, entre otras cuestiones.

“El ejemplo empieza por la casa, por eso siempre doy el paso al frente y hemos logrado que más del 50 por ciento de nuestros cuadros centro se incorpore a las tareas de impacto en las comunidades, no solo en el enfrentamiento directo a la pandemia, sino también en el desarrollo económico y la soberanía alimentaria, lo cual demuestra una elevada conciencia del estudiantado medio.

“Cuando tenga 60 años tendré muchas anécdotas que contarle a mis nietos, podré decir: ayudé y trabajé en las zonas de cuarentena de la covid-19… Es algo muy bonito que queda para toda la vida, no todos tuvieron ese privilegio, y quienes tenemos la oportunidad, nos vamos con esa medalla moral de que pusimos en riesgo nuestras vidas para preservar la de otros y el futuro”.

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