La magia también es redonda

ciego-a-un-paso-de-la-final05Se viven en toda Cuba días desbordantes de pasión y rivalidad; el responsable es ese implemento pequeño, redondo y mágico para este país: la pelota.

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Se viven en toda Cuba días desbordantes de pasión y rivalidad; el responsable es ese implemento pequeño, redondo y mágico para este país: la pelota.

Más allá del clima, de teams advenedizos o grandes ausentes, de quien se proclame rey de la selva entre tigres o leones, los play off de la Serie Nacional de Béisbol constituyen siempre un acontecimiento incomparable.

Y es que el béisbol está en el centro mismo de la cultura y la identidad nacional; trasciende las fronteras del deporte para devenir espectáculo donde se sincretizan varios elementos de nuestra cubanía.

Hasta el estadio no solo vamos a disfrutar de los jonrones, las jugadas espectaculares o los ponches; también de la conga, los coros, las iniciativas de los aficionados, del ambiente, la evolución de las mascotas, en fin, de esa gran fiesta que se arma en esta latitud cuando hay un bate y una pelota de por medio.
En tiempos de play off en Cuba se respira pelota, y esta disciplina deportiva influye en casi todos los ámbitos de la vida del país. En las calles se vive un tiempo diferente y más colorido: arden las esquinas calientes, brotan como hierbas los carteles, las frases, las décimas, los slogan…

Es tan intensa la efervescencia que las personas hasta suben el ritmo de trabajo; el comienzo del juego condiciona el accionar diario de la gente y hasta los horarios de los centros laborales sufren transformaciones indirectas porque todos quieren estar en el estadio o en casa para disfrutar del béisbol.

Para ejemplificar lo anterior basta recordar cómo en el año 2002 el equipo holguinero ganó por primera vez el campeonato, y tras ese logro, llegaron días en que todos los indicadores productivos subieron, las empresas mejoraron su funcionamiento, descendieron los índices de delitos y las indisciplinas sociales.

Por ello debemos mantener siempre encendida la pasión nacional, lograr que no sucumba ante los embates del fútbol internacional, atizarla con nuevas iniciativas y espectáculos cada vez más elaborados, con una mejor preparación de nuestros narradores, una mayor educación de los aficionados y entrega de los peloteros; todo, para que no muera nunca ese deporte llamado béisbol, o lo que es lo mismo pasión, desvelo, rivalidad y sentido de pertenencia.

 

 

 

 

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