La Habana hoy de cumpleaños: desafiando la pandemia y el pesimismo

Parecía que después de su aniversario 500 a la Villa de San Cristóbal de La Habana le quedaba poco por hacer; así de inmenso fue el revuelo que despertó perezas y reunió todas las fuerzas del territorio en torno a un bien común.

Con la mirada puesta en lucir cada vez más limpia y ordenada, la capital –benefactora siempre de los recién llegados, se dispuso a lustrar su medio milenio de historia y para ello convocó a todos cuantos la habitan.

Alumbrados por el espectáculo de fuegos artificiales que coronó la noche del 16 de noviembre de 2019, quedan en el recuerdo decenas de espacios remozados, viviendas terminadas a pesar de los desmanes del tornado que inauguró ese año, el bulevar de San Rafael con sus luces nuevas y la pulsante necesidad de hacer por ella, la ciudad, siempre lo más grande.

Pero un año más transcurrió, tal como sucede en el orden de la vida, y hoy la capital de los cubanos celebra otro onomástico que impone nuevos retos y renovados desafíos, mientras ofrece más de una razón para celebrar en la familia grande de la urbe.

Agitada llega la hermosa dama azul a este cumpleaños, habiendo luchado con creatividad y sin descanso frente a un enemigo silencioso y hasta hace poco desconocido: la COVID-19, esa enfermedad contra la cual se han desbordado esfuerzos y estrategias.

Innumerables las experiencias, valiosísimo el aprendizaje; una ciudad en pleno, descubriéndose otra vez, reconociendo sus límites y potencialidades, se alzó como nueva y continuó haciendo contra los pronósticos de los pesimistas.

No pudieron las etiquetas que la tachan de indisciplinada opacar los bríos de su unidad, ni las voces del desaliento hacer mella en su capacidad de organización, la ciudad maravillosa se empinó y este día celebra orgullosa cada una de sus victorias.

Si una lágrima asomara a sus ojos de sabia marinera, estaría justificada por el dolor de las vidas que la pandemia arrebató y ante la ausencia física del más leal de sus caballeros, el Historiador, el amante, el eterno Eusebio.

Baste entonces la luz sobre su rostro de piedra, queden las olas a su lado adormecidas, vuele una paloma hasta lo alto de un campanario, ría un niño ya en la escuela, asome la esperanza de un anciano por encima de su nasobuco y lo demás será poco o nada necesario: ella será feliz y con ella bailará de gozo también el mundo.

Cuba
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