La fortuna de un internacionalista

Internacionalista-diego-1Con más de 35 años en el periodismo, Diego Rodríguez Molina es el único profesional del sector en la Isla de la Juventud que tiene en su haber misiones en la epopeya militar de Cuba por la liberación africana y en el programa integral de salud a poco de emprenderse en Centroamérica y el Caribe.

A 37 años de la proclamación de la independencia de Angola, en la que los combatientes internacionalistas cubanos tuvieron destacada participación, uno de ellos rememora desde Isla de la Juventud pasajes de esa histórica epopeya y el triunfo definitivo sobre los agresores extranjeros

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Fotos: Arturo Enamorado y archivo

Internacionalista-diego-5Con más de 35 años en el periodismo, Diego Rodríguez Molina es el único profesional del sector en la Isla de la Juventud que tiene en su haber misiones en la epopeya militar de Cuba por la liberación africana y en el programa integral de salud a poco de emprenderse en Centroamérica y el Caribe.

Para conocer de sus vivencias lo visitamos en su despacho hogareño, donde rodeado de libros, periódicos, revistas, fotos, recuerdos, entusiasmo e ideas frescas con las que se burla del tiempo, no parecen cansarle las horas ni quienes van en busca de información histórica, económica o de los más diversos temas.

– Vengo como colega a recoger tu testimonio sobre un importante momento de tu vida hace más de un cuarto de siglo, que nunca he visto publicado sobre tus vivencias personales y de la que siempre será poco lo que se pueda trasmitir a las nuevas generaciones…, le explico después del saludo grabadora en mano.

Y cuando le aclaro que quiero que me hable de la primera de las dos misiones internacionalistas, sus ojos se iluminan de orgullo, mientras sus palabras desgranan con modestia.

FUSIL AL HOMBRO, CÁMARA AL CUELLO

– Al África fui en 1984. Me desempeñaba en el periódico Victoria –comienza respondiendo a la primera pregunta y prosigue–. Tenía 29 años, cuando luego de pasar un curso de corresponsal de guerra durante un año en la Academia Superior de las FAR “Máximo Gómez”, me seleccionan para esa tarea en la República Popular de Angola, que entonces se enfrentaba a los agresores del régimen racista sudafricano, a las bandas contrarrevolucionarias armadas por Estados Unidos y a otras fuerzas empeñadas en frustrar la independencia de esa nación (proclamada en noviembre de 1975), descuartizarla e impedir que naciones vecinas en lucha como Namibia, alcanzara la soberanía que sí pudo lograr luego como resultado de aquella operación solidaria en África.

– Aunque iba como periodista formaba parte del contingente militar cubano y junto a la cámara fotográfica Zenith al cuello, un manojo de rollos, la agenda y bolígrafos, llevaba mi fusil al hombro, pistola, casco y demás pertrechos de campaña, rememora al tiempo que habla con nostalgia del hijo de cuatro años, el resto de la familia y los compatriotas que dejaba en Cuba.

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CUMPLEAÑOS CON PALUDISMO

– Conservo en la memoria muchas anécdotas y momentos que el tiempo lejos de borrar, reafirma junto a las convicciones y el orgullo por haber puesto mi granito de arena en la indudable victoria de Cuba y de la solidaridad que fue esa epopeya, enfatiza y hace referencia a las cartas que nunca dejó de intercambiar con sus compañeros de trabajo y demás compatriotas, de quienes dice que representaron un gran acicate y el compromiso de representarlos dignamente.

– Pero entre las vivencias –subraya emocionado– están la de aquella tarde en que llegué a Cabinda, la provincia angolana más al norte y con una de las mayores selvas del planeta, con los oídos reventados y tragando sangre, que en ese momento ni sabía qué era eso, porque el avión de carga en que viajaba tuvo que remontar mucha altura para evadir la artillería enemiga de Zaire.

– Fue también una experiencia memorable conocer en carne propia la vida bajo tierra de los combatientes cubanos y angolanos, el entusiasmo con que se enfrentaban a peligros de todo tipo y la gran hermandad lograda en el fragor de los combates y la preparación intensa entre uno y otro para asegurar la victoria del próximo encuentro.

– Nunca podré olvidar que los 30 años, aquel 18 de diciembre de 1984, los cumplí aislado con paludismo en un hospital, como tampoco se borra de mi mente la vieja máquina de escribir con alfabeto portugués en que hice la mayor parte de los reportajes periodísticos, los cuales luego enviaba por valija militar a la oficina del entonces Ministro de las FAR, Raúl Castro, de donde se decidía en qué órgano de prensa se publicaba, entre los cuales estaban Granma, Juventud Rebelde y Bastión, así como las revistas Bohemia y Verde Olivo, entre otros medios.

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– Aún estaban frescos los vibrantes mensajes de Fidel cuando las batallas de Cangamba y Sumbe, en 1983 y 1984, todos sentíamos que él estaba allí con nosotros y enorgullecía que dirigiera personalmente las acciones militares junto a Raúl desde el puesto de mando especial en el edificio del MINFAR a más de 13 mil km de distancia, del otro lado del Atlántico, con órdenes acertadas, informándose constantemente de la situación y disponiendo de lo necesario para no dejar a ningún combatiente sin protección y asegurar la victoria en cada avance.

– Viví con emoción la elevada moral combativa que representaba ese aliento para nuestras fuerzas y tuve el privilegio de compartir suerte con esos valientes soldados y oficiales que partieron voluntariamente de la Patria, y hoy rondan y enorgullecen las calles y campiñas de nuestro país. Entre ellos estaban los caravaneros de largos recorridos para avituallar a las tropas enclavadas en la profundidad del extenso territorio angolano, los temerarios zapadores que iban delante desactivando minas, los cooperantes civiles que hicieron de sus predios (edificios) bastiones de resistencia y dignidad con las armas en la mano para su defensa y los miles de reclutas y reservistas que se hicieron diestros abriendo trincheras y fortificándose cada posición conquistada.

– En algunas incursiones por aquella tupida selva de Mayombe, con árboles de hasta 50 metros de altura que no permitían que el sol llegara a tierra, iba entrevistando durante recorridos militares por terrenos accidentados, que no podían detener la marcha y había que estar al tanto de emboscadas y hasta formé parte de la tropa que preservó la seguridad del lugar donde las FAPLA y el FLEC (grupo armado contrarrevolucionario de esa provincia de Cabinda) comenzaban a conversaciones de paz que luego las facciones enemigas se vieron obligadas a aceptar ante el avance de nuestras fuerzas.

GUERRA DISTINTA POR LA VIDA Y LA PAZ

– Varias fueron las experiencias profesionales y no solo escribir en una máquina con caracteres distintos del idioma Español que luego tenía que corregir con el bolígrafo, sino la de revelar mis primeros rollos en el estudio de un fotógrafo angolano, para luego enviar los negativos seleccionados, hasta que poco a poco y valiéndome de uno de la tropa que sabía un poco más de laboratorio fotográfico, armar uno rústico con él, dada las condiciones de campaña, en la antigua instalación militar abandonada de los colonialistas portugueses y en ese momento era sede del mando militar cubano en el frente Norte, lo que permitió poder imprimir allí las fotos aprovechando la oscuridad de la noche.

Decenas de fotografías y de amarillentos recortes de publicaciones conserva Diego junto a las Medallas Combatiente Internacionalista, Por la Victoria Cuba-RPA y 50 Aniversario del desembarco del Granma, otorgadas por el Consejo de Estado, y su chapilla de combatiente, entre otras condecoraciones y documentos guardados con celo.

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– Recuerdo la vez en que recibí una refriega de críticas en la Misión Militar Cubana en Luanda por aparecerme sin el fusil, pensando que con la pistola era suficiente, y de otro momento en que salí solo, sin protección alguna, por caminos en la referida selva, para entrevistar a un fundador del MPLA y en ese momento miembro de su Buró Político, que había tenido contactos con el Che durante su paso por ese lugar colindante con el Congo, cuyo testimonio pude lograr en condiciones muy difíciles y riesgosas y publicado semanas después en Bohemia en dos páginas completas.

– Hoy me percato con más claridad que eran descuidos que hubieran costado la vida, como les ocurrió a otros que en movimientos solos por lugares inadecuados morían en emboscadas, atentados o el contacto con una mina.

– Más que de acciones de guerra, tenía la oportunidad de hablar en mis trabajos del heroísmo cotidiano de los combatientes cubanos a favor de la paz que defendían junto a los soldados angolanos y en este sentido recuerdo que resultó muy oportuno un reportaje hecho a la labor de nuestras tropas en la lucha contra el Aedes aegypti y otros vectores de enfermedades trasmisibles como paludismo y dengue, apareció en Verde Olivo y un epígrafe introductorio que contrastaba aquel hecho de alto valor humano en medio de la guerra, para salvar vidas, con el sabotaje perpetrado días antes por terroristas estimulados por las potencias imperialistas para desestabilizar esa nación, causando la muerte de civiles.

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UNA PRUEBA DE FUEGO

– Angola representó para mí un gran honor y una gran oportunidad en lo humano y lo profesional, que me hizo mejor en todos los sentidos, enseñó a crear de veras y buscar alternativas para cumplir mi trabajo en las más adversas condiciones y buscar siempre nuevos temas, ángulos y horizontes, afirma mientras deleitamos un humeante café que acostumbra a mezclar con chocolate.

– Fue una prueba de fuego en lo personal, pero a la vez el orgullo inmenso de compartir con los protagonistas de esa epopeya tan patriótica como solidaria, porque allí se estaba decidiendo también el honor de Cuba y reflejar su capacidad para poner en alto el nombre de la Patria y demostrar al mundo cuanto puede hacer una pequeña islita por la causa africana, la cual hizo suya y tras quince años de lucha, desafiando incluso el peligro de ser exterminados por las armas nucleares que poseían entonces los racistas sudafricanos, cambiar el panorama en la convulsa región, garantizar la independencia no solo de Angola, sino también de Zimbabwe y Namibia, la derrota definitiva del Apartheid, la liberación de Mandela, así como la paz y estabilidad de esa zona antaño conflictiva, lo cual demuestra que valió la pena el sacrificio realizado

– Fidel resume mejor lo que demostró la experiencia cubana en Angola, en una expresión que adquiere mayor vigencia en la coyuntura actual, cuando tenemos por delante cruciales y difíciles batallas: “Un pueblo capaz de esta proeza, ¡qué no haría si llegara el momento de defender su propia tierra!”, sentenció el Comandante, a lo que podemos agregar que ahora en el terreno de la economía libramos una batalla no menos heroica para salvar la Revolución para Cuba y la Humanidad.

– Y qué mayor fortuna para un combatiente internacionalista –precisa el periodista con entusiasmo que da más brillo y juventud a sus canas– que hoy seguir en pie de lucha junto a mi pueblo por el porvenir y honrar a los caídos todos los días.

 

 

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