La crítica de Raúl

Fue una crítica dura la de Raúl a la prensa, en el 8vo. Congreso del Partido: sin rodeos, de las que duelen en la vergüenza. Para asumir el señalamiento, es necesario reflexionar desde la inteligencia de todas las voces, y con la ética que tiene por raíz la fe martiana, esa que considera que la crítica es la salud de los pueblos.

En mi opinión, hay que  tener en cuenta la relación de la prensa con las complejas realidades de nuestro tiempo, los periodistas y el papel del Partido en la necesidad de una crítica audaz, comprometida y revolucionaria.

Cuba vive un contexto de guerra económica y cultural sin la presencia física de Fidel, cuyo ejemplo y carisma llegó a convertirse en un mito político  capaz de reproducir consensos en todas las dimensiones de la subjetividad popular.

¿Cuáles, entre tantos, son los desafíos ante el nuevo escenario? Los adversarios de la Revolución tratan de romper en el plano ideológico y  emocional todo vínculo de los jóvenes con su pasado histórico. Hay un desmontaje del ideario socialista desde el universo simbólico hasta considerarlo una salida que ya no se ajusta al futuro posible, sembrando la idea de que el capitalismo es la panacea a nuestras dificultades.

Los  nuevos líderes de la Revolución, al no contar con la leyenda de la Sierra Maestra como experiencia de sacrificio, son objeto de ataques para generar desconfianza. Tales ataques van desde la burla, la mentira, hasta considerar que traicionan el legado revolucionario.

Hoy, las nuevas formas de propiedad, generan diversidad de cosmovisiones que hay que tener en cuenta para armar la unidad desde un mayor servicio de participación ciudadana.

Las nuevas tecnologías remueven la centralidad de los discursos: es preciso ir a la redes y sacar del maremágnum de emociones, narrativas, opiniones, todo lo que pueda ser útil para analizar las fallas y multiplicar el discurso inclusivo del Socialismo.

Si la prensa es triunfalista, estridente y superficial, es preciso hablar de la derrota, de nuestros errores y sombras. Sin perder el equilibrio para no caer en los extremos que distorsionan la verdad. Lo que no discutimos en la agenda pública, es donado en bandeja de plata a los que atacan con malas intenciones, dándole la ventaja de ganar credibilidad a costa de nuestro silencio.

El Partido, en su carácter de fuerza rectora, tiene la tarea de despojar, todo lo que obstaculice el lugar de la crítica. No dar espacio a la censura innecesaria ni a la autocensura condicionada por prejuicios. El asunto se vuelve problemático, cuando un funcionario a cualquier instancia, asume una zona de confort para no buscarse problemas. El único compromiso es con la verdad y con el pueblo.

La prensa tiene que defender la verdad de un país, con sus llagas y sus aciertos luminosos, hacerlo con los códigos de la belleza, sin agotar a los otros con repeticiones altisonantes donde falte el corazón y la cubanía que nos alza como una fiesta.

La respuesta a la crítica de Raúl no puede ser el silencio, ni mantener el modelo que reproduce la falta de audacia o los viejos formalismos. El pueblo cubano es alegre y creador. La prensa no puede estar por debajo de tanto testimonio de valor humano y revolucionario. Salvar la verdad, por dura que sea, es defendernos con la crítica que mantenga vivo el poderoso acto de pensar.

(*) Profesor universitario y colaborador

Isla de la Juventud Opinión

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