La contaminación acústica

ruido-208x2.jpgEl Día Internacional de la Descontaminación Acústica se celebra cada 12 de junio como una forma de tomar conciencia de la amenaza del ruido, elemento al parecer tan común sobre la salud de las personas, y adoptar acciones para disminuir ese fenómeno de la modernidad.

 

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Por José Antonio Quiñones Chirino (*)

El Día Internacional de la Descontaminación Acústica se celebra cada 12 de junio como una forma de tomar conciencia de la amenaza del ruido, elemento al parecer tan común sobre la salud de las personas, y adoptar acciones para disminuir ese fenómeno de la modernidad.

Diversos son los problemas suscitados en este entorno, entre los cuales están desde la contaminación atmosférica, del agua, los suelos y la acumulación de desechos, hasta la de tipo sónica y por desastres naturales.

La sociedad cubana, aun cuando no alcanza los grandes niveles poblacionales de otras naciones, no queda exenta de afrontar las consecuencias de ese impacto sonoro por encima de los niveles permisibles en calles y barriadas, con la consiguiente afectación a las personas, como pérdida de la audición, la modificación del ritmo cardiaco y del sistema periférico y efectos sicológicos, como trastornos del sueño, la conducta, la memoria, la atención, el embarazo y desarrollo de estrés.

Una de las fundamentales disyuntivas de la vida urbana lo constituye el constante ruido. Hoy es una urgencia saber convivir con los adelantos tecnológicos y, a la vez, mantener un debido respeto hacia aquellos con quienes convivimos o compartimos parte importante del día.

El derecho al silencio, expresión empleada en sentido metafórico, y uno de los más vulnerados en la actualidad, encuentra su base en el derecho ambiental y requiere ser asociado con otros con sólido respaldo constitucional.

La contaminación acústica está considerada entre las principales causas de problemas en la vecindad de cualquier ciudad y causante de conflictos. El sonido pasa a considerarse como ruido cuando resulta molesto, lo cual depende de su intensidad. La unidad utilizada para medirla se denomina decibeles, cuyo símbolo es dB. La voz media, por ejemplo, tiene 55 dB.

Es por ello que el ruido es considerado un sonido que, por sus vibraciones, impide la comunicación oral y la correcta audición, y daña el órgano auditivo.

La Ley Marco en materia ambiental en Cuba, Ley número 81 (de 1997), “Ley de Medio Ambiente”, dispone en su artículo 147: “Queda prohibido emitir, verter o descargar sustancias o disponer desechos, producir sonidos, ruidos, olores, vibraciones y otros factores físicos que afecten o puedan afectar a la salud humana o dañar la calidad de vida de la población.

Las personas naturales o jurídicas que infrinjan la prohibición establecida en el párrafo anterior, serán responsables a tenor de lo dispuesto en la legislación vigente.”

Los límites aceptables para el ruido son 65 decibeles durante el día y 55 en la noche y la capacidad auditiva empieza a deteriorarse a partir de los 75 decibeles. Si se superan los 85 de forma habitual, puede originarse la sordera sensorineural progresiva, es decir, falta de excitación en las neuronas.

Para la Organización Mundial de la Salud los ruidos generados de manera sostenida traen como consecuencia en el individuo daños al sistema auditivo, patrones de inadaptación psicofisiológica con repercusiones neurosensoriales, endocrinas, vasculares y digestivas. De igual manera causan trastornos en el equilibrio, sensación de malestar y fatiga psicofisiológica capaz de alterar el rendimiento y la atención.

Desde el punto de vista social las excesivas emisiones sonoras generan igualmente interferencia con la comunicación y ocasionan conflictos entre sujetos, ya sean en la vecindad, el ámbito laboral o los servicios públicos.

Diversos son los problemas que reiteradamente requieren la intervención judicial o administrativa originados por la emisión de ruido por parte de personas, tanto naturales como jurídicas, por eso las responsabilidades estatales y ciudadana deben combinarse de forma razonable.

En Cuba están delimitadas las obligaciones de organismos e instituciones encargados del control de los temas medioambientales y dentro de ello la contaminación sónica. Ellos son los ministerios de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y el de Salud Pública, así como la PNR.

Mas, la descontaminación acústica no debe ser tarea exclusiva del Estado, aun cuando le corresponde el control y aplicar sanciones a los violadores. Al empeño debe sumarse toda la sociedad que, por demás, tiene mejores condiciones que cualquier lugar del mundo, a partir de las variadas organizaciones de masas y sociales propiciadoras de la participación ciudadana, junto a un sistema educacional armonizado.

(*) Profesor de Derecho de la Universidad Jesús Montané Oropesa

 

 

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