La cara oculta de la Luna: Catorce años después

Telenovela La cara oculta de la Luna.

Los cinco episodios de  la obra tienen un denominador común: el VIH. Su guionista fue Freddy Domínguez, que murió un tiempo después y entonces me dijo: “Un tema como el VIH/SIDA -dice- requiere de mucha responsabilidad y de investigaciones múltiples y profundas, por eso cuando me enfrenté a la novela no solo consulté a especialistas de instituciones como el CENESEX, el Centro Nacional y también el Territorial de Lucha contra las ITS/VIH/SIDA, sino que me vi precisado a sostener intercambios amplios y abiertos con personas que están viviendo con el VIH, así como con jóvenes, adolescentes, mujeres y hombres de diferentes edades y que asumen conductas sexuales de riesgo, en la mayoría de los casos de manera irresponsable.

Por eso puedo afirmar que hay mucho de real en la serie, pero nunca tanto como en la vida cotidiana porque nosotros apenas recreamos la realidad, la maquillamos y embellecemos un poco para que sea capaz de llevar los mensajes que pretendemos transmitir”

Dirigida por Rafael Gonzalez, Virgen Tabares y Roberto Puldón,  afirmé: “Por la premura con la que se filma, concebida como una serie de guion y actuación, La cara… se resiente con una floja puesta en escena, una fotografía que no ayuda y pobres aportes de la banda sonora, entre otros señalamientos que la califican como un producto audiovisual viejo, en comparación con lo bueno producido en otros países y en Cuba. Sin embargo, la dimensión social y ética que ha alcanzado obliga a detenerse en las reacciones de los televidentes”

Ya tengo la primera opinión de una amiga “¿Viste esa niña anoche restregándose con ese muchacho?. ¡A esa hora, cuando los menores ven la televisión”. Iguales criticas recibió en el 2006, y entonces no había ni antenas, ni internet “a pululu” para que los niños vean escenas de esas y mas fuertes a cualquier hora en su celular.

Entonces como ahora me pregunto ¿Para que está la familia? ¿Acaso los padres, abuelos y tíos no le pueden explicar a sus adolescentes las consecuencias de “descargar”?. Pienso  que la retransmisión de La cara… hoy puede darles a los padres un  ejemplo para que sus hijos entiendan  lo importante de tener relaciones sexuales responsables.

Con 112 capítulos de cuarenta minutos de duración, la segunda historia es bien polémica aun: la bisexualidad.  Estoy segura que habrá su revuelo. Y aplaudo su reposición porque no hay aun telenovela terminada,  el bicharraco (digo, el Sarv Co2) lo impidió.

De las encuestas que realicé  catorce años atrás , inserto aquí algunas respuestas. Primero la de tres personas fallecidas y que fueron (y son) influyentes en el audiovisual:

“Con La cara oculta… vuelve a rondarnos un viejo dilema. ¿Qué resulta preferible: que sigan “ocultos” ciertos temas, o que se traten, aunque se traten mal? Al menos yo no tengo la respuesta demasiado clara. Sí consigo darme cuenta de que esta telenovela pretende la comprensión del enfermo pero termina siendo excluyente y estigmatizadora del diferente. Por un error fundamental: los entornos dramáticos, los atributos y las funciones que se le crearon a los personajes-enfermos los vectorizan como seres negativos, perdedores, desestabilizadores, como agentes agresivos o amenazas satánicas. Ya ni siquiera es la postura de la conmiseración, sino la actitud subconsciente del que excluye y penaliza al diferente.

El gay de la segunda historia es una especie de diablo que, a más de tener SIDA y devenir pura caricatura, desestabiliza y frustra la armonía heterosexual de la pareja-tipo y la familia. La telenovela parece decir: no seas gay, o no sucumbas ante el ‘encanto lateral’ de los gays, y no te verás envuelto en problemas. El chico de la primera historia, el que transmitía la enfermedad a la protagonista, era díscolo, irresponsable, ladronzuelo, irreconocía la autoridad. El camino que lleva hasta ahora La cara oculta… es un sendero de perdición: ‘la satanización del Otro’. Se lamenta también el desnivel entre la filiación temática, que mira al serial, y el tratamiento, que privilegia lo peor de la telenovela: desborde de sensiblería, regodeo melodramático carente de sentido, golpes bajos para resolver las situaciones emocionales delicadas, etc. A ello se agrega la falta de rigor de la puesta en escena, de la cual lo más visible resulta la irregularidad de las interpretaciones. Yo destacaría la graciosa distancia irónica con que los actores que hacen los gays quieren dejar claro que, cuidado, ellos no lo son. Lo que evidencia que, intentando frecuentar el desprejuicio, hay acá un prejuicio en cada esquina.  Una de las causas del desvarío reside quizá en la selección equivocada del staff. Cierto que la televisión, más que una industria, es una maquinaria de moler carne, y la premura del aire puede justificar muchas decisiones. Pero un proyecto así, requerido de sutilezas conceptuales por todos lados, no debió encargarse sólo al oficio y la prontitud de las respuestas de producción. El resultado no puede ser otro: más polémica por mala que por sus temas”.  Rufo Caballero,  crítico e investigador.

“Si la telenovela producida por Televisión Cubana sirviera para llevar al seno de la familia cubana —ya sabemos que todos somos ‘noveleros’— las discusiones en torno a los problemas más urgentes de nuestra sociedad, ya habría razones más que suficientes para aplaudirla todos: especialistas, críticos, funcionarios y público. El poder comunicativo de un género que llega a ser en otros países algo tan inocuo, convertido en herramienta de provocación social, podría ser un verdadero logro del audiovisual cubano. Ya Rudy Mora lo había logrado y, más allá de las quejas de los puritanos que milagrosamente sobreviven a los avatares del período especial (así, sin mayúsculas), y de las novedosas formas narrativas empleadas, demostró su poder de impacto en la opinión pública nacional.

“La cara oculta de nuestra sociedad empieza a ser revelada, ha sido puesta en sobremesa, guste a quien guste y pese a quien pese —como una terapia de choque— y eso merece una medalla de oro para la TV, la Redacción de Programas Dramáticos y sus realizadores. Como dice el viejo refrán ‘no hay peor ciego que quien no quiere ver’, y por diversas razones estamos rodeados de ciegos que se niegan a ser atendidos en la operación milagro. Hay muchos que prefieren ignorar lo que sucede en su entorno, antes que asumirlo y defender lo salvable que hay en él. Si no asumimos los problemas, los problemas nos devorarán, como el cáncer que no se descubre a tiempo.

“Hay un enorme porcentaje de cubanos jugando el séptimo sello con el VIH; hay una juventud que asume irresponsablemente las relaciones sexuales a temprana edad; hay un por ciento galopante de hombres jóvenes que hacen carrera de gimnasio para ejercerla en la prostitución masculina, sin distinción de edad, sexo, raza, filiación política ni nacionalidad: eso que suavemente se llama HSH.

“La novela no es perfecta, podríamos criticar un guión a veces lento, y hasta didáctico en exceso, podríamos criticar no haber profundizado mucho más en el tema gay, podríamos señalar las manchas negras del Sol, pero prefiero dejarme deslumbrar con su luz. Critico, eso si, la insensatez de retransmitirla en el horario diurno de fin de semana atendiendo a ‘las numerosas cartas recibidas’ porque sobre las solicitudes de televidentes irresponsables, debe estar el rigor profesional de quienes manejan un medio de difusión comprometido, en primer lugar, con las futuras generaciones de cubanos, con los niños y niñas que no están maduros para traer a sus mentes el tema del sexo, el condón o la homosexualidad.

“Que venga otra novela, mejor que esta, que nos lleve a reflexionar públicamente en el tema del matrimonio con extranjeros por conveniencia, de la obsesión migratoria de algunos jóvenes, de la prostitución de ambos sexos, de la corrupción, de la doble moral, de las consecuencias de la familia dividida, de las adicciones, de la falta de motivaciones de muchos. Bienvenida la cara revelada de la luna, y hagamos cruces con los dedos para alejar de nuestras pantallas, para siempre, las infelices historias vacías sin ubicación de tiempo ni espacio, los bocadillos de amor millones de veces escuchados y las frivolidades a destiempo del mundo sórdido de una salida de noche”. Vicente González Castro, realizador e investigador.

“Si, veo La cara oculta…, y la veo sobre todo porque no me aburre. Comprendo que el tema es polémico, pero también lo es el racismo, y contra todos esos prejuicios tenemos el deber de luchar. El tema del homosexualismo, lo mismo en hombres que en mujeres, ya se ha tratado en varias de nuestras novelas, pero es la primera vez que asume el rol protagónico, y esto es algo muy importante en cuanto a romper tabúes.  La subtrama de los amores de la mujer adulta con el jovencito también está muy bien lograda, y ambas se entrelazan perfectamente, porque por encima de estos dos conflictos hay un tema principal, que es el machismo, causante de grandes males sociales, con VIH o sin él.  Maité Vera, dramaturga y guionista.

Y también opinaron entonces: “Te confieso que no soy un asiduo espectador de telenovelas, a pesar de ello opino que es un medio muy eficaz para trasmitir ideas. Sucede, en mi caso, que en muchas de ellas veo fórmulas demasiado manidas y escasez de ideas para trasmitir. En ocasiones me siento frente al televisor a divertirme contándole a los demás lo que va a suceder, lo mismo que hago con muchas películas hollywoodenses. La novela La cara oculta de la luna sin embargo ha provocado mi interés.

No voy a comentarte de lo que creo son sus defectos, que los tiene, sino de sus virtudes. Primero el tema que aborda como eje central: el SIDA. Lo considero oportuno, atrevido y necesario. Mientras escribo estas líneas asisto al desenlace de la historia de Yassel. Vi fragmentos de la primera historia y percibí que movilizó a las personas, y eso es muy importante pues todo el mundo ve este problema del SIDA como un asunto ajeno. En la segunda  se aborda el tema de la bisexualidad, una arista ineludible cuando se va a hablar de esa enfermedad. En una sociedad bien machista como la nuestra esto tiene que generar polémica, más cuando este tema a mi juicio está presentado sin caricaturizarlo, y cuando se nos presenta a un típico “macho” con un conflicto homosexual.

Como psiquiatra te digo que, a mi juicio, el aspecto afectivo y la connotación social de los conflictos que se han presentado están apoyados en información seria, y es evidente que los realizadores han tenido, no solo el interés, sino también la oportunidad de encontrar un asesoramiento válido para estructurar las historias; lo que he visto hasta ahora me deja el sabor a verdad. Los conflictos están despojados de falsedades y las situaciones se nos tornan crudas como suele ser la realidad en estos casos. Ojalá la televisión cubana siga por este camino y nos regale más telenovelas de esta clase que no se escuden en superficialidades, que se acerquen cada vez más a los conflictos de nuestra realidad actual y que hagan a la gente pensar”.  Arístides Hernández (Ares), psiquiatra y caricaturista.

“Obviamente, es muy positivo la manera de mostrar una cara oculta de la luna de la sociedad cubana que, entre otros beneficios, pone tabúes sobre la mesa que, ocultos, guardados en la hipocresía, la represión y los prejuicios, a la postre, se reproducen más. Respetar los derechos del otro es tan bueno como defender los de uno, los propios. Felicitaciones a nuestra televisión por ir a esa ‘cara oculta’ con excelentes actuaciones, buen guión e igual puesta televisiva. Félix Contreras, poeta y periodista.

Era necesaria una producción dramática de esta naturaleza, que se metiera a fondo en algunos problemas de nuestra contemporaneidad. Creo que el guión es muy cuidadoso en no herir susceptibilidades, incluso llega a ser pacato y peca de cierto afán de hacer evidente las lecciones preventivas. El punto flaco para mí está en la estructura dramática fragmentada, en la segmentación de las historias, que impiden que el cuerpo social sobre el que se recortan los conflictos quede restringidoPedro de la Hoz, crítico.

Me parece muy bueno que hayamos tratado, en un medio como la televisión y en un espacio de tanta aceptación como la telenovela, temáticas sobre las que conversamos en diferentes ámbitos, que forman parte de nuestra cotidianeidad, pero que están ausentes, poco tratadas, o vistas con mucho tabú en algunos de nuestros medios de difusión, o por lo menos en los grandes medios. Esta serie ha despertado muchas discrepancias, opiniones controvertidas: a favor y en contra, y en eso creo que radica uno de sus principales méritos.

Ha movido a la reflexión a muchísimas personas y también a la acción, de alguna manera. Queda todavía por ver, pero las actuaciones y el elenco son de primera. En lo personal, sabes que no soy de las que sólo tolera, sino que acepta, entiende y apoya a personas bisexuales, homosexuales, enfermas de SIDA o seropositivas. Así que no me molesta nada de lo que a muchas personas disgusta o preocupa. Es la única novela que veo de las que está transmitiendo actualmente nuestra televisión. Nos hacía falta quitarnos la venda y hablar con claridad de lo que forma parte de nuestra realidad y no por existir la hace menos linda, al contrario, la enriquece y la hace creíble. Diana Lio, pedagoga y periodista.

Pues sí veo La cara…, y la sigo con mucho interés por una suerte de dicotomía que, por una parte, me impele a verla, no tanto por el papel que correspondería jugar a los medios en la lucha contra el VIH sino, sobre todo, aplaudiendo el pretexto del guionista para poner sobre el tapete algunas aristas del comportamiento erótico sexual de los cubanos, sólo que yo pertenezco al bando de los que buscan recreación, por no decir entretenimiento, en ciertas propuestas de los MDM como las telenovelas y otros espacios dramatizados y, por ello, rechazo todo lo amargo y traumático que emana de La cara…, además de su pobreza dramatúrgica y técnico-artística, que es lo que más me molesta. Carmen Gonce, investigadora. 

No sigo mucho la novela, pero sí la veo de vez en cuando. Te puedo decir que la realización se me hace vieja, es decir, en sus movimientos de cámara, su fotografía. También la edición, que es lenta. Las luces están planas. En cuanto a los actores, creo que lo están haciendo bien, han logrado que sus personajes lleguen. Tal vez la historia que están haciendo a la gente le interesa y las personas siguen la novela.  La primera historia me pareció tonta, en el sentido de que a estas alturas ¿existen muchachas así? ¿Existen madres así?

Quizás en otro tiempo a lo mejor, pero ¿ahora? En cuanto a la segunda historia, la situación es más dura. Hoy por hoy, un romance es más rápido que un pestañar de ojos. Esa es mi modesta opinión, aunque independientemente de estos detalles, me gustaría mucho que hubiera más seriales así, porque a los jóvenes y a los menos jóvenes hay que darles historias de ese tipo. Y si se relacionan con la realidad en que viven, mucho más. Sabemos de la censura; después todo el mundo comenta: eso no así, es de esta forma. Hay que salir a la calle para conocer otras cosas de los jóvenes, como dice la novela La cara oculta…, pero hay muchas más caras para reflexionar…Ana Rabasa, directora de TV.

A mi juicio, el principal acierto de la serie es el enfoque del tema y el medio empleado para ello. En nuestros medios de comunicación “llueven” los mensajes sobre el SIDA y el sexo seguro, y como ocurre con casi todas las campañas  – lamentablemente-  llega un momento que se le “pierden” un poco al receptor. El lenguaje de la serie dramatizada y la telenovela ha sido utilizado siempre por guionistas inteligentes para llevar ciertos mensajes en forma concreta y, a la vez, que interesen al público. No en vano hubo recientemente todo un congreso para analizar el empleo de este género para ayudar a la educación social. Por eso saludo la iniciativa del ICRT de abordar el tema en esta forma. Las historias presentadas hasta el momento tienen pegada, le llegan al televidente porque reflejan su propia realidad o la de sus conocidos o allegados. Y lo que es más importante: cada cual puede sacar sus propias conclusiones.  No se trata de sermonear, sino de mostrar para alertar. Alicia Centelles, periodista.

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