La alimentación escolar, problema de todos

gloriaPor Gloria Morales Campanioni

Muchos elementos han afectado el funcionamiento de la economía cubana; hablo de la actual crisis global existente en el mundo, con sus respectivos cambios de precios de los productos en el mercado internacional, el alza de las tasas de interés, además del recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y otros.

 

gloriaPor Gloria Morales Campanioni

Muchos elementos han afectado el funcionamiento de la economía cubana; hablo de la actual crisis global existente en el mundo, con sus respectivos cambios de precios de los productos en el mercado internacional, el alza de las tasas de interés, además del recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y otros.

Este panorama obliga a rediseñar estrategias para hacerla eficiente y sostenible en busca de ese crecimiento del 3,4 por ciento del Producto Interno Bruto en el 2012 pronosticado por los parlamentarios al cierre del pasado año, donde analizaron también la posibilidad de ahorrarse unos 120 millones de dólares en importaciones de alimentos al incrementarse la producción de arroz, granos y leche.

En este sentido todos tenemos una cuota de responsabilidad en aras de revitalizar los campos pineros y meditar en que solo alcanzaremos un desarrollo agrícola a partir del autoabastecimiento, el cual se alcanzará con mayor productividad.

Resulta entonces vital elevar la cultura laboral en la población y en las instituciones educacionales, cumplir con el principio de vincular el estudio con el trabajo, a través de los huertos escolares y así fomentar en las nuevas generaciones conciencia de productores, preparándolas para su vida social, más si la esfera agrícola reclama de fuerza técnica calificada.

Ejemplos de lo anterior abundan en el sector educacional; sobresalen el círculo infantil Nadieska Kruskaya, los centros mixtos Antonio Briones Montoto y Fabián Fernández, las primarias Magali Montané y Conrado Benítez, donde bajo las premisas de José de la Luz y Caballero de vincular la enseñanza con la vida y la teoría con la práctica para enseñar a los niños a razonar, se prepara a los alumnos para convertir a la tierra en una aliada.

La familia bien puede influir; se puede reflexionar acerca de las condiciones objetivas en las cuales vive la nación y en particular el territorio en busca de crearles a nuestros hijos una amplia cultura alimenticia desde las primeras edades.

El aula es otro escenario fundamental a aprovechar; las diferentes asignaturas tienen suficiente contenido para intercambiar al respecto. Está el caso de Cívica en la Unidad Cuba es mi Patria, mi nación, donde se imparten las tradiciones culturales que obliga a investigar acerca de las comidas típicas cubanas y la importancia de incorporarle al organismo nutrientes para el desarrollo eficaz del ser humano.

Muchas variantes pudieran existir, confío en que los educadores sabrán sacarle provecho a cuantos escenarios haya para que sus estudiantes adquieran conciencia de la necesidad de producir como única alternativa para asegurar la alimentación del pueblo.

 

 

 

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