La abuelidad

Cuando alguien dice: “No tengo palabras para explicar…”, es porque se refiere a algo grande y así me respondieron varias personas al preguntarles qué significa abuelidad.

Este término hace referencia al hecho de ser abuelo, para denominar su relación con los nietos y efectos sicológicos del vínculo.

A veces se asocia con las acciones de malcriar, consentir, comprender, hacer entender, compartir juegos, narrar cuentos, trasmitir conocimientos y valores. En la actualidad esa función adquiere mayor importancia, teniendo en cuenta el acelerado proceso de envejecimiento poblacional en las últimas décadas.

Por diferentes razones a los niños les encanta estar con sus abuelos; a su lado encuentran un amigo, además escapan de los regaños y las obligaciones impuestas por mamá y papá.

El rol de este miembro de la familia es recibido con agrado por ser uno de los acontecimientos más significativos en la vida de muchos, en especial la de los nietos.

Hoy día, por cuestiones laborales en su mayoría, algunos padres requieren de la ayuda de otros agentes sociales para el cuidado de los pequeños. ¿Quién mejor que un abuelo para cumplir dicho papel?

Estos contribuyen a conformar la identidad personal y familiar de los menores, tarea nada fácil para ellos, pues han de modificar sus criterios y en ocasiones adaptarlos a la realidad en pos de trasmitir a sus nietos los mejores valores.

Ahora entiendo a mi abuela Sara cuando dijo: “Ser abuela es la oportunidad de rectificar los errores cometidos en la formación de nuestros propios hijos”.

En ocasiones, el grado de implicación entre ambos está condicionado por las actitudes y decisiones de los padres. Estos pueden facilitar o dificultar el ejercicio instructivo realizado por los mayores de la familia, cuyo rol es multidimensional.

Cada quien tiene un estilo diferente para ejercer su tarea, existen los formales –cuidan con frecuencia a sus nietos mostrando control y autoridad en ausencia de los padres–; están los buscadores de diversión –son más relajados y comparten su alegría en los momentos de ocio–, lo cual agrada a los infantes.

Por otra parte se encuentran los cuidadores –estilo más común en las sociedades–; y los vistos como reserva de sabiduría, pues conservan y ofrecen información de gran interés sobre la historia de la familia. También existe un grupo distanciado por diversas causas como: residir en otra localidad, malas relaciones interfamiliares y rechazo hacia los nietos.

Resulta de gran importancia mantener una estrecha relación entre abuelos, padres y nietos; incluso si viven lejos unos de otros hay formas para propiciar la cercanía: enviándose fotos, videos, escritos por correo postal o electrónico, programar visitas de vez en vez…

La abuelidad facilita la comunicación y el conocimiento mutuo, favorece la salud física y mental de estas personas, su participación e integración social, así como la superación de prejuicios y actitudes “viejistas” o distorsionadoras hacia la tercera edad.

Por otro lado, cabe destacar la reciprocidad de los beneficios aportados: uno ofrece la sabiduría adquirida durante años y el otro brinda una visión más actualizada de la sociedad. Juntos pueden eliminar antagonismos generacionales.

Según el Doctor en Ciencias Sicológicas José Francisco Sardiñas Montañez, presidente de la Sociedad Cubana de Sicología en la Isla de la Juventud, ser abuelo es el resumen de algo vivido; por eso es necesario sentir este placer, pasar tiempo e interactuar con los nietos, generar confianza, bienestar, complicidad, afecto, pues son un referente para la familia y la sociedad en general.

(*) Estudiante de Periodismo

Isla de la Juventud

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