ATARDECER DE JUVENTUD

Juntos se enfrentan al Alzheimer

Foto: : Melissa Mavis Villar De Bardet (*)

Llegaron a la Isla de la Juventud en los años 1975-1976 y viven en La Demajagua. En aquel momento no soñaban conocerse y hoy llevan 36 años juntos. Este matrimonio no tuvo hijos, pero él supo ser el padre de sus dos niñas.

Rosa Cala Rodríguez y Edilberto Rosabal Benítez, de 60 y 63 años de edad, respectivamente, proceden de Holguín y Santiago de Cuba. Ella vino con el padre de sus hijas y él llegó en un contingente de 62 oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far).

Edilberto Rosabal, más conocido por su primer apellido, entró a las Far después de pasar sus tres años de Servicio Militar en el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). “Tenía 20 años cuando nos propusieron venir para la Isla de la Juventud.

“Llegué con la brigada de Reserva del Ministro, dedicada a las labores agrícolas, donde trabajé 12 años en la construcción de escuelas, círculos infantiles y el hospital de Nueva Gerona. En 1987 fui ascendido al grado militar de Mayor y asumí como profesor de Preparación Táctica de cadetes extranjeros”.

Tuvo la oportunidad de ir a la entonces Unión Soviética, donde se preparó para asumir importantes responsabilidades. “Atendí durante tres años zonas de Defensa, incluyendo Cayo Largo del Sur y las formaciones especiales como la Marina, Defensa antiaérea e Ingeniería, siendo jefe de actividades de las Tropas en tiempo de paz. Mi último cargo lo ocupé ya civil, como jefe de batallones de Milicias de Tropas Territoriales y me jubilé a los 55 años”.

Cuenta haber traído luego a su familia para el territorio: “Mis parientes vinieron a visitarme, les gustó esto y se quedaron. Ellos no son mi única compañía, también tengo a mi esposa Rosita; la persona más allegada a mí”.

Esta holguinera entregada a su familia y “revolucionaria hasta los pelos de la cabeza”, asegura su esposo, trabajó 12 años como ceramista y 20 de maestra-dulcera en la panadería de La Demajagua, donde se retiró por peritaje médico, hace cinco años.

Quien ve a esta trabajadora incansable no imagina su lucha hace tres contra el Alzheimer. Esa enfermedad sorprendió a todos.

“Eso le comenzó de un día para otro. En ocasiones olvidaba algunas cosas, pero yo lo veía normal, luego las personas del barrio me pidieron observarla porque durante las conversaciones repetía lo mismo en cuestiones de segundos”, afirma Rosabal.

Él está convencido de la imposibilidad de recuperar a su compañera de siempre: “No veo ni espero mejoría; estoy agradecido de los médicos, quienes me dejaron claro lo difícil de su mejoría, pero sí la importancia de los tratamientos para evitar su deterioro”.

Tal vez Rosa ya no salga o trabaje como antes, pero se mantiene activa por el apoyo de su pareja. “La llevo al círculo de abuelos, paseamos juntos, compramos y atendemos a los animales…

“Para ayudarla me hice un horario; me levanto a las siete de la mañana, le doy sus pastillas y me tomo la mía, pues soy diabético. Le llevo el desayuno, preparo el baño, la visto porque si no se pone mal la ropa, y después organizo la casa”, comenta él.

Como madre y abuela, Rosa solo pregunta por sus hijos y nietos. Hablar por teléfono con ellos la anima. La televisión y los amigos…, ya no les agrada, se aburre y él no alcanza para entretenerla.

Rosabal extraña a la Rosa elegante y cariñosa de antes. Para él ha sido difícil ver cómo su mujer a veces no lo reconoce.

“Ella significa mucho en mi vida y cuando vuelva a preguntarme ‘¿Quién eres tú?’, estaré aquí a su lado, para seguirla amando”, confiesa con lágrimas en los ojos.

(*) Estudiante de Periodismo

Isla de la Juventud

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