Juan de Tirry y Lacy

Al siglo XIX le faltaban pocos años para culminar, cuando al rey español le interesó fundar nuevas villas en Cuba, para eso creó la famosa Comisión de Guantánamo presidida por el Conde de Mopox y Jaruco. Su tarea consistía en recorrer varios lugares de la ínsula y proponer después, si reunían las condiciones, levantar un poblado o villa. Eso trató de hacer con Isla de Pinos el capitán de fragata Juan de Tirry y Lacy.

Al siglo XIX le faltaban pocos años para culminar, cuando al rey español le interesó fundar nuevas villas en Cuba, para eso creó la famosa Comisión de Guantánamo presidida por el Conde de Mopox y Jaruco. Su tarea consistía en recorrer varios lugares de la ínsula y proponer después, si reunían las condiciones, levantar un poblado o villa. Eso trató de hacer con Isla de Pinos el capitán de fragata Juan de Tirry y Lacy.


Por eso, no caben dudas de que cada vez que se hable de la fundación de la colonia Reyna Amalia y el poblado de Nueva Gerona, es necesario hacerlo de la figura de aquel capitán de fragata.


Juan de Tirry y Lacy nació en 1760 en el Puerto de Santa María en España, hijo de los marqueses de La Cañada, Guillermo Tirry y Francisca Lacy; después de concluir el informe solicitado por el rey y prestar otros servicios muy importantes en 1802, fue ascendido a coronel y al mismo rango de sus padres, Marqués de La Cañada.

Ya adscripto al Cuerpo de Dragones de América, se hizo vecino de La Habana, donde en dos ocasiones lo nombraron Alcalde del Ayuntamiento y posteriormente gobernador de Matanzas.


En 1798, le había escrito a su rey que el 17 de septiembre del ’96 había sido destinado a Cuba bajo las órdenes del Conde de Mopox y Jaruco, jefe de la Comisión de Guantánamo, para que inspeccionara Isla de Pinos en la que comprobaría si sus pinos y resinas podían ser útiles para las naves de la Armada.

Por ese motivo el tres de febrero de 1797, como parte de la comitiva, arribó al puerto de Santiago de Cuba. Tan pronto tocaron tierra el Conde de Mopox le dio la orden de iniciar el encargo de la corona.


De inmediato consultó todo lo referido a Isla de Pinos. Leyó informes y otros documentos y como no pudo encontrar mapas elaboró uno. El 20 de octubre de 1797, partió del muelle de Batabanó para la pequeña ínsula en una goleta. Ya el 21 se encontraba en la tierra de los pinos.


No perdió tiempo, con un guía conocedor del litoral pinero lo bojeó por mar; después con otro experimentado lo hizo por el interior del territorio.

Con lo observado y visto, redactó un gran informe que daba cumplimiento a las solicitudes del monarca de su país.


Por eso hoy podemos contar con un documento capaz de informarnos cómo era Isla de Pinos en aquellos años, sobre todo la composición de su pueblo y la manera en que vivía.

 

 

 

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