José Manuel Llorca González, médico pinero

El tema de la salud suele ser recurrente cuando a historia se refiere, sobre todo la relacionada con las comunidades. Por eso he tratado de publicar cuanta información encuentro acerca del asunto, para que los viejos pineros la recuerden y las nuevas generaciones la aprendan.

El tema de la salud suele ser recurrente cuando a historia se refiere, sobre todo la relacionada con las comunidades. Por eso he tratado de publicar cuanta información encuentro acerca del asunto, para que los viejos pineros la recuerden y las nuevas generaciones la aprendan.

El 27 de noviembre y el cuatro de diciembre del pasado año, se publicaron dos trabajos con el título Galenos en la historia pinera, en los que hablaba de algunos médicos, que se destacaron por su labor en esta pequeña ínsula cubana, como fue el caso de Manuel Bayo García del Prado, primer galeno nacido en Isla de Pinos y que se graduó en la Universidad de La Habana el 23 de octubre de 1896; de él comentaré posteriormente.

Hoy hablaré del Dr. José Manuel Llorca González, otro médico graduado en la Universidad de La Habana, también nacido y criado en Isla de Pinos, pueblo al que dedicó toda su sabiduría ayudándolo a conservar la salud.

Él era hijo de dos familias muy populares en el territorio: los Llorca-González; por tal motivo, en su mayoría los que las conocieron, coinciden en resaltar su sencillez, constancia, espíritu de sacrificio e inteligencia.

Cuando era todavía un niño, trabajó en la farmacia del Doctor José F. Serra, donde tuvo que fregar pomos, limpiar, repartir mandados… durante más de diez horas al día, para poder ganar de seis a ocho pesos mensuales, con el fin de ahorrar lo necesario para partir hacia La Habana a estudiar la carrera de Medicina. Claro, también en la capital tuvo que trabajar duro en diferentes empleos, incluyendo un modesto trabajo en la Quinta Dependiente, poco tiempo antes de graduarse.

Al concluir sus estudios, regresó de inmediato a Isla de Pinos, lugar en el que se dedicó por entero a su profesión. En mayo de 1945 se inauguró el hospital René de La Vallete y fue José Manuel Llorca González uno de sus fundadores, hasta que pasó a dirigir el hospital del Reclusorio Nacional para Hombres, cuando se encontraba de jefe del penal el Doctor Juan Varela Álvarez, quien sólo se preocupaba por enriquecerse a costa de los presos, lo cual motivó indisciplinas entre reclusos, pues gran parte del día andaban sueltos dentro del cordón del penal, dando oportunidad para broncas, crímenes y fugas.

Con esas condiciones llegaron al Presidio Modelo, el Chino Prendes y Guarina, dos de los atracadores de un banco en La Habana, quienes de inmediato se dieron a la tarea de preparar una fuga. Para ese fin se valieron de otro recluso que tenía mucha experiencia en esos intentos. Fue así como el 12 de enero de 1949, se realizó la fantástica evasión que conoció toda Cuba y por la que los pineros una vez más, se manifestaron en contra de la presencia de la institución penitenciaria en Isla de Pinos.

Para ello los prófugos llegaron al lugar en el que Llorca parqueaba el carro, detrás de los talleres y la Planta Eléctrica y el sancionado Rolando Darias Rodríguez le daba mantenimiento. Allí, después de neutralizar a Darias, tomaron el auto del médico y partieron por la calle oeste del reclusorio hasta la posta No. 1, donde los escoltas les dieron paso, creyendo que era el galeno quien se retiraba.

Los acontecimientos de la famosa fuga, afectaron el ánimo y la salud del honesto director del hospital, quien enfermó de tal manera que falleció el 28 de noviembre de 1950, en la ciudad de Nueva Gerona. Sin lugar a dudas, José Manuel Llorca González, fue una personalidad muy querida por los pineros. Hoy, a pesar de los años transcurridos lo recuerdan con cariño. El 27 de noviembre y el cuatro de diciembre del pasado año, se publicaron dos trabajos con el título Galenos en la historia pinera, en los que hablaba de algunos médicos, que se destacaron por su labor en esta pequeña ínsula cubana, como fue el caso de Manuel Bayo García del Prado, primer galeno nacido en Isla de Pinos y que se graduó en la Universidad de La Habana el 23 de octubre de 1896; de él comentaré posteriormente. Hoy hablaré del Dr. José Manuel Llorca González, otro médico graduado en la Universidad de La Habana, también nacido y criado en Isla de Pinos, pueblo al que dedicó toda su sabiduría ayudándolo a conservar la salud. Él era hijo de dos familias muy populares en el territorio: los Llorca-González; por tal motivo, en su mayoría los que las conocieron, coinciden en resaltar su sencillez, constancia, espíritu de sacrificio e inteligencia. Cuando era todavía un niño, trabajó en la farmacia del Doctor José F. Serra, donde tuvo que fregar pomos, limpiar, repartir mandados… durante más de diez horas al día, para poder ganar de seis a ocho pesos mensuales, con el fin de ahorrar lo necesario para partir hacia La Habana a estudiar la carrera de Medicina. Claro, también en la capital tuvo que trabajar duro en diferentes empleos, incluyendo un modesto trabajo en la Quinta Dependiente, poco tiempo antes de graduarse. Al concluir sus estudios, regresó de inmediato a Isla de Pinos, lugar en el que se dedicó por entero a su profesión. En mayo de 1945 se inauguró el hospital René de La Vallete y fue José Manuel Llorca González uno de sus fundadores, hasta que pasó a dirigir el hospital del Reclusorio Nacional para Hombres, cuando se encontraba de jefe del penal el Doctor Juan Varela Álvarez, quien sólo se preocupaba por enriquecerse a costa de los presos, lo cual motivó indisciplinas entre reclusos, pues gran parte del día andaban sueltos dentro del cordón del penal, dando oportunidad para broncas, crímenes y fugas. Con esas condiciones llegaron al Presidio Modelo, el Chino Prendes y Guarina, dos de los atracadores de un banco en La Habana, quienes de inmediato se dieron a la tarea de preparar una fuga. Para ese fin se valieron de otro recluso que tenía mucha experiencia en esos intentos. Fue así como el 12 de enero de 1949, se realizó la fantástica evasión que conoció toda Cuba y por la que los pineros una vez más, se manifestaron en contra de la presencia de la institución penitenciaria en Isla de Pinos. Para ello los prófugos llegaron al lugar en el que Llorca parqueaba el carro, detrás de los talleres y la Planta Eléctrica y el sancionado Rolando Darias Rodríguez le daba mantenimiento. Allí, después de neutralizar a Darias, tomaron el auto del médico y partieron por la calle oeste del reclusorio hasta la posta No. 1, donde los escoltas les dieron paso, creyendo que era el galeno quien se retiraba. Los acontecimientos de la famosa fuga, afectaron el ánimo y la salud del honesto director del hospital, quien enfermó de tal manera que falleció el 28 de noviembre de 1950, en la ciudad de Nueva Gerona. Sin lugar a dudas, José Manuel Llorca González, fue una personalidad muy querida por los pineros. Hoy, a pesar de los años transcurridos lo recuerdan con cariño.

 

 

 

 

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