¡Síguelo, paséalo y entrégalo!

casino-reportaje¿Por qué bailar casino no está entre las preferencias de un segmento juvenil? ¿Acaso perdió esa popularidad en el público que lo ubicaba como parte del patrimonio cultural cubano?

 

Ciertas relaciones de poder inciden en el desinterés de algunos adolescentes por el baile del casino, dejándolos subordinados a “consumir” estereotipos musicales de moda

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Foto: Gerardo Mayet Cruz

¿Por qué bailar casino no está entre las preferencias de un segmento juvenil? ¿Acaso perdió esa popularidad en el público que lo ubicaba como parte del patrimonio cultural cubano?

Tras estas interrogantes fuimos por diferentes plazas del territorio donde observamos, en su mayoría, cómo de forma desenfadada varios adolescentes coreaban una y otra vez estribillos, cuya letra los incitaban a moverse al estilo “perreo”, llamado así al ondular reiteradamente el cuerpo hacia abajo y arriba.

Pero este momento de éxtasis se interrumpió cuando el sonidista invitó a “casinear”, opción rechazada por el grupo porque sus pies ni atrás ni alante cogían el paso del baile más popular de Cuba, representativo de la identidad de nuestra música e impulsado por figuras reconocidas como el maestro Adalberto Álvarez.

DESENREDANDO PASILLOS

Unos consideran complejos sus pasillos; otros argumentan que necesitan de una pareja, liderada casi siempre por el hombre, y sin perder el paso básico, combinan el ritmo con otros movimientos de las piernas e improvisan vueltas rápidas y continuas.

También realiza paradas momentáneas y cambia, en el caso de las ruedas, a la voz de: castígala, vacílala, al piso como Pablito, yogurt con tapa, croqueta, Alicia Alonso, síguela, paséala, entrégala…, términos que le imprimen una típica cubanía a este evento sociocultural, surgido en la década del ’50 y con influencia en el desarrollo, creatividad y diversidad de nuestra música bailable.

Floreció en 1956 como costumbre de las sociedades de recreo, los clubes, casinos o salones en los cuales actuaban agrupaciones famosas de la época.

De 1960 a 1980 alcanzó un mayor auge estilístico y coreográfico, se mantuvieron algunos diseños corporales y adicionaron otros: el saludo ritual de los santeros, el toque de la pelvis o simples movimientos de carácter erótico; sus antecedentes pueden encontrarse en la contradanza francesa.

SU ANTAGÓNICO: EL REGUETÓN

La música para los jóvenes, al igual que el deporte, se ha convertido en un transmisor de valores, con una poderosa influencia sobre ellos, quienes se ven a menudo identificados, en las canciones de moda.

El reguetón, esa mezcla de rap en español puertorriqueño, hip hop norteamericano y reggae jamaiquino, ha ganado un espacio importante dentro del movimiento musical cubano y tiene un papel protagónico en este sentido, al crear estereotipos que estimulan un nuevo estilo de vestir, bailar e incluso hablar, convirtiéndolo en el principal antagónico del casino.

Se apoya en la rima, lo cual lo hace pegadizo y fácil de entonar; muchas de sus letras incitan a la violencia, enmarcan en sus videoclips a las mujeres como objetos sexuales o dibujan la vida sin obstáculos a vencer.

DANZANDO SOBRE OTRAS CAUSAS

A Dayana Coss Delgado y Luis Giraldo Acosta Pereira, instructores de arte graduados en la especialidad de Danza, los encontramos en la Casa de Cultura de Nueva Gerona en medio de los ensayos previos al evento de ruedas de casinos, organizado para el 28 de julio y el primero de agosto, en los consejos populares y a nivel municipal, respectivamente.

“No se le ha prestado la atención necesaria por parte de los instructores, quienes desde su teatro de operaciones: la escuela, de conjunto con los factores de la comunidad, deben enseñar cómo bailarlo e intercambiar de su surgimiento y demás particularidades para atraer a los interesados en él”, destacó Dayana.

Mientras su colega Luis Giraldo subraya vital no solo llevarlo a la danza en los talleres de Apreciación y Creación sino hacer juegos sobre la base de sus pasos básicos; a veces no ponemos el ojo en los estudiantes “zurdos” para moldearlos y formar buenos casineros.

“Como parte de la superación técnica metodológica de esta fuerza artística, en la Casa de Cultura dedicamos una jornada a los bailes populares tradicionales y no siempre viene la mayoría de los integrantes de la Brigada José Martí (BJM)”, recalcó Coss Delgado.

Así es imposible hablar de “asaltar” las plazas escolares con buena música cubana si los promotores de esta encomienda no muestran motivación, problemática del conocimiento de la Coordinadora Municipal de la BJM, Yunia Figueroa Macías, quien reconoce la responsabilidad de los brigadistas en despertar el gusto por nuestro baile clásico, “debido a falta de organización y control por parte del equipo metodológico y de nosotros”.

En aras de revertir esa realidad lo incluyeron dentro de la temática de los cursos cortos a impartir en el verano.

Iraida Aldama Martínez, directora de la Casa de Cultura de Nueva Gerona, admite cuánto pudieran hacer para alcanzar un boom similar al del 2009 cuando se lograron aglutinar 50 ruedas en saludo al medio siglo del triunfo de la Revolución, auge que vuelve por estos días porque se intencionó.

“Es cierto, aclara la directiva, nos ha faltado exigencia para que los instructores refuercen el aprendizaje de nuestra cultura nacional; si queremos llevarle la delantera al reguetón involucremos a la familia, la escuela y la comunidad y los resultados vendrán solos, aunque no será una batalla fácil porque ya ese ritmo es un himno en los diferentes escenarios.

“Pero no puede quedarse ahí la labor, también deben integrarse los medios de comunicación en busca de difundir nuestras raíces; contamos con el personal humano y bajo el protagonismo de los jóvenes, nos proponemos hacer de la Isla una plaza del casino”, finaliza.

BAILA LO QUE YO PONGO

El hecho de que muchos apenas sepan mover sus pies también encuentra sus argumentos en esos personajes llamados sonidistas, quienes, en algunos casos, se creen dueños y señores para “obligar” a “consumir” el género musical de su preferencia.

Con esta actitud establecen relaciones de poder con el público dejándolos subordinados a escuchar o bailar, tal vez, una armonía no de su agrado.

Según refiere la Teoría de la Estructuración del sociólogo británico Anthony Giddens, se ejerce poder cuando se decide sobre la vida del otro con hechos que obligan, prohíben o impiden; quien lo practica, domina, enjuicia, sentencia y perdona.

Wilfredo Rodríguez Rivero, conocido por Willy, pertenece a la dirección de Cultura; desde 1998 labora en este quehacer y coincide en que gran parte de esta problemática recae en los hombros de estos profesionales; al rendirse ante la fama del reguetón muchos violan la metodología del espectáculo de comenzar bien arriba con lo más pegado, luego combinar ritmos y cerrar en alto.

“Existen sonidistas particulares que solo ponen reguetón y si les pides salsa se ponen bravos”, expresó Rodríguez Rivero.

Luis Palacio Basto, 39 años como especialista de sonido: “Deben crearse espacios para bailarlo hasta en las actividades infantiles, los niños nos exigen ponerles Yakarta, el Chocolate, Osmani García, William el Magnífico…”

Enrique García Soto, con siete lustros en dicha labor: “Perdemos cuando obligamos a oír una música en lugar de ofrecer variedad para los diferentes grupos atáreos. Pudieran organizarse los días de la semana: la noche del danzón, del bolero, del reguetón, del casino, la timba…”

Yenier Blanco Ferrer, del sonido del Centro Municipal de la Música (CMM): “Donde mejor ponemos hasta tres números de casino seguido es en La Fe y Mella”.

Eduardo Ferrer García, también del CMM: “Todo pasa por la habilidad de estudiar bien al público, en la misma Mecánica ya son más los adeptos al género del Caballero del Son”.

BAILEMOS TODOS

Aún hay tiempo para devolverle al casino su reverencia e inundar las plazas con este carismático y espontáneo baile que obedece a reglas y marca tiempos; representa además al cubano de pueblo, es símbolo de alegría, masculinidad, cortesía, seducción y arte, manifestado en esa extraña erótica corpórea, poetizada en la sensibilidad y el ritmo.

Resulta esencial desterrar falsos conceptos que hoy inciden en el desinterés de algunos jóvenes, en particular en estudiantes de secundaria básica. Me refiero a ver el casino como una expresión de los llamados “repas”, nombre de una de las tribus urbanas que clasifica a quienes se inclinan por la música popular cubana, la salsa y el reguetón.

Además usan ropa con mucho brillo, gorras de lado, pañuelos en la cabeza y en el cuello, e incluso bailan casino y otros elementos distintivos.

Esto ha provocado que muchos jóvenes sean seducidos por el reguetón, género de donde beben para construir sus imaginarios a partir de lo banal, de la chabacanería y la ausencia de valores.

Ante este panorama solo nos queda lanzar un S.O.S que debe ser descodificado por todos los implicados en mantener nuestra memoria histórica, el casino también es identidad, cultura e idiosincrasia y como tal debe mirarse.

“La política musical del país está establecida”, me indicó Pedro Fariñas Grondona, subdirector técnico artístico del CMM, pero al parecer la desconocen productores, realizadores, administradores, sonidistas y cuantas personas hoy tengan una cuota de responsabilidad en que en los lugares públicos reine este baile.

Para ello constituye efectivo apelar más al contrato establecido con los sonidistas, en dependencia de la caracterización del lugar, quienes están obligados a dejar su dominio y cumplir con las letras de este instrumento jurídico, en cuyas cláusulas debe aparecer el compromiso de velar por un correcto balance musical por el bien de la cultura cubana.

 

 

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