Insigne mártir obrero

El General de las Cañas, como lo llama el poeta Guillén, proclama que los cubanos no aceptarán nunca la humillación y muere con solo 36 años el 22 de enero de 1948 por disparos traicioneros ordenados por magnates yanquis
Foto: Archivo

Hijo y nieto de mambises, campesino, hermano de nueve varones y una hembra, Jesús Menéndez Larrondo al morir la madre tiene que trabajar para contribuir al sustento de la numerosa familia.

Nace el 14 de diciembre de 1911, en Encrucijada, antigua provincia Las Villas, sufre discriminación por su tez negra, corta caña y en el “tiempo muerto” labora en las escogidas de tabaco.

Con 16 años consigue una plaza de retranquero de trenes de caña y luego de purgador de azúcar en el central Constancia, donde lo eligen secretario general del sindicato; dos veces está tras los barrotes de frías celdas por su actividad revolucionaria.

Por ser un prestigioso dirigente proletario y comunista, en dos ocasiones –en distintos momentos–, dada la voluntad popular asciende a la Cámara de Representantes, no con el fin de enriquecerse, sino para reivindicar los intereses de la clase obrera, despertar su conciencia y darle una estructura vertical de dirección; además, acompañar su gestión con el gesto altruista de donar su sueldo al Partido y ayudar así a la recaudación de fondos de la organización.

No pasa del cuarto grado, pero alcanza el doctorado en la batalla contra la oligarquía dominante, servil y entreguista que tolera la aprobación en el Congreso estadounidense de una ley transgresora de la cuota azucarera. Ese proceder del enemigo extranjero representa una afrenta a la dignidad de la Patria y a la economía.

El General de las Cañas, como lo llama su amigo Nicolás Guillén, proclama que los cubanos no aceptarán nunca tal humillación y llama a unir al pueblo contra aquella embestida.

Las más significativas conquistas del líder sindical y político son: el  Diferencial Azucarero, inclusión de los obreros del gremio en los beneficios del descanso retribuido (vacaciones pagadas), la creación de la “caja de retiro” y de asistencia social, junto a la cláusula de garantía, beneficiosas para la economía cubana y el ingreso familiar de los trabajadores. También consigue el pago de horas extras, la elevación del salario a los azucareros y sus mujeres tienen acceso a la maternidad obrera, unido a la higienización de los bateyes y otras concesiones trascendentes.

Por esos logros, los yanquis mandan al verdugo capitán Joaquín  Casillas Lumpuy a detener a Menéndez Larrondo, quien rechaza la orden por ilegal, dándole la espalda. Lleno de ira, el militar viola la inmunidad parlamentaria y le dispara traicioneramente, dándole muerte con solo 36 años al entrañable líder, aquel 22 de enero de 1948.

Su obra imperecedera está vigente y se le recuerda ahora más que nunca, cuando los yanquis recrudecen el hostil bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba; por ello, recordamos al Parlamentario del Azúcar como el hombre de origen humilde que enfrentó con una coraza de hierro al enemigo opresor por el bien de la industria azucarera y sus trabajadores cruelmente explotados. Hoy los obreros del ramo, con plenos derechos laborales y ciudadanos otorgados por la Revolución, se emplean a fondo para garantizar la producción de azúcar y sus derivados destinados al consumo nacional y a la exportación.

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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