Inflamación y daño en los órganos vitales: Riesgos para las personas con enfermedades crónicas ante la COVID-19

Las consultas a las que más han acudido los convalecientes de COVID-19 son neumología y fisioterapia (ambas son el 50% de las consultas de segundo y tercer nivel a las que han acudido), además de nefrología, cardiología, psicología y psiquiatría, según datos del Minsap. Imagen: Tomada de Prensa Latina.

Día tras día, en los últimos 10 meses, las cifras de los nuevos contagios de COVID-19 en el país, y el reporte de las personas cuyo estado ha llegado a la gravedad, e incluso la muerte, han estado acompañados de características en estas personas que, si analizamos detenidamente, se repiten.

Los antecedentes patológicos que muestran la presencia de una o varias enfermedades crónicas no transmisibles, en sujetos que han presentado formas graves de la enfermedad o lamentablemente han fallecido, son un elemento de alerta que dispara las alarmas de la tan necesaria percepción del riesgo. 

Máxime cuando estos padecimientos ocupan los primeros puestos en el cuadro de morbilidad y mortalidad de la población cubana. Para indagar sobre cómo se incrementa el riesgo de desarrollar secuelas a largo plazo y otras comorbilidades en personas que padezcan enfermedades crónicas no transmisibles, Cubadebate conversó con el Doctor en Ciencias,  Raúl Herrera Valdés, jefe del grupo nacional de Nefrología, y profesor titular y consultante del Instituto de Nefrología.

“Cuando el ser humano sufre una infección o un daño de sus tejidos, se desencadena una respuesta defensiva para eliminar la infección. Esta respuesta está caracterizada por la liberación de una serie de sustancias que se llaman mediadores de inflamación. A dicha respuesta se le llama inflamación aguda, que en su fase más intensa es la llamada tormenta de citosinas”, explicó el experto.

En ese sentido, el profesor Herrera Valdés apuntó que si la infección o el daño de los tejidos se hace duradera la inflamación se torna crónica, persistente y sistémica con compromiso de todo el organismo.

De acuerdo con el también especialista de II grado en Nefrología, la inflamación crónica forma parte del proceso de envejecimiento y del mecanismo lesional de las llamadas enfermedades crónicas no trasmisibles como la diabetes, la hipertensión arterial, le enfermedad cardiovascular, la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad renal crónica, la obesidad, el cáncer y otras. Es decir, en estas enfermedades está presente de manera persistente un estado de inflamación crónica .

“Habitualmente más de una de estas enfermedades están presentes en una misma persona y se les llama comorbilidades.Por cada una de ellas el estado inflamatorio crónico aumenta y favorece el daño ya existente de los órganos vitales como el corazón, el cerebro, los riñones y otros”, dijo.

De ahí que, cuando una persona con estas comorbilidades adquiere la COVID-19 se enfrenta a ella con órganos vitales dañados y con un estado inflamatorio de base que incrementa el proceso inflamatorio desencadenado por el coronavirus SARS-CoV-2. Por tales razones las comorbilidades constituyen factores de riesgo incrementado para la gravedad, criticidad y mortalidad de la COVID-19, alertó el entrevistado.

“La fase aguda de la COVID-19 no es simplemente una enfermedad infecciosa viral aguda del aparato respiratorio, sino una enfermedad sistémica que compromete al organismo humano en su conjunto”, subrayó.

Explicó el profesor que durante la fase aguda, el virus penetra y daña las células de los órganos vitales, a lo que se sobreañade el daño infligido por la inflamación aguda.

“En los estadios de gravedad y criticidad, se suman la falta de oxigenación de los tejidos, la bancarrota circulatoria, las infecciones y otros factores que se traducen en la clínica por insuficiencia respiratoria aguda, insuficiencia cardíaca aguda, insuficiencia renal aguda, estado de shock y otras complicaciones”, refirió el experto.

De ahí que las personas que se recuperan de la fase aguda, en proporción al  estadio en que hayan evolucionado durante esta fase, mantendrán por un tiempo no precisado un estado inflamatorio crónico sistémico persistente y una vulnerabilidad de sus órganos vitales.

Las enfermedades crónicas no transmisibles ocupan los primeros puestos en el cuadro de morbilidad y mortalidad de la población cubana. ACN FOTO/Juan Pablo CARRERAS/mvh

“La interacción de estos dos factores puede facilitar el desarrollo y progresión de enfermedades crónicas no trasmisibles como las pulmonares, cerebrales, cardíacas, renales y otras”, sostuvo.

Para el especialista, los elementos anteriormente mencionados son esenciales. A su juicio, la población cubana debe interiorizarque se trata de una enfermedad grave, altamente contagiosa, que ha cobrado la vida a más de 2 millones de personas en el mundo. Pasada la fase aguda, queda una fase de convalecencia en que pueden desarrollarse secuelas en órganos vitales e incrementarse las enfermedades crónicas no trasmisibles ya existentes o de nueva aparición.

“Las medidas de prevención deben extremarse en toda la población y en particular en las personas mayores y en aquellas que estén afectadas por alguna comorbilidad”, afirmó.

Los riesgos evidentemente son altos, y aún incalculables.

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