Infinita gratitud

Foto: Yesmani Vega Ávalos

Ana Irma Ramírez Moreno con solo mirar un cuadro en su hogar revive inolvidables recuerdos de la despedida de Fidel al segundo grupo de 73 optometristas antes de partir a la República Bolivariana de Venezuela, donde prestó colaboración desde el 11 de marzo de 2004 hasta el 16 de septiembre de 2008.

“Cuando terminamos el curso de actualización en el concentrado del Cotorro marchamos a la casa y al regreso una noche el Comandante en Jefe nos mandó a buscar. En el Consejo de Estado esperamos hasta las 12:30 de la madrugada que llegó y en vez de entrar al pequeño teatro por delante lo hizo por una puerta trasera.

“Ana Ruiz Tamayo y yo, las únicas pineras, fuimos las primeras en verlo por estar sentadas al final. Al entrar nos pusimos de pie y aplaudimos, él saludaba mientras iba hacia la presidencia”.

–Buenas. ¿Cómo se sienten?, ¿están presentes todas las provincias?, ¿tienen conciencia de la importancia de esta misión?

–Sííí, respondimos a coro.

“Fidel manifestó que en Venezuela desarrollaban la Misión Robinson, programa masivo nacional de alfabetización aplicado con el método educacional cubano Yo sí puedo para enseñar a leer y a escribir con una cartilla y medios audiovisuales a la población excluida hasta entonces; la mayoría eran adultos mayores con trastornos refractivos y otro tipo de afecciones oftalmológicas porque nunca habían usado espejuelos”.

Foto: Yesmani Vega Ávalos

–Por esa razón ustedes van para medirles la vista y dotarlos de los lentes, así quienes lo deseen podrán continuar estudios.

“Desplegó un mapa, señaló la ubicación de los estados y explicó sus características… Terminó a las 2:30 de la madrugada.

“Una colega de Bayamo se paró y dijo: ‘Comandante, esto no se puede quedar en el seminario queremos tirarnos una foto junto a usted los integrantes de cada provincia’.

“Accedió y así se hizo, al final nos tocó a las dos de la Isla de la Juventud. Aproveché para decirle: ‘Comandante’, caminamos varios  kilómetros desde Nueva Gerona hasta el Monumento Nacional  Presidio Modelo para asistir a un acto y todo el pueblo lo esperaba con alegría; teníamos tantos deseos de verlo. Contestó: ‘¡Ah!, mi islita, sentí mucho no estar, debía cumplir con otras obligaciones’.

“Después de las fotos la gente quería que le firmara algunas pertenencias; indicó que las recogieran y él las firmaría. Anita entregó una servilleta y yo un pañuelo. Se marchó y acudimos a una cena bufé a las 3:30 de la madrugada. Antes de irnos recibimos los objetos y en mi caso le puse debajo de la firma la fecha. Llegamos al concentrado a las cinco de la mañana y supimos que ese día volaríamos hacia la hermana nación sudamericana.

“Las pineras caímos con una santiaguera en un barrio llamado Limoncito en San Carlos, la capital del estado de Cojedes, situado en la región central del país. En el ambulatorio montamos la consulta de optometría y el servicio de la óptica. Nosotras mismas hacíamos el corte, montaje de cristales y confección de los lentes correctivos en un primer momento.

“Cuando llegaron los técnicos en Óptica nos trasladaron al estado de Lara en municipios distintos donde terminamos la misión. A los seis meses recibimos en Venezuela la añorada foto, la mía la guardé como reliquia y cuando llegué a Cuba la mandé a ampliar”.

Graduada de Optometría, tras 36 años de trabajo determinó jubilarse, sin perder estrechos lazos con el sector de la salud, pues su esposo es el especialista en Medicina Interna José Luis Manso Rodríguez; su hija mayor Elizabeth, estomatóloga; el menor José Luis, especialista en Medicina General Integral y cirujano, quien le ha dado dos tesoros, sus nietecitos Frank David y Fabiana.

Al conocer Ana Irma la noticia de la partida física de Fidel, sintió un inmenso dolor: “Para mí es como si estuviera presente y mi agradecimiento es infinito por lo que ha hecho y sigue haciendo”.

 

Por Siempre Fidel
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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