¡Frank no es mío, es de ustedes!

frank-pais-27ypcCuando a las 4:15 de la tarde del martes 30 de julio de 1957, una descarga de 22 balas atravesó la espalda de Frank País García, se acribillaba no solo al brillante estratega y jefe de la clandestinidad, sino los sueños del joven cristiano y maestro santiaguero de profunda raíz martiana, quien tenía la certeza de que Cuba sería libre y la lucha no era en vano.

 

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Cuando a las 4:15 de la tarde del martes 30 de julio de 1957, una descarga de 22 balas atravesó la espalda de Frank País García, se acribillaba no solo al brillante estratega y jefe de la clandestinidad, sino los sueños del joven cristiano y maestro santiaguero de profunda raíz martiana, quien tenía la certeza de que Cuba sería libre y la lucha no era en vano.

Aquella aciaga tarde avanzaba la muerte en un aparatoso despliegue de las fuerzas combinadas de la tiranía de Fulgencio Batista, con el esbirro José María Salas Cañizares al mando. Con saña y odio el prepotente jefe militar ordenó el registro de las casas con la numeración par en la calle San Germán, desde la esquina de Gallo en adelante.

Puesto sobre aviso en la vivienda No. 204, donde vivía Raúl Pujols y estaba reunido con combatientes guantanameros, Frank País –el único que portaba arma– da instrucciones a Pujols de despedir a los compatriotas y él regresara a su trabajo en la ferretería, a lo que este respondió enérgico: “El movimiento me ha responsabilizado con tenerte aquí, y si ocurre algo muero contigo”.

Esa misma decisión le abrigaba, cuando minutos más tarde, salió de su casa junto a él y hubiera logrado proteger al jefe, de no ser por la delación de un antiguo alumno de la Escuela Normal para Maestros de Oriente, que en el chequeo de los transeúntes le informó a Salas Cañizares que aquel era el jefe de los revolucionarios en el llano, el hombre más buscado por el régimen.

Tras la descarga de plomo por la espalda, le dieron al mayor de los hermanos País García otro disparo detrás de la oreja. Así, junto a su sangre, también la de Pujols tiñó de rojo el estrecho piso del Callejón del Muro en su natal Santiago de Cuba.

Cuando están al cumplirse dentro de dos días, 55 años del fatídico suceso, está vigente con una  fuerza renovada la figura de quien con solo 22 años completaba la síntesis de todas las virtudes revolucionarias como la inteligencia, disciplina, organización, sacrificio y coraje, ganándose un lugar cimero entre los héroes y mártires de la Patria.

Armando Hart Dávalos, en un artículo publicado en la edición clandestina del periódico Revolución a finales de 1957, escribió: “No sé si era un político con vocación militar o un militar con vocación política. Tenía una abierta y sincera vocación de dirigente. Quien hablara dos veces con él sabía que había nacido para mandar”.

Llegaron los días infaustos de 1957: primero cayó Josué y al mes exacto, Frank; y en medio del dolor indescriptible estuvo la entereza de Doña Rosario, la madre, de saber que habían muerto como ella los enseñó a vivir.

Cuando el sepelio de Frank, los compañeros del Movimiento 26 de Julio le plantearon la necesidad de que el féretro fuera conducido por la mayor parte de las calles de Santiago de Cuba, para que el adiós al camarada entrañable se convirtiera en acto de agitación y combate. Ella, entendiendo esa solicitud en su más profundo sentido, respondió: ¡Frank no es mío, es de ustedes!

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Frank nos sigue inspirando, como su muerte lo hizo con los combatientes del Movimiento 26 de Julio; hoy, cuando nuestro país se transforma, actualiza su modelo económico y la coyuntura actual trae nuevos retos, nos corresponde abrazar el compromiso político del mártir juvenil santiaguero que vive en el corazón de todos los cubanos.

 


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