Hugo Dalerta Susini un fotógrafo con historia

Cuando leí por primera vez los libros que Pablo de la Torriente Brau le dedicara al Presidio Modelo a manera de denuncia de los horribles crímenes que allí se cometieron, en el mandato del comandante Pedro Abraham Castells y Varela, me percaté de la existencia de un fotógrafo llamado Hugo Dalerta. En la exposición de lo que hoy es Monumento Nacional, pude ver una instantánea de la ciénaga de La Llana, donde se aprecia al artista de los lentes con una cámara en la mano, pues el escritor se hizo acompañar por él en sus investigaciones durante 1934. Su equipo dejó imágenes como La Llana, Cocodrilo, la Fuente Luminosa y otros sitios.

Cuando leí por primera vez los libros que Pablo de la Torriente Brau le dedicara al Presidio Modelo a manera de denuncia de los horribles crímenes que allí se cometieron, en el mandato del comandante Pedro Abraham Castells y Varela, me percaté de la existencia de un fotógrafo llamado Hugo Dalerta. En la exposición de lo que hoy es Monumento Nacional, pude ver una instantánea de la ciénaga de La Llana, donde se aprecia al artista de los lentes con una cámara en la mano, pues el escritor se hizo acompañar por él en sus investigaciones durante 1934. Su equipo dejó imágenes como La Llana, Cocodrilo, la Fuente Luminosa y otros sitios.


Supe que vivía en Isla de Pinos y residía en la casa ubicada en la calle 22, entre 33 y 35 (antes Emilio Vargas, entre Maceo y Nueva Gerona). Hablé con él y a pesar de sus años todavía recordaba algunas cosas y mostró una basta cultura.

Pero, sobre todo, me impresionó el hecho de conversar con alguien que había conocido a Pablo de la Torriente Brau.

Después de mucho indagar no tenía dudas, Dalerta fue una personalidad entre los pineros, aunque no era del territorio.

Nació el diez de marzo de 1899, en Buenos Aires, Argentina, descendiente de los emigrados italianos José y Emilia. Dicen que su padre era fotógrafo, profesión que heredó y practicó, además de los muchos oficios y artes que desarrolló.

Llegó en el año del paso de un gran ciclón, el del 20 de octubre de 1926. Pudo apreciar los barcos que las aguas del río Las Casas, en su crecida, sacaron de su cauce; así como las huellas en las viviendas afectadas por los vientos. No obstante, decidió asentarse en esta parte de Cuba.

A Garibaldi, su nieto, se le iluminan los ojos cuando se refiere a su abuelo, lo recuerda alto, delgado, hombre que dominaba infinidades de temas; hablaba mucho de Rómulo Gallegos, a quien conoció por medio de la magia de la radiotecnia, cuando era radioaficionado. Tuvo como amigos a personalidades de la cultura cubana, entre ellos a Enrique Santiesteban.

No se puede obviar la inclinación por la plástica, sus manos dejaron en óleos retratos y paisajes que enseguida encontraban compradores. Como relojero fue el primero conocido por los pineros.

Realizó infinidades de fotos; fue muchos años el fotógrafo del Presidio Modelo y el primero de ese oficio en instalar un estudio con todas las condiciones en la calle Martí, al lado de donde hoy se encuentra Mundo Verde, con el número diez, entre Emilio Vargas y Benito Ortiz, inscrito en el Registro Mercantil de Isla de Pinos en 1944.

No se puede olvidar que Hugo realizó el único proyecto de un zeppelín construido en Nueva Gerona, para navegar en las aguas del río Las Casas y en sus mares adyacentes.

En 1963 decidió trasladarse con la familia para La Habana, pero mantuvo su casa aquí, donde acostumbraba a pasar largas temporadas. Falleció en Ciudad de La Habana en 1978, cuando contaba con 79 años.

 

 

 

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