Hugo Chávez Frías: cuando un amigo se va

Chávez era el pueblo venezolano, estaba entre ellos, había nacido de ellos y mantenía ese espíritu de cuna. Foto: AVN

Cuenta Ignacio Ramonet en el libro Mi primera vida, dedicado a Hugo Chávez: «Habíamos llegado la víspera al centro de los infinitos llanos venezolanos (…), alrededor, agrietada, endurecida la tierra, estaba salpicada de matas de color, espléndidos árboles gigantes y frutales en flor»; estaban en la tierra de Chávez, el niño que vendía dulces de lechosa, del hombre que encarnó las ansias de libertad de Venezuela y se propuso levantar a un continente insumiso y llevarlo al camino de su segunda independencia.

En su libro narra Ramonet sobre la estancia compartida en Sabaneta de Barinas, la tierra de «mis circunstancias», nombrada así por Chávez. Leerlo hace navegar la imaginación por esos espacios espléndidos por donde pasó Simón Bolívar, por donde cruzaron los llaneros del Centauro Páez, donde estuvo Ezequiel Zamora, donde creció el «mejor amigo de Cuba».

La muerte nos jugó a todos una mala pasada, quedaba mucho por hacer en estas tierras. «Amo mucho a mi patria», cuenta el escritor que le dijo: «profundamente, porque como dice Alí Primera, la patria es el hombre (…), solo la historia le da a un pueblo la entera conciencia de sí mismo». Y es que Venezuela, y extendiendo el horizonte como supieron hacerlo Bolívar, Martí y Fidel, la Patria Grande, es ese hombre que llevaba en sí las marcas de esa tierra castigada por las bocanadas de brisa ardiente, tierra endurecida y a la vez perfumada por el aroma de los frutales.

Recuerdo una noche que me encontraba en el programa de la televisión venezolana La hojilla hablando de mi libro Enemigo, que se presentaría en la Feria Internacional del Libro en Caracas. Un compañero me había pedido que fuera discreto al mencionar en esa ocasión a los estadounidenses involucrados en los planes subversivos contra Cuba y Venezuela. Con mucho trabajo intenté cumplir la orientación dada. ¿Cómo no mencionar nombres si el libro era una denuncia?

Nos encontrábamos en esa disyuntiva cuando me pasaron un celular, una voz fraterna, limpia y profundamente enérgica me dijo: «profesor, no omita nombres, explique bien a los estudiantes venezolanos cómo actúan los gringos, cómo fueron esos planes». Quedé sin palabras por unos segundos, era él, Hugo Chávez Frías, se encontraba por esos días en La Habana y estaba viendo el programa, llamó tres veces más pidiendo precisiones, la última vez me preguntó: «¿Sabes quién está viendo aquí conmigo el programa?», entonces enmudecí por largo rato.

Fui a las misas que le dedicaron en la Catedral de La Habana, misas cargadas de fe en su recuperación, cubanos, venezolanos y hermanos de otras naciones del continente sumaban sus mejores deseos y sus oraciones para salvar al Presidente.

El Hombre y el Mito

Ramonet, en la entrevista que aparece reflejada en su libro Mi primera vida, le pregunta a Chávez: ¿Nunca hubo un mito Chávez?, a lo que él respondió: «No soy un mito, eso es lo que quisieran mis adversarios. Soy una realidad». La realidad que significaba la esperanza de todo un pueblo  y que se concretó cuando «comenzó a existir en la imaginación colectiva el deseo de un nuevo país con más justicia, más igualdad, menos corrupción, y ahí es cuando la utopía se confunde con el mito». Chávez vio con claridad que su misión era darle contenido a ese mito, inventar un país posible en la siquis del pueblo venezolano, crear una utopía realizable, convencer a las mayorías de que se podía construir un futuro mejor y, según él, «debía morir el mito Chávez personal, para que el mito Venezuela nueva, colectivo, emergiese».

Dicen que el pueblo ha levantado altares en sus casas al líder bolivariano; muchos seguidores de Chávez han escogido «una esquina del hogar para sentir alivio en el alma», esquina dedicada a la veneración sencilla del pueblo por quien nunca se creyó un santo, ni un dios, sino un hombre simple del pueblo al que se consagró.
«Chávez se consolida en la conciencia nacional como una identidad histórica, política, filosófica y ética de carácter nacional», explica Larissa Costas, presentadora de televisión, quien considera al líder bolivariano como el responsable de «haber regresado la identidad al venezolano». Esos elementos, puntualiza a rt, «generaron un vínculo afectivo entre el líder y el pueblo que, naturalmente, se manifiestan en la vela que una abuela le enciende en su casa, en las flores que le ofrendan, en las oraciones en su nombre, en la capilla instalada en el corazón de un barrio».

Chávez era el pueblo venezolano, estaba entre ellos, había nacido de ellos y mantenía ese espíritu de cuna, esa alma sencilla que era reconocida de inmediato por todo el que se le acercaba. Chávez entraba en la gente como el vecino, como el amigo que cruza el umbral de nuestra casa.

Su dimensión heroica lo acercaba al pueblo lejos de alejarlo, porque se expresaba en los anhelos de la gente y a la vez era una dimensión desprovista de la gloria vana de un Aquiles. Él era uno más, uno de ellos, uno de nosotros.

Su muerte lo convirtió, como le escuché decir a un venezolano, en «querencia mayor».

Dicen que nació un 28 de julio de 1954, en medio de un aguacero torrencial en los llanos venezolanos, y así le recordamos aquel 4 de octubre de 2012, cuando junto al pueblo venezolano desbordó siete grandes avenidas de Caracas en su inolvidable campaña política, bajo un torrencial aguacero que se prolongó durante horas con el gigante popular en la calle.

Nació un día de torrentera de agua llanera y ascendió un peldaño en ese mito que no quería para sí, acompañado por un torrente de amor, confianza y optimismo de pueblo.

Dicen que fue una siembra, que crece y se empina en muchos, pero duele aún su partida. «Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío», dice la canción, y ese espacio no puede ser llenado, está ahí en una esquina de la casa donde la gente le venera, en el corazón de muchos y en esa cabalgadura eterna, en su regreso junto a Fidel, Martí y Bolívar.

Precisiones

Hugo Rafael Chávez Frías nació el 28 de julio de 1954 en Sabaneta de Barinas, en los llanos de Venezuela. Militar y político venezolano. Presidente de la República Bolivariana de Venezuela desde 1999 hasta su fallecimiento el 5 de marzo de 2013.

Sus profundas ideas y pensamientos socialistas y de carácter integracionista heredadas del pensamiento de Simón Bolívar y Francisco de Miranda, lo convirtieron en el líder indiscutible de la Revolución Bolivariana.
El 6 de diciembre de 1998 el 56,24 % de los votantes eligió a Chávez como Presidente Constitucional de la entonces República de Venezuela.

En las elecciones del 30 de julio de 2000, Chávez Frías cristalizó el proyecto político constituyente y se relegitimó como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela con el 59,5 % de los votos.

El 3 de diciembre de 2006, en las elecciones presidenciales, fue reelegido con una amplia ventaja, obteniendo más de siete millones de votos (62,84 %) frente al 36,90 % logrado por el candidato de la oposición Manuel Rosales, quien reconoció el resultado esa misma noche.

En octubre de 2012, Chávez volvió a ganar las elecciones presidenciales de su país, esta vez derrotando con el 55 %  de los votos a Henrique Capriles, gobernador del estado de Miranda y candidato de la coalición opositora.

Hugo Chávez falleció el 5 de marzo de 2013 en el Hospital Militar de Venezuela debido al cáncer que le venía afectando desde 2011. Su muerte fue recibida por el pueblo con gran conmoción, mientras que el Gobierno y sus familiares recibían mensajes de condolencia de todas las partes del mundo.

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