Horticultores principiantes revitalizan organopónico

A la entrada de La Fe, frente al reparto Ángel Alberto Galañena Llevat, se encuentra el organopónico no protegido El Rodeo, con sus verduras y hortalizas creciendo a pleno sol. Lo administra Darwin Sánchez Reytor, quien –junto a tres miembros de su familia y dos contratados– armó una especie de cooperativa informal para correr el riesgo de adentrarse en la horticultura, donde ninguno tenía experiencia anterior.

Darwin, administrador del organopónico El Rodeo. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

La tierra sirve, si el hombre sirve, está dicho. Lo que hasta la reciente terminación de las lluvias parecía un área abandonada, muestra ahora canteros cuidados, repletos de vegetales jugosos y desarrollados.

Allí el cliente recibe un trato amistoso, propio de jóvenes como los de quienes integran este colectivo; los productos, de calidad, y la oferta responde a un criterio de venta muy conveniente: “… de las especies en cosecha colectamos aquellas que nos solicitan; directo del cantero a las manos del comprador”.

Interesados en conocer cómo se refleja el Ordenamiento Monetario y su consiguiente subida de precios, llegamos hasta este lugar donde se interactúa día a día con la población.

“Al principio nos resultó incómodo y todavía nos estamos adaptando. Subieron los precios y aparecieron ‘los picos’. La col china, por ejemplo, tiene un valor de 10,87 el kilogramo, según el listado oficial; esos 87 centavos son un ejemplo del pico al cual me refiero. El enredo se da con los medio kilos y los vueltos porque no todos quieren llevarse el kilo completo”.

Felizmente, según conocemos después, ya apareció la solución a este problema: se les autorizó a vender por libras. La col china puede venderse ahora a cinco pesos la libra, valor cerrado que excluye la referida complicación.

“Todo en absoluto se está vendiendo según pesaje –agrega– y el listado oficial permanece a la vista del público. Aunque el precio es otro la demanda no disminuye. Seguimos vendiendo todo lo que saquemos al mostrador”.

¿Y en cuánto a los horticultores principiantes, cómo les va? ¿Cuál es su jornal diario? ¿Resulta estimulante como se busca con el Ordenamiento Monetario?

“¡No hay jornal…! –bromea Darwin–. Apartamos lo que hay que pagar, los gastos en recursos e insumos…; ese dinero va a los números en rojos, el resto, a ganancias. Como todos laboramos a la par, las compartimos por igual”.

Isla de la Juventud

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