Homenaje pinero a los caídos en asalto al Palacio

Foto: Archivo

En casi todo el mundo la fiesta popular más grande se realiza al concluir la cosecha del cultivo principal. El origen de tales celebraciones viene de muy antiguo. En la entonces Isla de Pinos, sin embargo, el antecesor de nuestro Festival de la Toronja –ahora Fiestas Pineras y cuya celebración es impedida de nuevo por la covid-19– tuvo un motivo bien diferente.

Aquel 13 de marzo de 1925… salió el telegrafista en desaforado correr por la calle principal de Nueva Gerona y con la cinta de la noticia en las manos.

– ¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡La Isla es nuestra!, decía, y la mostraba como una bandera.

– ¡Se jodieron los yanquis! ¡Se jodieron!

Diez minutos después, Enrique Bayo Soto detonó el primer zambombazo frente a la Sociedad Popular Pinera y comenzó el cañoneo nativo. Participaron todos agregando sus cohetones de carnaval. A cada instante un reventón, y así hasta el infinito. Toda la ciudad llena de humo, de olor a pólvora. Hasta dejar sordo a tanto colono norteamericano, despavorido, y en su momento más acerbo.

Por fin, luego de lucha larga y enconada, se había logrado la firma del Tratado Hay-Quesada que devolvía a esta isla la soberanía cubana. Los pineros celebraban haber dejado al yanqui con tres palmos de narices.

Al año siguiente la fiesta no tuvo la espontaneidad inicial sino que, como en el resto del país, los pineros organizaron una celebración en grande, con la clásica Reina de Belleza y sus infaltables Luceros, cabalgatas, corridas de cintas, competencias ecuestres, derroche de lujos y oropeles buenos para turistas.

Y así fue, cada vez más en grande, hasta llegar a 1957 cuando el arranque de los festejos tuvo de fondo, en la distancia, el eco de los disparos de aquellos revolucionarios, muy jóvenes, que atacaban y morían en Palacio, en su intento por descabezar la tiranía.

Al año siguiente –por indicación de la dirección nacional– un miembro del Movimiento Revolucionario 26 de Julio asumió de manera legal la dirección de la Sociedad Popular Pinera, entidad organizadora de los festejos. Y en una acción que por su audacia frente a la imprevisible represalia rayaba en la más absoluta temeridad, cancelaron la celebración pública en votación a mano alzada frente a los representantes del régimen.

Por primera vez, desde 1926, y en honor a la memoria de José Antonio Echeverría y los demás caídos un año atrás, no hubo fiestas el 13 de marzo de 1958 en Isla de Pinos.

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