Historias de una guerrilla singular

De la campaña contra los mosquitos mucho se ha hablado, de su necesidad y beneficios. Pero no hemos contado los detalles que se viven al interior de esta guerrilla. A los protagonistas, reservistas y pobladores, no les puse rostro, no les pregunté la edad o a qué se dedican en su día a día fuera de esta coyuntura, no era necesario, porque la experiencia de casi todos en esta estrategia es similar y aquí las resumimos.

I

Su camisa y frente sudadas lo delatan, está cansado. A pesar de que solo son las diez y media de la mañana ya ha trabajado intensamente. Respira con dificultad, alergia, según me cuenta, porque aunque usa naso buco igual es muy fuerte el olor. Las lluvias de los días pasados no lo detuvieron, “bajo agua o sol ardiente nos toca, esta es nuestra tarea”, me repite. Sale de una casa y entra en otra, saluda cordial y comienza a hacer una maniobra donde el ruido de la máquina y el humo son los protagonistas.

Luego una casa más, pero en esta el aparato se detiene, no enciende por más que lo intente. “¡Periodista, me asustó el equipo,  se encangrejó!”. Lo arranca una y otra vez, nada, manipula un cable y lo que sale es una llama, como si de un mechero de película de acción se tratase; prueba otra vez, nada y luego por fin el sonido inconfundible reaparece.

“Es que son viejos los aparatos estos y de vez en cuando les da por ser majaderos, la gente a veces no entiende lo difícil que es estar todo el día con esto arriba, pero ahí vamos, cumpliendo”. Sonríe una vez más y se adentra en la casa, la toma por asalto con la bazuca sabiendo que aún queda mucho por hacer, a fin de cuentas, son solo las diez y media de la mañana.

II

Se levanta temprano por costumbre aunque no tenga nada que hacer. Pero hoy no es cualquier día, hoy es miércoles y están por llegar. Adela, la de los bajos está por tocarle a la puerta con su cálido “buenos días, vecina”, acompañado de la llave y las recomendaciones de cada semana: “no es por nada malo, pero fíjate bien en lo que hacen, lo que tocan, yo sé que son disciplinados, pero el ojo del amo engorda al caballo” y ella asiente con la cabeza, le dice que no se preocupe y se vaya tranquila para el trabajo.

De qué se va a preocupar si estos muchachos lozanos que le han tocado a su manzana son “un pan con ojos”, que llegan y le sueltan una abuela tierna y esperan ansiosos la tacita café que les brinda antes de comenzar y debaten un poco la novela en lo que cogen un diez para finalmente volcarse de lleno en la fumigación.

Se despiden como si fueran familiares cercanos y ella antes de que se alejen les grita: “no vengan muy tarde la semana que viene, tengo turno en el médico, ¡ah!, y les voy a tener un batido, para que no me critiquen mi café amargo”.

III

En la cara se le nota que está molesto, aunque no por eso pierde la buena forma cuando habla conmigo. “No me mal interprete, periodista, esto lo hacemos con tremendo compromiso y responsabilidad; sin embargo, hay días en que debemos respirar profundo para seguir haciendo las cosas bien”. No me quiso contar el porqué de su incomodidad, pero periodista al fin termino enterándome. Hoy empezó el día con el pie izquierdo, el punto donde los dejaron estaba lejos de la zona real donde debían trabajar, así que tuvo que caminar bastante con la bazuca al hombro.

Lo peor fue que al rato de haber empezado, sin ton, ni son, le sobrevino una sarta de improperios de una señora, la cual no tenía ni ganas de que le fumigaran su hogar, menos educación para hablar como persona civilizada.

La vecina que me hace la historia me dice asombrada: “Oye que estos militares tienen una paciencia, yo no sé si pudiera aguantar tanta malacrianza, porque él le dijo -señora, yo estoy cumpliendo con mi deber y no voy a discutir con usted-, dio la media vuelta y llamó al supervisor para que tomaran medidas.”

Mientras tanto él, ajeno a que mis ansias de saberlo todo me llevaron directo a la historia, se empeña en recalcarme que todo está bien, que son pequeños gajes del oficio los que pueden resultar molestos, pero que la cruzada contra el mosquito sigue sí o sí, porque ellos están para eso.

Isla de la Juventud Salud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *