Historia que debe ser recordada

La peculiar condición insular de Isla de Pinos –IP– (Isla de la Juventud-1978) y la situación creada en torno a su jurisdicción cubana o norteamericana, a causa del limbo jurídico generado por la aprobación de la Enmienda Platt, que en el artículo sexto declaraba: “… Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose para un futuro arreglo por tratado, la propiedad de la misma”[1]; dio inicio a un importante capítulo de dominación neocolonial donde se mezclaron mecanismos institucionales, con las apetencias de compañías y emprendedores segundones ávidos de rápida fortuna.

Se ha convertido en tradición antimperialista y de cubanía la recordación en este histórico lugar cada marzo. Foto: Archivo

Esa situación fue aprovechada por los colonos norteamericanos, asentados desde finales de siglo, quienes desarrollaron una fuerte campaña para la anexión a Estados Unidos, después de la toma de posesión del primer presidente de la República cubana Tomás Estrada Palma.

Dos documentos motivaron la cuestión: 1- la proclama del General Leonardo Wood al hacer entrega del gobierno a Estrada Palma: “…Estados Unidos tienen entendido que el gobierno actual de I.P continuará como un gobierno de facto, a reserva de resolver el dominio de dicha isla mediante un tratado…”[2]. 2- la respuesta entreguista de Estrada Palma: “…queda entendido que I.P continúa de facto bajo la jurisdicción del gobierno de la República de Cuba, a reserva de lo que en su oportunidad convenga al gobierno de EEUU y el de la República de Cuba…” [3]

En la campaña anexionista, que tuvo su desbordamiento a finales de noviembre de 1905 con la proclamación de un gobierno norteamericano en suelo pinero mediante la “revolución[4]”, se destacaron los colonos Samuel H. Pearcy, Tomás J. Kenan  y  Charles Raynard, especuladores segundones, sin fortuna, quienes mediante varias publicaciones impusieron matrices de opinión que avivaron el lobby correspondiente en el Senado norteamericano.[5] Los reclamos anexionistas respondían al negocio de la exención de derechos de importación a los productos de Isla de Pinos.

La actitud predominante del gobierno cubano se limitó al terreno diplomático[6]. Mediante la gestión de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, Ministro Plenipotenciario de Cuba en Estados Unidos, se firmó en La Habana, el dos de julio de 1903, un primer tratado sobre la jurisdicción cubana de Isla de Pinos rubricado por el Secretario de Estado interino de Cuba, José María del Monte, y el primer enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos en Cuba, Herbert G. Squiers[7].

La inclusión de una cláusula de caducidad, referida a su nulidad si no era ratificado por el Senado norteamericano, fue la causa de ese primer fracaso diplomático. El dos de marzo de 1904 el ministro cubano lograba un nuevo acuerdo, en esa ocasión con el Secretario de Estado norteamericano, John Hay, y por cuya causa se le nombró Tratado Hay-Quesada. En esa ocasión fue omitida la cláusula de referencia; una decisión acertada, pues demoró 21 años su ratificación por el Senado norteamericano.

La designación del excoronel del Ejército Mambí, Cosme de la Torriente y Peraza, como primer embajador en Estados Unidos, el cuatro de octubre de 1923, dio nuevo impulso a las negociaciones oficiales, caracterizadas por una actitud cautelosa. En Cuba, la lucha del movimiento estudiantil encabezado por Julio Antonio Mella asumió una posición antimperialista, y en Isla de Pinos se crearon comités cívicos desde 1923, que tuvieron un alcance nacional: el 22 de noviembre fue fundada la “Columna de Defensa Nacional de Isla de Pinos”, a inicios de 1924 se organiza el “Comité Patriótico Pro-Isla de Pinos; el cual el 16 de enero de 1925 inició la “Misión Patriótica” por la misma ruta que la Invasión de Oriente a Occidente por el Ejército Mambí, en la Guerra del ’95. También se contó con el talento y patriotismo de destacados intelectuales como el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, Don Fernando Ortiz, Dr. Evelio Rodríguez Lendián, el abogado Luis Machado Ortega, y otros.

El 13 de marzo de 1925 el Senado norteamericano ratifica el Tratado Hay-Quesada, que fue colateral del Tratado Permanente de 1903, y uno de los principales mecanismos de dominación neocolonial.

A pesar de la actitud condescendiente del presidente Alfredo Zayas con el gobierno norteamericano, y de la cautela de Cosme de la Torriente durante la última etapa de negociaciones, el reconocimiento de forma explícita de la cubanía de Isla de Pinos se transformó en causa de lucha del movimiento revolucionario estudiantil, que junto al cívico se extendió a todo el país para evitar se reeditara lo acontecido con la base naval de Guantánamo: la ratificación ni fue una regalía yanqui, ni un trámite burocrático, sino una causa de lucha por alcanzar la soberanía total sobre el archipiélago.

(*) Historiador de la Ciudad y colaborador

Referencias y notas:

[1] -Álvarez Estévez, Rolando: Isla de Pinos y el Tratado Hay-Quesada. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1973; p.25.

2 -Hevia, Aurelio: Los derechos de Cuba sobre Isla de Pinos. La Habana. Imprenta “El siglo XX”. Rep. Brasil, 1924; p.17.

3 -Ibídem.

4 – Álvarez Estévez, Rolando; p.32.

5- Hevia, Aurelio; p.20.

6-El gobierno cubano se limitó a solicitar la expulsión de los colonos norteamericanos complotados en 1905, cuestión denegada por el Departamento de Estado norteamericano. De igual forma, en el juicio iniciado por el alcalde pinero en la audiencia de La Habana, con fecha 23 de diciembre de 1905, dictó auto de sobreseimiento, devolviendo la causa al Juzgado de Nueva Gerona.

7-El 29 de noviembre de 1905 fue expulsado del territorio nacional por su probada injerencia en acontecimientos con fines anexionistas.

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