Héroes cotidianos por la tranquilidad

Foto: Archivo

Muchas veces nos identificamos tanto con una situación, que pasamos por alto algunas de sus características más definitorias y esenciales.

En nuestra sociedad, a través de muchos años, se ha hecho corriente ver a un capitán de barco con  21 años, un intrépido tanquista aun más joven, o un destacado médico al que todavía le faltan años por peinar canas, si no pierde el cabello antes como me ocurrió a mí.

Son estos apenas unos pocos ejemplos, que indican que en la gran masa del pueblo les ha tocado siempre un rol protagónico a los jóvenes.

Los hechos ocurridos el 11 de julio no manchan, ni mancharán nunca la historia llena de episodios gloriosos en los que los jóvenes se han desempeñado con civismo, valentía y espíritu revolucionario.

Entre muchos, quiero referirme a los que cumplen con una tarea de especial significación social: los que forman parte de las gloriosas filas de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), que cumplirá este cinco de enero un nuevo aniversario.

Ellos hoy enfrentan nuevas batallas junto al pueblo ante las indisciplinas sociales.

Resalta la juventud de muchos de esos compañeros y la responsabilidad con que cumplen las tareas que se les encomienda, en su mayoría de primerísima importancia para la población y las instituciones sociales.

Sus hombres y mujeres son gente humilde y estoica, pero sin saberlo son héroes cotidianos por la tranquilidad, protagonistas en la hazaña frente a los malhechores. Su autoridad no emana de la fuerza, sino de ser fieles al pueblo. Ellos están preparados para circunstancias extremas, imprevistos, tanto que las mismas manos con que inmovilizan a quienes pretenden alterar el orden o abusar, las extienden con respeto a otros.

El policía en el cumplimiento de estos objetivos, está investido del respeto que emana de las tareas asignadas en la defensa del orden y la tranquilidad ciudadana, la integridad física de sus ciudadanos, de los intereses materiales y espirituales de estos y de la comunidad.

Saben que son imprescindibles, sin embargo, no sucumben al deslumbramiento de quienes intentan sobornarlos y a pesar de la juventud de muchos, llevan de escudo aquella frase de Fidel de que en la lucha contra el vicio se cultiva la virtud.

La autoridad de ellos emerge también del prestigio de su institución.

Nuestra PNR es una institución creada por la Revolución, antítesis del pasado de torturas, crímenes y desmanes, que caracterizaron a los cuerpos represivos del régimen batistiano y de anteriores gobiernos burgueses.

Un policía de aquel pasado poseía un ilimitado poder sobre la vida de cualquier ciudadano y su acción quedaba impune.

El agente del orden en Cuba nunca será inmune a la Ley si la trasgrede, tiene una formación social y política distinta y procede del propio seno del pueblo al que está obligado a servir. Está identificado con la sociedad y requiere del apoyo de cada ciudadano, para que pueda cumplir con el contenido que todos demandamos.

Ese combatiente de nuevo tipo que vemos a diario en calles, parques, al cuidado de nuestras tiendas y demás instalaciones, encarna los intereses del pueblo, es por eso que en él se ha depositado la confianza, por lo que debe desempeñar su responsabilidad a sabiendas de su compromiso y fidelidad.

El enfrentamiento al delito con fines preventivos corresponde no solo a ellos, sino también a toda la sociedad, a sus organizaciones, instituciones y a cada ciudadano en particular.

Quien integra las filas de la PNR, representa el poder revolucionario en la calle, cuenta con la confianza del pueblo, del Partido y del Estado, y todos estamos obligados a respetarlo y cumplir sus indicaciones.

(*) Colaborador

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