¿Hasta cuándo las exhibiciones impúdicas?

¿Civilización o incivilización? ¿Estaremos retrocediendo en el tiempo al punto de vernos, en breve, mucho más allá de la comunidad primitiva, en esa en que los habitantes desandan libremente sin llevar sobre su cuerpo alguna prenda de vestir?

No exagero y muchos coincidirán conmigo cuando les comente acerca de ciertas actuaciones que denotan involución y rompen con las más elementales normas de convivencia como seres sociales y racionales, así como de respeto a uno mismo y los demás.

Ya se hace habitual ver con qué desenfado determinados hombres realizan sus necesidades biológicas a la vista de todos, ya sea frente a la pared de un edificio multifamiliar, vivienda, detrás de un árbol sin importar ser visto en ese acto impúdico por menores o adultos.

¿Será posible?, ¿mira eso?, ¿qué barbaridad?, ¿cuánta falta de pudor?, ¡sinvergüenza!, ¡descara´o, por aquí pasan niñas!…, son algunas de las expresiones que he escuchado ante tanta desfachatez.

Hay quienes intentan justificar tal fechoría con la carencia de baños públicos, pero en honor a la verdad lo asocio con un rompimiento de las normas de convivencia y pérdida de valores, lo cual muchas veces hace que las personas levanten estrategias para las crisis, y se instaura la tolerancia frente a las deformaciones.

Lo relaciono, además, con cierto paternalismo social y el abandono en la educación por parte de la familia, la cual ha querido estar en diversos roles y descuidado lo más importante: educar a partir del ejemplo personal y cotidiano. Recuerdo que muchas de mis mejores prácticas las aprendí de mis padres.

De igual manera se han perdido referentes institucionales y la sociedad no siempre se siente acompañada por los responsables que deben hacerle frente a tales indisciplinas, al punto de sentir quedarse huérfana de su compañía.

Y en el país existe todo un marco regulatorio que comprende cualquier tipo de arbitrariedad focalizada en la comunidad, cuyas contravenciones pueden ser sancionadas con multas de cinco pesos hasta 10 000.

Al respecto valen mencionar los decretos leyes 141, el 272 y el 200, los cuales representan a organismos diversos con responsabilidades sobre estas conductas. Por ejemplo, en el primero, vinculado al orden interior, en su artículo 1, establece sanciones para esos que ofenden las buenas costumbres a través de exhibiciones impúdicas con multas de hasta 40 pesos.

Pero más allá de la penalidad, la cual podría ser más ejemplarizante, los individuos deben sentir que hay un orden, una autoridad garante de él y leyes; se trata de revertir la situación con mayor conciencia social y civismo.

Por ello insisto no solo en potenciar la responsabilidad institucional sino también de la familia como núcleo primario, como ese primer espacio de formación y convivencia, cuya socialización y valores  después se llevan a la vida pública; de ahí que pueda reinstaurar el orden y las buenas conductas.

 

Opinion
Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

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