Hablemos de cortesía

caricatura-copiaComo cada mañana Fabio llega temprano a la escuela, usa correctamente el uniforme y lleva todos los libros en la mochila. Pide permiso entre la multitud para avanzar hasta sus compañeros, da los buenos días y recibe la burla o el silencio de quienes no entienden el por qué de las formalidades.

 

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Ilustración: Adrián Segura Martínez

Como cada mañana Fabio llega temprano a la escuela, usa correctamente el uniforme y lleva todos los libros en la mochila. Pide permiso entre la multitud para avanzar hasta sus compañeros, da los buenos días y recibe la burla o el silencio de quienes no entienden el por qué de las formalidades.

Ahora está afligido; piensa en la ocasión en que le preguntó a su padre qué era la cortesía y este dedicó parte de su tiempo para resaltar la necesidad de ser respetuoso, afable, atento y comprensivo en aras de ser mejor persona.

Luego se detiene a observar el comportamiento de la mayoría, entonces cuestiona si alguna vez ellos hicieron a sus padres esta misma pregunta y recibieron semejante respuesta.

Es probable que te hayas encontrado en una situación similar y como Fabio, juzgas tu conducta y la de otros pensando qué será lo correcto. Lo cierto es que los hábitos de cortesía ya no son tan usados porque “están pasados de moda” y “los tiempos han cambiado”, frases comunes empleadas por muchos para justificar malas conductas.

¿Quiénes educan?

La formación de valores ético-morales constituye uno de los principales objetivos del programa educacional cubano para incorporar y fomentar los buenos modales en los estudiantes.

Al respecto Marisel Ruano Ramos, profesora de Matemáticas y jefa de grado en la Secundaria Básica José Rafael Varona, comenta: El maestro debe predicar con el ejemplo, aquí se realizan charlas educativas acerca del tema y en el Reglamento Escolar están pautadas las normas con respecto al horario docente, de recreo, con sus compañeros y profesores. Además, el programa de clases incluye la asignatura de Educación Cívica, la cual se imparte desde séptimo hasta noveno grado”.

Es bueno saber la insistencia de las instituciones educacionales en corregir comportamientos inadecuados y fomentar patrones de cortesía. Sin embargo, ¿recepcionan los adolescentes la importancia de actuar con medida y respeto? ¿Tienen incorporados los valores que les son transmitidos desde la academia?

Aunque se realiza un fuerte trabajo político ideológico para inculcarles buenos hábitos, aún predominan las conductas intolerantes. La relación profesor-estudiante debe estar marcada por el respeto, pero la realidad es otra, comentó Yamisel Varela, profesora de Historia de 11no. grado en el preuniversitario Celia Sánchez Manduley.

Según el lugar o a quien se dirigen, ellos actúan bien o mal. Entre estudiantes las relaciones son muy diferentes, se gritan o saludan con una agresión o frases vulgares”, culminó la docente.

Si bien la escuela cumple un rol activo en la sensata formación de niños, adolescentes y jóvenes; la familia constituye otro factor que se involucra de manera directa y con vínculos afectivos.

El hogar es la cuna de la educación; el primer referente de enseñanza que posee el hombre para luego interactuar con su entorno.

Claro está, las costumbres y modelos educativos no son iguales en todos los escenarios. Un ambiente de rechazo, violencia e incomprensión trae consigo, en su mayoría, un adolescente descarrilado y sin ninguna orientación familiar.

Por ello, a ambas partes les corresponde tomar partido desde su posición. La escuela fomenta y moldea la educación iniciada en el hogar.

No debemos absolutizar su papel y el de la familia en la formación de valores, pues la sociedad, así como los medios de comunicación masiva inciden de igual manera.

VULGARISMOS DE MODA

Por estos días, saludar a un amigo o desconocido, merece utilizar una misma expresión. !Qué vuelta!, !qué bolá!, !qué bolero!, !qué hay!, !cómo está la cosa!…

No importa su significado etimológico, simplemente son frases de moda  que se han popularizado en el léxico de una mayoría.

Los jóvenes son fieles voceros de estas expresiones mal empleadas. No tienen en cuenta el lugar, ni la persona a quien se dirigen para hacer galas de un lenguaje “chavacano”.

“Son pocos los estudiantes que en todo momento se manifiestan de manera apropiada. Decir buenos días trae incluido una grosería y cuando se trata de piropos, ni hablar; a los muchachos no les han enseñado a cortejar.”

“¿Pedir permiso, disculpas? Esas palabras se sustituyen por: un empujón o tu maletín si no te gustó.”

Así opinaron Zurizadai Romero Pérez y Evelyn Pantoja Sánchez,

estudiantes de décimo y duodécimo grados, respectivamente, del

Preuniversitaro Celia Sánchez Manduley.

Con estas innovaciones en el lenguaje (o en el significado de las palabras) muy pronto en la sociedad tendremos un nuevo dialecto.

Hay que tener medida con los dichos del argot popular, pues no son la mejor carta de presentación. Hace ver a las personas desagradables, indecentes, vulgares…

Resulta vital pensar, escucharse a sí mismo, hacer conciencia de cómo nos proyectamos. El uso de los buenos modales no es cuestión de moda, ellos distinguen la elegancia de la personalidad.

Pongamos en práctica los hábitos de cortesía en todas las facetas de nuestra vida con el fin de preservar la lengua materna y el futuro de las nuevas generaciones, quienes serán mejores personas en la medida que seamos consecuentes con este mal generalizado.

 

 


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