Gerona y Bolívar: concurrencia de la historia

Foto: Archivo

Por Eduardo Sánchez Montejo (*)

En las famosas Confesiones de San Agustín, el sabio enfrenta a los astrólogos que, presuntamente, podían leer el destino de las personas prestando atención a disposición de los astros en su fecha de nacimiento. El destino, dicen estos diletantes, está escrito en los astros. ¿Por qué entonces, se le oponía San Agustín, dos hermanos mellizos no tienen el mismo destino si nacen bajo la misma configuración estelar?”

Resulta que la historia, que no la hacen los astros, sino los hombres y los pueblos, tiene sus caprichos, de forma que el azar concurre para prestar sus maravillas a sus partos y muertes. ¿Qué astrólogo hubiese tenido la videncia de que la muerte de Simón Bolívar coincidiría con la fundación de la ciudad de Nueva Gerona en una isla que crecería imbuida con el espíritu del gran independentista latinoamericano?

Simón Bolívar, el Libertador, nació el 24 de julio de 1783, en Caracas, Venezuela y murió el 17 de diciembre de 1830, en Santa Marta, ciudad de Colombia. Su vida fue como uno de esos astros que alumbran con luz propia la obra de los hombres, corrige con su albor y deja su impronta en la estela de su ejemplo magnificador y paradigmático, pues con sus acciones como líder independentista contra la metrópoli española libera las capitanías de Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia.

Nadie como Bolívar supo ver en su tiempo, o en lo que algunos llaman espíritu de la época, la misión libertaria de sus hijos, es decir, la hora de levantarse contra sus opresores y llevar en alto el estandarte de la libertad.

El Libertador muere de tuberculosis pulmonar, una enfermedad desconocida en aquel tiempo. Tenía cuarenta y siete años. Su deceso ocurre en la soledad, ha sido traicionado, incluso, por sus más allegados. Sin embargo, no pierde la fe, sabiéndose perdido para la vida y la acción. El día 11 escribe su última carta. Dice allí: “Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: Los pueblos obedeciendo al actual Gobierno para liberarles de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada para defender las garantías sociales. ¡Colombianos! –como entonces se les llamaba a los habitantes de un territorio mayor que el actual y que comprendía las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá– Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

El mismo día y año en que muere Bolívar, en la entonces Isla de Pinos, situada al sur del archipiélago cubano, se funda la ciudad de Nueva Gerona, una de las últimas villas creadas en Cuba por el imperio español que él había derrotado en Suramérica.

Nacía la capital de la colonia Reina Amalia entre otras razones por los temores de España ante los aires libertadores que llegaban de las vecinas tierras y sin imaginar que recorrerían sus calles 40 años después uno de los bolivarianos más preclaros de todos los tiempos: José Martí, con apenas 17 años y en tránsito hacia su destierro a la metrópoli europea.

Era el mismo joven que luego, “sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó donde se comía ni se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua del Libertador” cuando visitó Caracas.

¿Qué astrólogo habría sido capaz de predecir la convergencia de pensamiento y de acción de tales hombres ilustres? ¿Qué teoría astral podría prever que Martí deambulara en 1870 por las calles de la entonces incipiente Gerona, hija dada a luz cuando moría Bolívar en Santa Marta? ¿Qué profeta vaticinaría su nacimiento el mismo día en que el general Montilla, amigo fiel del prócer, sin poder contener el llanto exclamara ante su muerte: “¡Ha muerto el Sol de Colombia!”, en clara alusión a la mayor parte de Latinoamérica.

Tales luminarias solo son previsibles para los que siguen su ejemplo en la larga tarea de asaltar el cielo libertario.

(*) poeta y ensayista

Historia Isla de la Juventud
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