Fútbol cubano: la sustancia de una semana en Guatemala

 Hablar de fútbol en Cuba y juzgar por los resultados recientes en las eliminatorias mundialistas resulta, sin lugar a duda, una cuestión de mínimos.

El análisis matemático nos lleva inexorablemente a un veredicto vacuo si justificamos la tesis de que cero puntos de seis posibles, y la clasificación a la hexagonal de Concacaf prácticamente descartada, constituyen un fracaso para el proyecto de recuperación en marcha.

Una mirada superficial hablaría de reinicio, pero lo más sensato es apreciar continuidad. Por eso urge desterrar el “resultadismo” pragmático y centrarse en contabilizar lo sustancioso de esta semana.

En primer lugar hay que fijarse, particularmente, en la figura del director técnico. El pinareño Pablo Elier Sánchez, desde su asunción como estratega principal, plantó cara a la crisis de juego e intentó que escapáramos de las goleadas. Vale recordar que varios abandonos le hicieron difícil esa tarea.

Entonces tocó encomendarse a los principios básicos de la disciplina: formación-creación-definición, para en niveles más complejos que la conformación de una propuesta para un partido, enrumbar la nave tricolor.

Así debiera verse el proceso, y digo proceso porque no es un zarpazo lo que soluciona el difícil entramado para hacer funcionar a la selección.

Primero urgía confeccionar un grupo competitivo. Para ello la Asociación de Fútbol de Cuba comenzó a insertar atletas en ligas profesionales, en busca de aumentar el nivel. Por otro lado se concretó un viejo sueño de aficionados y directivos: llamar a filas a jugadores con actuación en ligas foráneas al margen de la política de contrataciones aprobada por el Inder.

En ambas circunstancias se trata aún de cifras insuficientes, pero se trabaja porque crezcan en beneficio de la escuadra nacional. No obstante, en el once inicial ante Curazao, el domingo 28 de marzo, solo un atleta no se desempeñaba allende los mares.

Con un equipo a todas luces más competitivo había que dar paso a la creación. Engranar las piezas del modo correcto para adquirir una personalidad futbolística en congruencia con los intereses del técnico parecía misión imposible, máxime contando con 48 horas para el partido ante Guatemala, y lamentando que dos jugadores de peso llegaron a destiempo a la concentración.

Ese primer encuentro dejó la sensación de contar con una selección superior a la chapina, pero demostró la falta de trabajo táctico. El resultado adverso (0-1) escondió las primeras evidencias de que podíamos ascender al nivel del área y buscar metas más exigentes.

Apenas cuatro días después llegó el turno ante Curazao, un rival que imponía a priori mayor exigencia en todos los aspectos técnico-tácticos y con un entrenador de probadísima calidad a nivel de clubes y selecciones.

Si hacía falta una prueba de que Pablo Elier es la persona indicada para el cambio positivo fue ese partido. Y la aportó con creces. El pinareño se las ingenió para brindar un repaso táctico al holandés que dirige a los curazoleños, obligándolo a recurrir a alternativas menos agradables y vistosas para conservar la victoria parcial después del primer tiempo.

Nuestro equipo dio muestras de superioridad física, táctica y técnica. Los escépticos no daban crédito a la muestra de madurez futbolística evidenciada en el césped del Guamuch Flores de la capital guatemalteca.

Según palabras del mismo Hiddink, estaba gratamente impresionado con el equipo cubano. ¿Y cómo no estarlo? Lo sucedido confirma no solo lo mejorable que puede acabar siendo esta selección, sino también su resiliencia entre un partido a otro, y dentro mismo del que marcó la despedida.

Había dado signos de ello ante Guatemala, cuando recuperó el orden luego de quedarse con 10 hombres. Cuesta recordar la última vez que pudo mantenerse la defensa con un hombre menos, sobre todo porque muchas veces no se logró con 11 sobre el trazado y defendiendo por acumulación.

Lo visto ante Curazao dejó mejores sensaciones y varias premisas. La más importante radica en que con algunas incorporaciones, quizá un par en cada línea, y tiempo suficiente de preparación pueden aumentar exponencialmente la calidad de juego y las pretensiones competitivas.

Tampoco resulta saludable pecar de entusiasmo desmedido. Si bien se logró orden, un fútbol vistoso y entretenido, todavía hay que despojar algunas inocencias defensivas y ciertos vestigios de anarquía independiente del apellido que lleve la camiseta. No olvidar que la calidad de los rivales del área aumenta a medida que se alejan del ecuador hacia el norte.

¿Qué queda entonces? Volviendo al tríptico básico del deporte, falta definición y ahí quizá debía importar más, mucho más, el resultado.

Una verdad se antoja inobjetable: si nos hubiera tocado debutar contra cualquiera de los restantes rivales del grupo, este proceso de formación habría reportado ya un par de victorias. Y sin duda, un equipo con más horas de vuelo habría podido conseguir puntos contra los rivales ahora enfrentados. Pero no sucedió así.

A lo interno urge intensificar la inserción de jugadores en ligas más competitivas; acoger a otros que están jugando por cuenta propia; y fortalecer el campeonato doméstico en aras de mantener e incrementar lo conseguido.

Pablo Elier ha confirmado que su nominación fue un acierto, así que debe dejársele trabajar y apoyarle. Al mismo tiempo debe dejarse atrás el odioso debate sobre la inexorable necesidad de importar un estratega.

Recientemente se realizó en la Isla un intercambio para construir colectivamente un futuro mejor para el fútbol cubano. Ello demuestra la voluntad política de crecer. Lo vivido esta semana por la Absoluta prueba concreta y palpablemente que las cosas se están haciendo bien.

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