Franca conexión con el Che

Foto: Gerardo Mayet Cruz

Tal parece que estaba ligado al Che por esos hilos invisibles de la vida, cuando ni remotamente tenía pensado conocerlo.

El primer indicio tuvo que ver con su decisión de afiliarse a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), ideada por el Comandante Ernesto Guevara de la Serna, en la cual inscribían a muchachos por su voluntariedad y respaldo a la naciente Revolución.

Dioscórides Nariño Castillo, de 74 años, recuerda esa época como si la viviera de nuevo. La conversación transcurre pasadas las seis de la tarde, en un ambiente jovial, en el portal de su casa en La Demajagua, poblado donde reside desde 1981.

“Una comisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far) –explica– arriba a mi barrio Bella Elisa, a 20 kilómetros de Dos Caminos de San Luis, en Santiago de Cuba, para incorporarnos a la AJR y me nombran segundo jefe de la organización allí.

“No faltaban el entusiasmo y las actividades para atraer a otros jóvenes, siempre con el sentido de la responsabilidad, disciplina y amor al trabajo, valores de los tantos cultivados por el Guerrillero Heroico. También laboraba en el campo con mi familia, éramos 12 hermanos de padre y madre.

“Tiempo después me captan para ingresar en las Far, todavía no existía el Servicio Militar. Empiezo el 15 de febrero de 1961 como soldado en una unidad de artillería terrestre al cuidado de cañones;               luego paso a otras en Holguín, Las Tunas y Guantánamo, al cumplir los dos años juré tres más pues el país requería fortalecer la defensa. Al cabo de los cinco y a punto de licenciarme, soy propuesto para cumplir misión internacionalista, dije que sí.

“Recibimos entrenamiento en distintos puntos de Pinar del Río, donde alcanzamos perfectas condiciones físicas y supimos que íbamos hacia el continente africano, pero no el país. En la fecha indicada de 1965 salimos por grupos y el Comandante en Jefe Fidel en la despedida, comentó: ‘Allá ustedes se van a poner muy contentos cuando vean quién los va a dirigir’.

“Viajamos en avión con escala en Murmansk, Moscú; en El Cairo, capital de Egipto, donde permanecimos tres días; luego Kenya y Tanzania, cuya frontera natural con el Congo es el lago Tanganica, considerado el de agua dulce más largo del mundo, el cual atravesamos y en la otra orilla tuvimos tremenda sorpresa: estaba el campamento del Che, quien daba la bienvenida a cada grupo, era nuestro jefe.

“La situación geográfica de la República Democrática del Congo, situada en el centro del África con fronteras con varias naciones, era ideal para irradiar la Revolución a todo el continente.

“Participamos en misiones combativas en apoyo a la guerrilla congoleña y siempre estábamos en la zona de combate, pero las contradicciones internas de los grupos revolucionarios y la falta de disciplina de las tropas que nos dejaban solos dieron al traste con el objetivo que allí nos condujo y a los ocho meses regresamos juntos y por grupos”.

Su rostro muestra lucidez y brillan sus ojos al contar esta anécdota:

“Luego del recibimiento, estaba parado frente a un río pequeño, veía su corriente cristalina, y me fui embullando hasta meterme con ropa y todo. Al entrar mojado al campamento, el Che preguntó: ‘¿Usted se bañó en el río ese?’, le dije: sí, y enseguida comentó: ‘Pues ya tiene paludismo (malaria)’.

“Qué iba a saber de esa enfermedad, le expliqué que no me sentía nada. ‘Ya verás dentro de diez minutos’, respondió el Che.

“Así fue: comenzó la fiebre, el dolor de cabeza, los escalofríos…Por suerte llevaron medicamentos y lo mismo me atendía el médico de la columna que el Che. Gracias a eso no me puse grave. Allí trataban a la gente de la zona”.

Nariño Castillo arriba a la Isla el 26 de septiembre de 1976 como oficial del Ejército Juvenil del Trabajo y en busca de casa y quedó atrapado para siempre. Tiene esposa y una hija adoptiva. Con emoción habla de Fidel y el Che: “No tenemos físicamente a nuestro Comandante en Jefe, pero con cuánto orgullo expresamos: ¡Yo soy Fidel! También sería bueno decir: ¡Yo soy el Che!, porque fueron dos dirigentes grandiosos, cuyos ideales son eternos y representan un legado para las nuevas generaciones y dar  continuidad a esta gran obra que hemos construido juntos”.

 

 

 

50 Aniversario de la caída del Che Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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