Fidel y las elecciones en EE. UU.

De los recientes comicios estadounidenses se comenta por doquier.

Un cubano que bien los conoció hace más de un siglo, José Martí, resumió la esencia que aún caracteriza esos procesos: “Recia y nauseabunda es una campaña presidencial en Estados Unidos”.

Los cubanos, al tanto de las noticias que llegan de esa confrontación electoral en medio de incertidumbres, acusaciones de fraude, falsas informaciones, divisiones sin precedentes y show, también buscan referentes en la larga visión de Fidel.

¿Qué nos advirtió de esos encontronazos que dan los bandazos en la política imperial cada cuatro años con su espada de Damocles sobre su apetecida “fruta madura” sacudida de su tutela?

Entre sus incontables escritos acerca del tema, recuerdo en especial las breves líneas de la reflexión del Comandante en Jefe el 19 de octubre de 2007 titulada Las elecciones, donde compara con la práctica democrática y transparente de los cubanos:

“Nuestras elecciones son la antítesis de las que tienen lugar en Estados Unidos, no un domingo, sino el primer martes de noviembre. Allí lo primero es ser muy rico, o contar con el apoyo de mucho dinero. Después, invertir sumas enormes en publicidad, que es experta en lavado de cerebros y reflejos condicionados. Aunque hay honrosas excepciones, nadie puede aspirar a ningún cargo importante si no dispone de millones de dólares.

“Para ser electo Presidente –subraya– se necesitan cientos de millones, que salen de las arcas de los grandes monopolios…”, e insiste en algunas de las irregularidades que prosiguen hoy: “Hay fraudes, trucos, discriminación étnica y hasta violencia”.

Dije que evoco de manera entrañable esas líneas porque al compartirlas con mis alumnos de la Universidad, no ocultaron su admiración por la honda afirmación, la cual hoy adquiere más valor y desenmascara la dictadura que en ese Estado fallido venden al mundo como “democracia”.

Pero dijo más acerca del peligroso vecino: “No confío en la política de Estados Unidos…”, en el 2015, poco antes de su incierta desaparición física, en un mensaje a la Federación Estudiantil Universitaria, y recalca ante las amenazas: “las ideas revolucionarias han de estar siempre en guardia”.

El actual presidente Donald Trump –perdedor en las elecciones– y su alianza con la extrema derecha anticubana, interrumpieron el avance alcanzado con Obama –etapa en que Joe Biden era vicepresidente– hacia la normalización de los vínculos bilaterales luego de décadas de confrontación, pero a pesar del reto presente y futuro de la política de EE. UU. hacia Cuba, sea mediante el garrote o la zanahoria, Cuba tiene la voluntad y fortaleza para convivir civilizadamente con esa nación.

Es la misma posición de Fidel en 1959 y continuada por Raúl: los principios no se discuten, mucho menos se negocian, pero en condiciones de igualdad y respeto mutuo pueden encontrarse soluciones a los problemas.

Clave en esa dirección es la cultura de respeto de los cubanos hacia el pueblo estadounidense, inculcada por la dirección histórica de la Revolución. Fidel insistía en que no se podía culpar al pueblo norteamericano por las agresiones de su gobierno, y reiteraba en el difícil 1992 que la línea de principios va dirigida a “educar al pueblo en una conciencia política elevada…, en un sentimiento de amistad hacia el pueblo de Estados Unidos”.

Tan innegable como su vigencia es la verticalidad de esas ideas, en cuya justeza y continuidad enfatiza el presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, cuando al reconocer a Biden como presidente del país norteño, reitera “la posibilidad de una relación bilateral constructiva y respetuosa de las diferencias”.

Contra esa invariable postura ética del eterno joven rebelde no pudieron 12 administraciones en EE. UU., ni sus agresiones y amenazas, como tampoco podrán las recientes calumnias del equipo de campaña presidencial del inquilino de la Casa Blanca que se niega a dejar el poder, al difundir falsa información sobre la supuesta injerencia cubana en esas eleccion

Fidel Castro
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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