Fidel cabalga cada día

Fidel sigue naciendo cada 13 de agosto, pero con los agradecidos cabalga todos los días. Su verbo es vida, sueño y alerta permanente.

“No confío en la política de Estados Unidos…”, advierte tajante en el 2015, poco antes de su incierta desaparición física, en un mensaje a la Federación Estudiantil Universitaria, y recalca “las ideas revolucionarias han de estar siempre en guardia”.

Con un pensamiento universal cuya profundidad asombra y trasciende el tiempo, sigue desafiando adversarios, tempestades y timoratos.

Vigencia irrefutable tiene su prédica, mas, no basta con repetir sus ideas. Él sigue vivo además con su ejemplo, larga visión y legado de humanismo, firmeza y solidaridad.

Tras el asalto al cuartel Moncada, en 1953, expresa el joven líder: “(…) cuando los hombres llevan en la mente un mismo ideal, nada puede incomunicarlos, ni las paredes de una cárcel, ni la tierra de los cementerios, porque un mismo recuerdo, una misma alma, una misma idea, una misma conciencia y dignidad los alienta a todos”.

Pero recordarlo es mucho más que evocar sus ideas. El propio Fidel, durante toda su vida, nos fue advirtiendo cómo recordarlo, que es como acompañarlo. El 11 de marzo de 1959, en Santiago de Cuba, expresa: “No estoy luchando por la gloria (….) ¿Por la gloria para qué? ¿Por vanidad? (…) Yo no estoy luchando por estatuas, lucho porque lo siento, lucho porque cada hombre tiene que cumplir un deber en esta vida. Mi deber era servir al pueblo. (…). No quiero premio (…) No lucho ni por interés material, ni por interés moral, ni porque me aplaudan, ni por nada de eso; lucho porque estimo que ese es mi deber. Mi premio es, cada vez que le hago un bien a alguien, sentirme satisfecho”, dice con humildad que lo inmortaliza.

Y en 1985, en una entrevista al periódico Excelsior, de México, Fidel comentó que cuando se ha hecho una obra y ve que se va a ­continuar desarrollando “eso es lo que estimula. Creo que sería lo único que me habría estimulado. No son los honores, los reconocimientos públicos, la fama, ninguna de esas cosas me interesa gran cosa; me interesa la tarea, la obra de la Revolución”.

En otro de los momentos de su pensamiento vertical, en abril de 1992, en pleno período especial, sentencia desde el sexto congreso de la UJC: “Si nosotros hubiéramos sido de barro, (…), si nosotros hubiésemos sido blandos, ¿qué quedaría de este país?, qué quedaría de esta Revolución? y enfatiza: “Ni nos suicidaremos con concesiones cobardes y entreguistas, ni nos autodestruiremos, ni renunciaremos a nuestra independencia, ni renunciaremos a nuestra sólida unidad, ni renunciaremos a la esperanza, ni renunciaremos a (…) construir nuestro destino sin importarnos las difíciles condiciones (…)”

¿Entonces cómo ser consecuentes con él? La respuesta de los agradecidos es tan sencilla y límpida como sus palabras: Empuñar cada día su firmeza e ideas y continuar la obra interminable que hizo conquista de todos y comanda aún, sin abandonar la batalla.

Natalicio de Fidel
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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