Fermín y su caballo de batalla

Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Bajó de la Diana, su caballo de batalla, y desinfectó sus manos antes de venir a atenderme aunque para nada estas entraran en el saludo.

¿Cuántas veces hará la misma rutina cada día, convertida para él ya en gesto automático?

Fermín Padrino Álvarez transporta a los enfermos o sospechosos de coronavirus, y está en riesgo cada minuto del día o la noche, porque con frecuencia termina sus jornadas en la madrugada.

Nació en Pinar del Río y vino para la Isla con 18 años, ahora sobrepasa los 63… y no deja el timón aunque varias veces, por su edad, se le ha solicitado.

Proviene de una familia de combatientes donde casi todos los varones vistieron por muchos años el uniforme militar. Nada de extraño tiene que esté ahora librando su propia guerra, le viene en la sangre.

En el Servicio Militar estuvo preparándose, en las lomas de Pinar, para cumplir misión internacionalista, pero aquella contienda africana  terminó y su grupo no llegó a salir.

Ahora su batalla es otra y la cumple con la disciplina del mejor soldado. Para su trinchera, buena limpieza. Mucho cloro en pies y manos. Fumigar, mantener la higiene por dentro, por fuera y a los pasamanos de los asientos “untarle la solución clorada como se debe”.

Luego en la noche, cuando llega a su casa, la esposa, esa otra heroína, lo espera con una vasija para que deposite sus ropas, menos el short, antes de entrar.

Lo mismo cada día, donde no ha dejado de sentarse detrás del volante desde que comenzó el azote del nuevo coronavirus. Hasta con unas altas de excepción, cierta vez, sobre la una de la madrugada y el retorno al hogar pasadas las cuatro y media; para comenzar a las siete la nueva jornada.

Con afecto y agradecimiento menciona a Víctor Saavedra, Gerardo Sotomayor y Luis Yoendris Borrego, los otros jinetes inagotables –todos de su misma Base de Ómnibus Escolares– que lo acompañan en caravana cuando su Diana no alcanza para mover tanta gente, o en otras rutas para nuevas recogidas o regresos de pacientes.

Esos trabajadores están como él, desde el primer día, sin soltar el timón. Sin permitir que se les haga un relevo ni pedir algo a cambio.

Este hombre, este hermano entrañable que tengo delante de mí, trigueño tostado, alto y huesudo como un Quijote, se considera a sí mismo solo una persona correcta que hace lo que cualquiera debe hacer por los demás. Pero eso sí, no de palabras, sino arriesgando el pellejo porque como me dice a la despedida parafraseando a Raúl Castro: “Hay que estar dispuesto de verdad para hacer lo que haga falta”.

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One Reply to “Fermín y su caballo de batalla

  1. Buenos dias
    Periodista muy buen reportaje pero han omitido un apellido, uno de los otros choferes que lo acompañan esta noble tarea se llama Victor Gonzalez Saavedra. gracias soy su padre y estoy muy orgulloso de el .

    gracias

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