Etíopes en la Isla: recuerdos y asombros

Foto: Archivo

Testimonios a propósito de los 40 años en este 2018 de la llegada a territorio pinero de los hijos de ese país africano, donde ahora celebran el acontecimiento

 

Transcurrieron cuarenta años y… veo todavía aquella inmensa guirnalda de luces en la oscuridad, más de cuatro kilómetros de ómnibus, uno detrás de otro, colmados de alumnos y profesores etíopes con sus esposas e hijos.

Llegaron alrededor de las nueve de una noche muy cálida, quizás un poco más tarde, una de esas noches cuando aquí el aire parece enrarecerse, una de tantas como abundan en los comienzos de nuestro julio pinero. Pero su llegada al centro de recepción y bienvenida, la Esbec (escuela secundaria básica en el campo) No.16, que desde entonces se llamaría Batalla de Karramarra, la hizo diferente, grata, imborrable en nuestros recuerdos.

Alumna Almaz Lelesa, 9 años. Primero fue el largo esperar en el campamento militar de Tatek, a unos cuantos kilómetros de Addis Abeba… La mayoría de nosotros huérfanos por la guerra o hijos de combatientes.  Luego ni sé cuántos días en el África-Cuba,  un viaje por mar tan largo como si nunca fuera a terminar, desembarcamos en  La Habana y enseguida otro viaje por mar, hasta la Isla de la Juventud.

Cuando llegamos a Karramarra, no había ninguno de nosotros que no estuviera agotado, pero nos deslumbró el cariño de los profesores cubanos que nos recibían… me cargaron muchas veces, me daban besos…y además una impresión inolvidable, todos la comentábamos… qué altas son las casas de los cubanos. No sabíamos, ni podíamos imaginar, que viviríamos mucho tiempo en aquellas casas tan altas, hembras en unos, varones en otros… nuestros albergues.

¿ESCUELA DE NIÑOS MUY PEQUEÑOS?

ID_Tshirt

En los días que antecedieron a su llegada intentamos lo más práctico, conformar los grupos docentes por edades. Según los listados de su Embajada tendríamos una escuela de niños muy pequeños, todos con menos de diez años.

Y no fue así. Quien tenía 6 años en sus documentos… vino a ser frente a nosotros un espigado adolescente, sobre los 14 años.

Había una razón histórica. La noticia de la muerte de Jesucristo llegó a Etiopía ocho años después de ocurrida, y su emperador  –que se consideraba descendiente del mítico rey Salomón, y por tanto Rey de Reyes– decidió se contaran los días a partir de tan nefasto momento. Por eso, mientras cronico estas líneas, para el almanaque etíope transcurre el 2010.

Un año de trece meses, como todos los suyos. También con 365 días, pero divididos de otra forma.

Cultura rica en sorpresas –la suya–, enigmática, diferente, maravillosa. Y con más de tres mil años como país, sin someterse a nadie. Quien entró en Etiopía, hasta los fascistas de Mussolini con modernos tanques y aviones, tuvo que pelear cada día contra los enfurecidos Leones de Judea –armados muchas veces con sables y lanzas– hasta que le fue imposible resistirlos.

Para sus agresores durante tres mil años Etiopía siempre fue inconquistable.

Sargento de primera, AsmaruTessema, 14años. Soy una mujer como tantas…de la provincia de Gondar, campesina, y cuando me enteré de que mi patria estaba siendo agredida por Somalia… abandoné mi casa, sin el consentimiento de mis padres, caminé 800 kilómetros, llegué a la línea del frente… y me hice combatiente.

El alfabeto amárico, idioma oficial en Etiopía, consta de 270 letras que representan grupos de sonidos. Quien lo domina puede con toda facilidad tomar una conferencia o un discurso al ritmo del hablante y con más precisión y seguridad que un taquígrafo.

Su riqueza de vocabulario, además, es impresionante. Apunto solo un ejemplo. Si un grupo de ambos sexos va caminando y recibe la voz de nei, se detienen solo las hembras y regresan. Pero si la voz es na, regresan los varones y las hembras continúan. Si la orden fuera nu, hembras y varones se detienen de inmediato y regresan juntos.

¿Vio qué fácil? Inténtelo en nuestro idioma…

MUY DIVERTIDAS LAS PALABRAS

Alumna BirtukanHaymanot, 10 años. Hablo el oromiña, idioma de mi tribu, el de la vecina y el amárico. Ahora aprendo español… y me resultan muy divertidas las palabras. Muchas son iguales al amárico, pero significan cosas diferentes. Yerba aquí es una planta, para nosotros significa espalda. A lo que llamamos lápiz los cubanos le nombran goma, y al revés, goma para ellos… es lápiz para nosotros.

Esas cosas me dan mucha risa… como cuando al profesor Antelo le dio por preguntar de muletilla… verdad… y todas las hembras mayores se abochornaban al pensar que las estaba invitando a hacer cosas malas… con hombres… y después nos enteramos… de que solo quería saber si le habíamos entendido lo que acababa de explicar.

O cuando llegó la profesora rubiecita, que tiene cara de niña… se presentó diciendo que su nombre era Tania. Y un momento después, un compañero suyo le dijo Tanita. Y nos sonó como tanika, latica en amárico. Vaya que risa… la profesora… ¡Latica!

Entre los recuerdos del primer día está el de los horarios. Cuando iniciamos la explicación… por las horas de entrada al comedor, y dijimos que el desayuno comenzaría a las seis… se levantó un intenso bisbiseo, con desagrado, ningún estudiante estaba de acuerdo, ni siquiera los profesores etíopes.

Desconocíamos que su día cuenta solo doce horas, las de una misma jornada de sol. Desayunar a las seis, les resultaba inaceptable. Era una propuesta tonta. Sería a la una de la tarde nuestra. Muy demorado para el primer alimento diario, ¿o no?

Alumna Beletu Denisse, 13 años. No tengo familia a donde regresar, mi aldea fue arrasada por los somalíes. Mi padre fue el último en morir. Cuatro veces peleó junto a los cubanos, y decía que eran tan sin miedos en el combate como el más valiente de nuestros guerreros. Y que hasta lo eran más todavía. No luchaban por su propia patria, si no por la nuestra…Ahora tengo una madre y un padre cubanos.

Beletu era brillante en el aprendizaje. Fuera del aula, era muy mitmitá, habladora, pero también muy afable y dispuesta siempre a cooperar. Un día me tejió una churrupa, una trenza corrida, en el antebrazo. Y otro, me regaló un dibujo donde aparecía yo tan peludo como un oso.

Mi esposa la apreciaba tanto que un día hasta logró le autorizaran un permiso especial para tener a Beletu un fin de semana con nosotros en casa.

A la hora de la cena quisimos agasajarla con lo mejor a nuestro alcance, y se le puso delante un gran plato de congrí bien sazonado con manteca de cerdo, un bisté rebosado con cebollas sofritas y una fuente de crujientes tostones.

Beletu, nos miró con ganas de llorar. Pero no dijo nada. Y empezó a lanzarse cucharadas de congrí a la boca y tragarlas sin masticar. El bisté y los tostones los mordía a punta de dientes…

Después supimos que hizo un esfuerzo enorme para no ser descortés… en Etiopía, al matar un animal para comer, lo primero es quitarle la grasa y botarla bien lejos. Alimentos mantecosos, fritos, jamás. ¡Qué asco!

A UN SOLDADO NO SE CARGA

Soldado-alumno AyelewTadesse, 13 años. Combatí en la batalla de Karra-Marra, la misma que le da nombre a nuestra escuela cubana. Allí los invasores somalíes fueron obligados a retirarse de la cordillera, no pudieron sostenerse frente a nosotros, combatiendo junto a los cubanos.

Durante el resto de la guerra serví como guía, radista y observador. Recuerdo que en una ocasión un compañero y yo nos adentramos bastante en una zona tomada por los enemigos…  y desde nuestra posición avanzada podíamos captar sus trasmisiones de radio. Mi compañero entendía el somalí y me decía lo que estaban trasmitiendo, entonces yo llamaba al mando nuestro y le informaba todo lo que decían.

Participé también en los combates de Fedis, Jarso, Kombelcha, Jijiga y Chinakson, entre otros. Quisiera ser piloto combate…

Ayelew es muy pequeño, en la guerrilla apenas si sobrepasaría el tamaño de su AK.Y su cuerpo ni siquiera comenzó todavía un verdadero desarrollo adolescente. Es… un niño, o más que todo… un niño.

Saco de mi bolsillo los últimos dos caramelos rosados, los que más le gustan, los que reservé para él. Los toma a la manera etíope, con la palma de la mano izquierda hacia arriba, sujetándola por el antebrazo con la derecha, al tiempo que se inclina en reverencia. Cuando los recibe, me sonríe. Luego adopta posición de firmes y me hace el saludo reglamentario de su ejército.

Yo, junto los talones y le correspondo con nuestro más riguroso saludo militar.

Ayelew está ahora muy serio.

Quisiera levantarlo en mis brazos, besar sus manitas de pólvora y balas, empinarlo hasta el cielo, pero su seriedad lo impide. A un soldado no se carga.

(*) Colaborador

Foto: Archivo
Isla de la Juventud

One Reply to “Etíopes en la Isla: recuerdos y asombros

  1. Oye Mi Hermano, muy hermoso tu articulo, me gusto y me trajo nostalgia, aca en Toronto hay muchos Etiopes y tambien Eritreos, que ahora es un pais mas de Africa y fue hace muchos anos una Provincia de Etiopia, tengo en el Club de Pintores de Adultos Mayores a un Eritreo que pinta muy bien, es mi amigo…una pregunta: Publicaste ya tu novela?, no entrenaste mas defensa personal?, Donde estas trabajando?, ya te retiraste…Yo estoy retirado y estoy pintando mucho en casa, para entretenerme y alejar el Alzheimer. Me alegra mucho saber de ti, mi amigo Wiltse, cuidate mucho, un abrazo grande y calido.
    Juan Clemente, desde Toronto City.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *