Estampas desde la comunidad

Los pequeños de casa fueron quienes más sufrieron los días de encierro que el nuevo coronavirus impuso. Lejos quedaron el bullicio de los recesos en la escuela y las tardes de “mataperrear” por el barrio mientras que la computadora se volvía el mejor aliado de casi todos.

Foto: Yenisé Pérez Ramírez

Por suerte eso ya pasó. Con la vuelta a la normalidad los juegos tradicionales como el baile del trompo, las bolas, los escondidos y la pelota reclamaron la atención y el encuentro fraternal tan necesario.

Ahora en cualquier esquina de esta Isla se aprecian los grupitos de niños y niñas aprovechando al máximo su tiempo bajo el astro rey.

En mi barrio el béisbol casi quedó en el olvido. La frase del momento cada tarde frente a mi casa –cantada por vocecitas chillonas con más precisión que un árbitro o un narrador deportivo– “es ¡out papa, dale, bajando que eso fue out!”

Y uno no puede menos que sonreír porque no hay pelotas, pero pasan de casa en casa buscando pomitos de medicina vacíos y al final el juego va, aunque para ello deban esperar a que pasen los habituales truenos –porque los vecinos los regañan si andan descalzos–, según aseguran, así se corre mejor.

En su afán de divertirse de vez en vez arrastran a más de un adulto para que desde el balcón anime el juego.

Quizá la pequeña liga de mi barrio sea cantera de grandes peloteros del futuro, quién sabe si la de otras comunidades lo sea también. Por el momento basta con la sonrisa que sacan cada día.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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