Esperanzas de izquierda en América

“No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”, reza un viejo refrán popular que bien pudiera servir para calificar el contexto político en la América actual.

Si hace una década atrás la coalición de los gobiernos de esta región representaba una esperanza para el desarrollo de los pueblos, esta situación de ensueño poco duró.

Hoy solo la resistencia inquebrantable del pueblo chavista ha logrado mantener viva la revolución bolivariana pese a los constantes intentos de destruirla, mientras un impulso sostenido a la economía –al punto de ser la de mayor crecimiento en América Latina–ha sido uno de los grandes logros del mandato de Evo Morales, lo que le garantiza el apoyo de la nación boliviana.

Bien distinto fue el caso de Argentina, Ecuador y Brasil donde, tras el logro de democracias establecidas, de desarrollo económico y social, la falta de visión de los hombres y la creencia en falsas promesas pronto socavó todo lo logrado.

Así, nombres como Rafael Correa, Cristina Fernández y el binomio Lula-Dilma se vieron “sepultados” por otros que resultan sinónimos de desempleo, despidos, poca atención sanitaria y corrupción.

Por solo citar algunos ejemplos de la “labor” de personajes como Macri, Lenin Moreno y el “Mesías” Jair Bolsonaro, se pueden mencionar la persecución política y el acoso judicial en Ecuador contra figuras como el exvicepresidente Jorge Glas, el excanciller Ricardo Patiño y el propio Correa, con el fin de descabezar a la revolución ciudadana y sucumbir ante la regresión neoliberal.

La Argentina de Macri también ha estado marcada por las políticas neoliberales que favorecen solo al sector más rico, mientras le dan la espalda a un pueblo cada vez más pobre y endeudado.

El panorama de Brasil, por su parte, se desarrolla en un polémico bucle de protestas contra medidas que rozan la sátira política. Por un lado, recortes de fondos en educación y la premisa de transferir la financiación de la enseñanza pública universitaria al mercado a través del proyecto Future-Up.

Por otro, calumnias contra el programa Mais Médicos –que derivó en la salida del país de los galenos cubanos–, dejando tras de sí un sistema de salud deprimido donde la idea de una atención médica universal no es más que una quimera y para cerrar con broche de oro, se le suman acusaciones de nepotismo.

En medio de este torbellino pareciera que SUFRIR las consecuencias de pésimas decisiones políticas ha hecho

reemerger las ansias de soberanía e igualdad antes conquistadas.

Esta es la explicación para que los mismos pueblos que pusieron en el poder a Macri, Moreno y Bolsonaro, pretendan revertir la situación de una vez y por todas.

No se puede negar que la tarea es compleja, pues el hambre de poder resulta insaciable y más si se tiene el apoyo de una potencia como Estados Unidos –que “de manera casi invisible extiende su ayuda desinteresada y en lo absoluto injerencista”–, pero poco a poco se ha avanzado.

Hace solo unos días el expresidente de Ecuador, Rafael Correa, planteaba la posibilidad de regresar a la política para defender las conquistas de la Revolución Ciudadana pese a las acusaciones de corrupción lanzada por la derecha en su contra.

En el gigante sudamericano las protestas estudiantiles, en centros de salud por parte de mujeres indígenas reclamando sus derechos, y las manifestaciones en toda la nación ante la propuesta de reforma a la seguridad social, se unen a las campañas por la liberación de Lula, quien representa la esperanza del cambio.

Y si esto fuera poco, la noticia de la aplastante derrota de Macri en las elecciones primarias ante la dupla Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner-47.32 por ciento de los votos frente a un 32.28, para muchos un vaticinio de lo que sucederá en octubre- pone de manifiesto que es hora ya de acabar con los regímenes opresivos.

Habrá que estar muy al tanto de cómo se sigue desarrollando el escenario político en América –que con suerte y acaba también con el gobierno fascista y mercantil de Trump en la Casa Blanca–. Por el momento, las manecillas de esta brújula apuntan a una vuelta a la integración.

Isla de la Juventud Opinion
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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