Es hora de romper viejos esquemas

Mi deseo como aficionado de ver jugadores de mi terruño representando a Cuba me ha hecho reflexionar sobre algunos posibles inconvenientes que conspiran con el hecho de no contar con figuras en las preselecciones a la III Copa del Caribe, con sede en Willemstad, Curazao, y el Preolímpico de las Américas en Florida, EE. UU.

El béisbol es un deporte de conjunto, lleno de misterios, sorpresas y hechos imprescindibles, pero ya no podemos decir que los argumentos esgrimidos por los especialistas encargados de conformar las preselecciones resultan ambiguos y poco convincentes.

En este caso están los que se lo ganaron, excepto algunas individualidades que podrían por su rendimiento haberse incluido, como son los casos del receptor cienfueguero Richel López; el jugador de cuadro capitalino Jorge Enrique Aloma; el jardinero de Pinar del Río, Yasser Julio González; o el entrenador de bateo de Las Tunas, Abeysi Pantoja, quien en las últimas temporadas ha ubicado a su equipo entre los primeros a la ofensiva.

Ahora con la entrada del antesalista guantanamero Luis Ángel Sánchez, la Isla se convierte en el único elenco que no aportó atletas a estos entrenamientos. ¿Qué sucedió?¿Será tarea de adivinadores? Nada de eso, muchos aficionados conocen parte del problema, lo evidente, pero no tienen elementos para desentrañar en muchos casos las causas reales que originan la hecatombe.

Quién duda de la calidad de talentos como Eliseo Rojas, ambidiestro, rápido, explosivo en las bases que terminó promediando por encima de 300 de average; de Jordanys Acebal, receptor de solo 25 años de edad con potente brazo y una maestría envidiable para recibir detrás del plato.

De Luis Ángel Rojas, otro que demostró tener nervios de acero cuando debutó en la pasada temporada y logró un desempeño incuestionable en la esquina caliente, de Leonardo Urgellés, que a pesar de las lesiones que en las últimas campañas lo han maltratado, terminó la 60 Serie Nacional con promedio ofensivo de 309, nueve cuadrangulares y 34 carreras impulsadas, o de Jonathan Carbó que a pesar de su juventud se ha convertido en la principal figura del montículo de los Piratas.

Podría mencionar varios ejemplos más, pero los resultados deportivos, esos que miden realmente el rendimiento del atleta, se logran con disciplina, entrega y dedicación a los entrenamientos, los que son indispensables para lograr metas superiores.

La nueva dirección de los filibusteros tiene dentro de sus objetivos rescatar ese juego alegre, lleno de entrega, combatividad, armonía y colectivismo que siempre ha caracterizado a nuestra escuadra. Uno de los desaciertos en las anteriores contiendas es el poco equilibrio entre los jugadores jóvenes y el resto del equipo, por las pocas oportunidades que estos han recibido. Cuando la pelota avanza mucho nos obliga a romper esquemas y aumentar la sistematización del juego y los entrenamientos, utilizando la repetición para perfeccionar la técnica, trabajando fuerte e incrementando el nivel de dificultades a vencer; y sobre todo, poner la creatividad e imaginación en función de lograr las metas con voluntad, espíritu y convicción, pensando siempre en la afición que los sigue y apoya.

(*) Colaborador

Deporte Isla de la Juventud
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