Entre todos podemos

El programa Buenos Días de la Televisión Nacional sigue de cerca los temas del lenguaje y modo de hablar de la mayoría de los cubanos que con frecuencia cae en la chabacanería y olvida en un alto porciento la riqueza del idioma Español, útil en el cultivo de las buenas relaciones interpersonales y sociales.

Muchas veces se culpa a la familia, otras a la escuela y finalmente no hallo el Punto X. La realidad es que la pérdida de normas de cortesía y educación, así como de valores gana terreno.

En ocasiones escucho a jóvenes de distintas edades, tanto de un sexo como del otro, soltar una de las peores expresiones groseras  en la calle. No existe el respeto hacia las personas que los rodean, bien sean niños, adultos mayores o ancianos.

Debería de darles pena esa conducta; cuando los que peinamos cana teníamos su edad, el vocabulario era medido, respetuoso, y quienes se atrevían a alguna expresión inapropiada quienes le rodeaban enseguida le salíamos al paso no solo con críticas sino también con consejos, y eso devenía en una manera muy efectiva de cultivar las mejores expresiones y valores.

Pero hoy no siempre ocurre así y no todos le salen al paso ante vulgaridades y manifestaciones irrespetuosas.

Pienso que si todos ponemos un poquito de sí, contribuiremos a que dominen mejor la lengua materna y la defiendan como elemento esencial de nuestra identidad y expresión al mismo tiempo de educación, solidaridad, humanismo.

Si en un centro de trabajo se dice un improperio y todos lo repudian, ese obrero queda solo y acorralado y eso lo obliga a reflexionar y hasta rectificar.

Soy del criterio que si el movimiento obrero y las organizaciones de masas y estudiantiles se lo proponen pueden ayudar aún más. Si se promueve una campaña acerca del buen hablar podríamos conseguirlo.

Incluso los Comités de Defensa de la Revolución y la Federación de Mujeres Cubanas en las cuadras y delegaciones deberían tocar más el asunto en sus reuniones y en cada espacio como parte de la formación de los mejores valores.

Hace algunos días, en el Paseo Martí de la capital de la Isla de la Juventud, un grupo de jóvenes–conformado por hembras y varones– trataba de enseñara un extranjero a pronunciar palabras de las peores de esa jerga chabacana de mal gusto y por encima de los volúmenes adecuados para ese sitio público, mientras compartían una botella de ron.

Cuando ese hombre regrese a su país y descubra el significado de esos vocablos, no podrá decir que encontró una población culta.

No se puede permitir que un grupito empañe la imagen de un pueblo verdaderamente culto, con elevados niveles de instrucción que da muestras al mundo de educación, sensibilidad humana y otros valores reconocidos internacionalmente.

(*) Colaborador

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