Entre flores anda Lobita

A la edad de 41 años Lobita comenzó a trabajar en Cayo Largo del Sur, hoy a los 66 y luego de un cuarto de siglo de desempeñarse en el polo turístico, lo siente más suyo que su propia casa en La Reforma.

Sí, parece un problema matemático, pero saque cuentas usted amigo lector para que sepa cuántos días de su vida esta hacendosa y cálida mujer ha dedicado a un sector vital para la economía de la nación. Viene a convertirse entonces, sin proponérselo, en ejemplo ante las nuevas generaciones de trabajadores, de sentido de pertenencia y amor por lo que se hace, sentimiento, que al decir de ella, es el que la mueve a permanecer allí.

Lo de lobita se lo debe a su marido que es de apellido Lobo. Si usted pregunta por Engracia Vega Rojas nadie dirá conocerla, en cambio Lobita dice mucho para todos, en especial para Ismael Sabón Prevost su compañero de largas horas de faena. En un recorrido por el destino turístico este equipo de reporteros tuvo el privilegio de encontrarla y gustosa aceptó a contar su historia.

“Empecé aquí cuando mi esposo que trabajaba en la Marina me trajo en el 91. Comencé como camarera pero también he sido fregadora y jardinera en varios lugares; he hecho varias cosas en estos años, pero lo que más me gusta es lo que hago en la actualidad. En un día normal me dedico a deshierbar, limpiar el lugar, atender los animalitos que tenemos, siembro y pongo lindas las planticas.

“Recuerdo que cuando comencé no sabía nada de jardinería y fui aprendiendo, primero estuve en un vivero y luego pasé para acá”.

No tiene preferencia entre las variedades y dice: “Todas me gustan, por ejemplo, esa Isora es muy bonita; tanto la doble como la sencilla me encantan y también aquellas y esas de allá”, explica mientras señala.

“Tengo una familia hermosa en la Isla; tres hijos, dos hembras y un varón, el más chiquito tiene 34, la que le sigue 41 y la otra 47. Cuando me mudé de Oriente para acá ya ellos estaban en la primaria y sí, me las arreglé bien en esa etapa, los mismos vecinos del barrio y mi esposo me ayudaban. No, que va, para nada fue un sacrificio porque acá soy feliz. Ya están acostumbrados a que vaya y venga, siempre ha sido así. Desde pequeños saben hacer de todo y eso es bueno, lo mismo las hembras que el varón. Tengo también seis nietos varones, bellos y dos bisnietas. Que cómo le hago en los cumpleaños… Mira, se pide permiso y aunque sea dos días te dejan ir.

“Es verdad, he estado más tiempo en el Cayo que en la casa, ufffff mucho más, pero estoy adaptada, me gusta el lugar, mi trabajo, mis planticas, todo, fíjate que traigo de la Isla y las siembro. Tengo buena mano, pocas se me secan.

“Cuando tenía la edad para jubilación un director que tuvimos de apellido Polo me dijo: “Ven acá Lobita, te vas para otro trabajo o te jubilas…”

Y le dije: “Aquí me quedo y termino….

“Pienso estar dos o tres añitos más. Los hijos me tienen loca, mami retirarte, y les digo, no, no, déjenme tranquila”.

No recuerda la última vez que recibió medalla o reconocimiento por sus años de labor, pero eso no le preocupa, solo le importa hacer lo que sabe y bien, así vive, con la laboriosidad como actitud ante la vida, convirtiendo cada día de trabajo en amor visible y el florido color de las emociones.

Isla de la Juventud
Yojamna Sánchez
Yojamna Sánchez

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

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