En nuestras manos un verano por la vida

Primero lo primero. Sí, llegó el verano y con él el sentido de diversión y esparcimiento, pero…las actuales condiciones son atípicas y ello es suficiente para que seamos más conscientes de lo habitual respecto a temas como la profilaxis y la seguridad individual y colectiva.

Aunque por más de dos meses en la Isla no se han reportado casos positivos de coronavirus y todos coincidimos en lo bueno de estar en la segunda fase posCOVID –en la cual se puede disfrutar de playas, piscinas, parques y restaurantes–, es importante que, como se dice popularmente, “el relajo sea con orden” y no se pierda la percepción del riesgo en torno tanto a la COVID-19 como a otras tantas afecciones comunes en esta etapa.

Insolaciones, brotes diarreicos, aumento de las enfermedades de trasmisión sexual, incremento en la focalidad del Aedes aegypti y de accidentes de tránsito y en el hogar, mayor consumo de bebidas alcohólicas y otras sustancias adictivas son solo algunas de las condiciones asociadas a este período del año que acarrean en mayor o menor medida perjuicios para la vida.

Por ende la cuenta está clara, no vale la pena poner en riesgo la salud por disfrutar de experiencias efímeras. En materia de recreación todo cuanto se haga durante julio y agosto puede ir aparejado con la cultura sanitaria.

El lavado frecuente de las manos, el uso del nasobuco y el hipoclorito y la no ingesta de alimentos de dudosa procedencia han demostrado ser armas efectivas contra varias afecciones y lo mejor es que su puesta en práctica no tiene límites.

Tengamos en cuenta que aunque no haya coronavirus aquí, el cambio climático se ha empeñado en proveernos un poco de polvo del Sahara y está cargado de ácaros, hongos y bacterias que pueden ocasionar desde enfermedades respiratorias agudas hasta alergias y problemas en la piel.

Por otro lado, en esta ínsula ya es tradición el “abrazo de los ciclones”, así que mantener patios y zanjas limpios nos evita contratiempos ante la inminencia de alguno y de paso nos libra de los mosquitos –que constituyen un peligro constante– y de las multas, impactantes también en la economía hogareña.

La realidad es que si queremos vivir como dice el lema de este año, un Verano por la vida, no bastan las indicaciones de las autoridades o los mensajes de los medios de comunicación, el interés y la disciplina deben partir de cada uno.

Nada cuesta predicar con el ejemplo en tiempos complejos como estos. A madres, padres, abuelos, hijos, vecinos y amigos que tengan en sus manos la responsabilidad de aconsejar o velar por la salud de otros, es este el momento de mayor exigencia.

El 2020 ha puesto a prueba a la humanidad y en la Isla encontró una fuerte resistencia, sigamos con el buen trabajo para disfrutar al máximo este verano y los que están por venir.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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