En buenas manos la continuidad

Foto:Irene Pérez

El histórico momento que vivimos los cubanos este abril de victoria como la de Girón y de nuevos guerrilleros y milicianos que se resisten a entregar las banderas de la Sierra y del Ejército Rebelde, no quedó en las solemnes sesiones que iniciaron la Novena Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, al contrario.

Conmueven, nos sacan lágrimas, quedan en la memoria y reafirman sentimientos las emociones y simbolismos de los abrazos estrechando generaciones, de las palabras sencillas pero comprometidas, de los aplausos prolongados que devinieron otra votación y hasta multiplicaron muchos en casa, junto a las demás circunstancias enaltecedoras, pero no dejan ahí la altura del tiempo transformador que vivimos y que ahora abre una etapa promisoria.

Lo dijo bien claro, como todo un epitafio, Miguel Díaz-Canel Bermúdez desde sus primeras palabras al ocupar el cargo de presidente de los consejos de Estado y de Ministros de Cuba:

“Asumo la responsabilidad con la convicción de que todos los revolucionarios, desde cualquier trinchera, seremos fieles a Fidel y a Raúl, líder actual del proceso revolucionario”.

Hermanada con el principio de cambiar todo lo que debe ser cambiado, convocado por Fidel anda la lealtad, esa virtud imprescindible que hace que la continuidad no sea la ruptura con la que sueñan quienes quieren vernos divididos y descuartizados.

En días en que la incertidumbre y la desesperanza de naciones enteras envalentonan a los poderosos a amenazar, humillar y agredir, los cubanos reafirman su dignidad, resistencia y unidad, su camino socialista, la confianza en sus jóvenes, mujeres y su enriquecedora diversidad, como demostraron las recientes jornadas de un Parlamento que vibró en calles, barrios, colectivos y hogares de la Isla de la Juventud como en toda la nación, en una sociedad que es más que civil, para acuñarla al modo de los que quieren reducirla y manipularla en foros del orbe, porque su pueblo hace política, gobierna y es poder real, lejos de los show de debates televisivos entre candidatos del don dinero.

Los seguidores de Martí y Fidel cultivan la grandeza con la humildad de sus hijos, como la naturalidad del jefe de Estado que concluye su segundo mandato con el más alto reconocimiento popular y se comporta como el más sencillo diputado, que de pie muestra el certificado, como si la oficial de sala no supiera quién es, para enterarnos luego que ni siquiera integra el nuevo Consejo de Estado, como también lo hiciera Fidel, con ejemplar modestia.

Así también se comporta el joven presidente, con casi tres décadas menos que el General de Ejército, a quien le devuelve el abrazo con emoción y respeto de hijo agradecido, que aún recuerdan en Santa Clara y otros lugares como el dirigente juvenil y partidista que andaba en bicicleta saludando a vecinos, y por su personal estilo de dirigir, dialogando con la gente y recorriendo colectivos, se ganó la admiración de sus compatriotas.

Similares cualidades y desprendimiento podrían decirse del presidente ratificado al frente de la Asamblea Nacional –Esteban Lazo– y de quienes conforman el Consejo de Estado. Son virtudes hechas Revolución y pueblo que cabalgan a lo inmenso porque está en buenas manos la continuidad.

Elecciones generales 2017-2018
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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