Empeñados en la excelencia

Las nuevas crías son ejemplo del trabajo sistemático. Foto: Pedro Blanco Oliva

En reiteradas ocasiones nos han convocado, a partir de las complejidades actuales, a hacer cada quien lo que le corresponde con eficiencia y calidad.

Y esa es la máxima que prevalece en el colectivo del multiplicador porcino La Reforma, perteneciente a la Empresa Ganadera, donde están empeñados en alcanzar la excelencia en su gestión.

Una visita al lugar permitió conocer cómo en aras de ese propósito se dan la mano higiene y dedicación en su delicada tarea.

Francisco muestra las iniciativas para garantizar una alimentación de mayor calidad. Foto: Pedro Blanco Oliva

Allí, como un trabajador más, encontré a Francisco Perera Rodríguez, administrador, quien me informó acerca de los objetivos principales de un centro encargado de garantizar el remplazo de las reproductoras de los sectores estatal y cooperativo, aunque también aportan con precebas de alto valor genético.

“Hasta la fecha cumplimos los planes de entrega –señala–, aunque el déficit de pienso en el territorio conspira en ocasiones contra las ventas”.

Volvemos a hablar del propósito de alcanzar de nuevo este año la condición de Excelente y significa que no hay problemas en cuanto a la producción y todas las medidas higiénico sanitarias, pero será necesario realizar algunas acciones con vistas a mejorar la presencia de la instalación, asegurar el transporte para el traslado de los trabajadores y otras cuestiones encaminadas a garantizar una buena atención al hombre.

Un recorrido por la unidad, en especial por las naves maternidad, reproducción y desarrollo, da la medida del arduo trabajo de los técnicos que mantienen animales de alta calidad.

Otro hecho que distingue al colectivo es el empleo de múltiples iniciativas para mitigar las carencias materiales. Entre sus iniciativas emplean una concretera para lograr una mezcla homogénea en las diferentes clases de pienso que preparan.

También enfrentan la escasez de agua, de vital importancia para este centro, aunque con una pequeña inversión amplían capacidades a una distancia de 100 metros aproximadamente.

Los dejo en plena faena, allí no hay descanso, siguen en la limpieza de las naves, la vacunación de los animales recién nacidos, la alimentación a su hora y otros detalles.

Ahora que entró en vigor el título III de la Ley Helms-Burton, cada vez más se necesitan colectivos como este, con sentido de pertenencia, decisión de triunfar y compromisos productivos para aportar más.

El quehacer veterinario garantiza salud y calidad. Foto: Pedro Blanco Oliva
Isla de la Juventud
Pedro Blanco Oliva
Pedro Blanco Oliva

Licenciado en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomado en Periodismo con más de 40 años en la profesión

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