¡Ella es Sheila, caballeros!

TRES días antes le habían dado la mala noticia de que no había aprobado en el ISA, cuando recibió una llamada que le alivió la tristeza. «Buenos días», escuchó por el auricular y, bien educada como es, respondió con agilidad el saludo. «Mi amor, estoy hablando con Sheila, ¿no?», le preguntaron del «otro lado». «No, estás equivocada, hablas con Karla», le rectificó. «¡Equivocada estás tú! —le dijo Yoanky Despaigne, la asistente de dirección de El rostro de los días. Tú te llamas Karla Domínguez Pierre pero a partir de ahora eres Sheila, porque has sido la actriz escogida…».

«Mira, no sabía cómo reaccionar, porque todo me parecía increíble», confiesa esta muchacha tan orgullosa de ser pinera, que lleva tatuada en su mano la Isla de la Juventud de sus amores y quien le continúa narrando a JR lo que ocurrió ese día inolvidable para ella. «Era una sorpresa tan buena, tan alentadora, detrás de aquella que me había echado un cubo de agua fría encima, que no me creía lo que me estaba pasando, pero la responsable del casting no dejaba de darme señales para que supiera que todo era verdad. “Dime cómo vamos a hacer: ¿te llevamos los guiones o vienes a buscarlos y de paso conoces a tus ‘padres’?”. Recuerdo que cuando por fin pude llegar estaba tan nerviosa que no paraba de repetir: “Pueden estar seguros de que no los defraudaré, yo me voy a esmerar. Gracias por confiar en mí”.

«Debo decir que mis “padres” se pusieron muy contentos, pues cuando hice la prueba con Tamara Castellanos y Roberto Salomón ellos presentían que yo sería la Sheila, no solo por ese “aire” familiar, sino porque desde el principio hubo mucha química».

‒¿Pero cómo te enteraste de la posible grabación de esta telenovela

Rodrigo Gil (Saúl), Karla Domínguez (Sheila) y Liliana Sosa (Lía), momentos antes de la primera escena que grabaron juntos. Foto: Cortesía de la entrevistada

‒Estando en cuarto año de la ENA. Antes, mi paso por la televisión se circunscribía a dos segundos en un Tras la huella y a estar de figurante, muy, muy figurante, en un telefilme titulado H2O, de modo que El rostro de los días representó mi entrada en grande en ese medio. Durante el rodaje luego se me dio la oportunidad de estar en Decisiones, con Omar Alí, el cual fue transmitido recientemente en el espacio Una calle mil caminos.

«Yo soy de la generación de los muchachos que en Entrega interpretaron los personajes de Iliana, Patricia, Lucas, Samantha, Jessica, Luanda…, mientras ellos grababan esa telenovela yo rodaba El rostro…, de cuya existencia supe por uno de mis compañeros de aula, Pedro Antonio Martínez (Lucas), quien me llamó a la Isla, donde me hallaba de vacaciones, para decirme que en el casting buscaban dos hermanos, que tenía que venir “corriendo” para acá. “¿Tú estás loco? ¡No puedo, hace cuatro meses que no comparto con mi familia! ¡Y sin pasaje!”, intenté negarme. “Oye, muévete rápido”. Bueno, pues le hice caso. Nos presentamos, mas, lamentablemente, no lo eligieron a él que tanto quería trabajar conmigo, porque se veía “mayor”

Motivada por Pedro Antonio Martínez, Karla se presentó al casting de El rostro… Foto: Cortesía de la entrevistada

«Durante dos meses estuve optando por Sheila. Junto a mí había muchas muchachas con la edad del personaje, yo era la única que estaba por encima, pero solo supieron que había cumplido 21 cuando firmé el contrato (sonríe). Y es que aunque en la pantalla me vea un poco gordita, en verdad peso 46 kg… A Lilita (Liliana Sosa) no la conocía, para la prueba nos tocó la escena del test de embarazo, aquella en que yo le aconsejaba: “¡Tienes que hablar!”. Te juro que terminamos llorando las dos. Entonces ella se viró hacia donde se encontraban Nohemí Cartaya y Felo Ruiz, los directores, y les dijo: “¡Ella es Sheila, caballeros!” (sonríe). Es que se sintió muy bien conmigo»

Karla Domínguez y Liliana Sosa. Foto: Cortesía de la entrevistada

‒¿Cómo te fue con Sheila?

‒Mira, yo soy muy responsable con mi trabajo, una cualidad que me dio la ENA, donde me enseñaron que el proyecto que asuma, sea pequeño o grande, debo procurar hacerlo bien, ponerle todo mi empeño, todo mi amor, toda mi profesionalidad. De modo que justo así actué en el rodaje de El rostro de los días. Como era primeriza no me callé ninguna duda, pues desconocía el medio, no sabía lo que era un boom, una balita…, sin embargo, me sobraban las ganas. Y sí, me creí mucho, mucho, mucho, que era Sheila, al punto de que dejé de vestirme como de costumbre para usar batas con florecitas y llevar motonetas

Con su «papá» en la telenovela, Roberto Salomón. Foto: Cortesía de la entrevistada

«Entre los cuatro: Tamara, Roberto, Eddy Briggs (Marcos) y yo armamos una familia espectacular. Imagínate que Eddy tenía 13 años y yo 21, por lo tanto vivía arriba de él para que no se ensuciara o buscándolo para ensayar. Ese control que el público apreció de Sheila sobre Marcos sucedió en la vida real, y él lo sintió como si en verdad se tratara de mi hermano menor. Fíjate que hoy por hoy yo soy para él su “Tata”. Y nuestros “papis” nos ayudaron siempre, con recursos actorales, consejos… Jamás nos dejaron solos

Los cuatro creamos una familia espectacular, afirma Karla, quien aparece junto a Tamara Castellanos, Eddy Briggs y Roberto Salomón. Foto: Cortesía de la entrevistada

«Ha sido enorme la influencia de este personaje sobre Karla. Hasta mi mamá me dice: “¡Cómo has cambiado! Te veo un poquito más madura”. Y es que Sheila me ayudó a evaluar algunos aspectos de la vida al tiempo que hizo que me preocupara por cuestiones en las que antes no pensaba, al menos no de esa forma que ella lo hace, y hasta empecé a buscar la manera de ayudar en todo lo que podía en mi casa».

‒Me imagino que debe haberte dado mucha alegría haberte encontrado en El rostro… con un coterráneo, Niu Ventura…

‒¿Tú sabías que Niu fue quien me examinó para la ENA la primera vez? Luego dejamos de vernos hasta que coincidimos en El rostro de los días. Al encontrarnos me dijo: «Yo estaba convencido de que ibas a llegar aquí». A Niu lo conocía, además, porque su prima estudió conmigo en la primaria. De la Isla de la Juventud son también el dúo Iris y Giordano Guerra, cuyas hermosas canciones se han estado escuchando a lo largo de la telenovela como Nana para despertar, de los primeros; y Piedra lunar y Sueño azul, del segundo. Como ves hay mucho, mucho talento en la Isla, pero es una isla, otra isla.

«Ojalá cuando la pandemia pase pueda ir a impartir unos talleres de actuación que me han solicitado. Lo haré con inmenso gusto, para mí será un honor. Me encantaría que el teatro y la actuación alcanzaran un verdadero desarrollo en ese trozo de tierra que quiero con el corazón, donde yo nací. Allí hay muchos con sueños que han ido postergando, porque son muy jóvenes, han perdido las esperanzas o porque todo el mundo no se lanza a luchar contra viento y marea. Pero es triste, pues poco sucede desde el punto de vista cultural, poco hay para nutrirse y elevar el espíritu».

‒Después de Sheila, ¿cuál es el próximo personaje?

‒Solo te puedo decir que será un personaje de una serie de Mariela López, la admirada directora de La sombrilla amarilla y Mucho ruido. Ya quiero que llegue ese instante.

‒¿De qué manera se produjo tu acercamiento al arte?

‒Primero a través de la música y la danza… Si había una carroza y una comparsa en la Isla de la Juventud, allí estaba Karla como la primera. Asimismo perseguía cuanto taller se convocara en la Casa de la Cultura, aunque en ese tiempo la actuación no pasaba ni por mi cabeza. Hasta que llegó el momento de decidir qué haría con mi vida, qué iba a estudiar. Solo tenía un convencimiento: quería ser artista, no ingeniera, ni médico.

«Y para alcanzar mi sueño, en noveno grado me presenté a los exámenes de actuación. Preparándome para ese momento descubrí que este arte me llenaba, que me invadía de felicidad, que a través de esa carrera maravillosa podía cantar, bailar, convertirme en muchos personajes para contar historias… Fue muy lindo porque el horizonte se me empezó a abrir, y supe de Shakespeare, de películas cubanas que jamás había visto, de Chaplin… Nació una pasión que me era desconocida. Así que me presenté a las captaciones pero no me aceptaron la primera vez, tampoco la segunda…»

Siempre he estado rodeada de ingenieros: mi pareja es metalúrgico, señala la joven actriz. Foto: Cortesía de la entrevistada
‒¿Y no te sentiste defrauda después de dos intentos?

‒Mira, la primera vez tomé todos los señalamientos en buen plan porque mi objetivo era uno solo: estudiar en la ENA. Ya en la segunda no pude evitar las lágrimas ni la decepción. Hasta me atreví a pensar que no lo intentaría más, pero ese estado de derrota duró muy poco. A la tercera oportunidad, mientras cursaba onceno grado, en tanto todo indicaba que tal vez sería ingeniera química, volví a la carga, a luchar por aquello que me desvelaba. Quedé entre los cuatro seleccionados durante las captaciones para venir a La Habana a someterme al proceso, y fui la única que aprobé. ¿Te imaginas mi alegría?

‒¿Cuál fue la diferencia esta vez?

‒Se había producido un cambio físico enorme. El léxico había mejorado muchísimo, también mi cultura general. Había vencido cada uno de los parámetros que Corina Mestre me había señalado. Y ya en La Habana me sentí muy bien, sobre todo al verme rodeada de gente de mi edad con tantos deseos de estudiar actuación como yo. Claro, aprobar significó que tuviera que pasar nuevamente por décimo grado, con lo cual mi familia pegó un grito en el cielo…

‒¿Sí? ¿Y por qué razón?

‒Mi familia sabía que deseaba ser actriz, pero no estaba preparada para mi partida y entró en shock. A esa hora empezó a pedirme que concluyera el onceno grado. «No, si ya regalé el uniforme y pedí la baja», les aclaré para que supieran que no había marcha atrás. Muy “fresca” yo, la verdad.       Los profesores fueron a mi casa y hablaron con mis padres, pues consideraban que aquella decisión mía era una locura, con el 12 en el escalafón podía coger Ingeniería Química… Algunos hasta me dejaron de hablar para presionarme, porque «estaba acabando con mi vida». Ahora cuando ven el resultado, reconocen que debieron haber confiado en mí y apoyado un poco más. Pero es muy lindo cuando me aseguran que están muy orgullosos de mí. Sheila me ha cambiado mi existencia».

‒¿Era tu primera vez en la capital?

‒No, pero fue muy complejo para mí, porque vine para acá con 17 años, sola, sin mamá, papá ni hermano; sin mi familia toda que se reúne los domingos para hacer una comidita o que asiste en pleno a los cumpleaños de cada uno de los miembros de la «comitiva»; lejos de los amigos de años… El tema económico también me golpeó drásticamente, porque con cien pesos en una semana qué puedes hacer. Tampoco había estado becada y me sentía mucho esos cuatro meses que debía esperar para abrazar a los míos. Yo soy así como Sheila en El rostro de los días: muy apegada a su gente

Nelson, mi hermano, es mi ejemplo a seguir, reconoce la popular actriz intérprete de Sheila. Foto: Cortesía de la entrevistada
Extraño cada día de esta vida a mi papito, confiesa esta muchacha de 23 años, graduada de la ENA. Cortesía de la entrevistada

«Pude resistirlo porque amo mi carrera. Cuando entré a la ENA sabía que había hallado la profesión a la cual me dedicaría el resto de mi vida, aunque, adolescente al fin, por momentos me sentía presa de dudas e inseguridades, mucho nuevo para mí. Por suerte, mi grupo era maravilloso, lo mejor que me pasó, definitivamente. Mis compañeros estuvieron a mi lado en las buenas y en las malas, en mis cumpleaños, en las tareas teóricas y prácticas que debía realizar; llevándome a los teatros y a las instituciones culturales que desconocía para que pudiera absorber todo lo que me había perdido en la Isla, donde es total la ausencia de estas opciones tan vitales

«Me fortaleció mucho contar con profesores geniales, personas muy centradas y siempre con la observación justa, la enseñanza, el consejo necesario, que ayudaron a desarrollar en mí un sentido común que me resulta muy útil en mi carrera y en mi vida. Ese primer año con Corina Mestre y Jazz Vilá acabó por conquistarme. Y la pasión siguió creciendo a medida que iba avanzando y recibiendo las enseñanzas de Cheryl Zaldívar, Yaremis Pérez, Yailín Coppola… Ha sido una suerte ser alumna de esas grandes actrices que poseen, además, una gran dosis de humanidad».

‒¿Perteneces ya a un grupo teatral?

‒A El Arca, una agrupación de teatro para niños, en La Habana Vieja. Adoro el público infantil. Es increíble la magia que se produce cuando actúas para él. Siempre hay una energía, una buena vibra que nos colma el pecho y nos hace pensar que nunca dejarás de entregarles tu arte.

‒Entonces hubo que mudarse hacia La Habana…

‒Sí, El rostro de los días no solo me cambió la vida a mí. Mi mamá me dijo: «Tú no te preocupes, concéntrate en la telenovela que yo venderé la casa». Y así mismo hizo mi Yanelis, mi mamita querida, que ni siquiera pensó en su peluquería. Vino ella con mi abuelito, quien ya estaba enfermo y murió siete meses después. Ahora estamos nosotras dos y mi novio. Los dos ingenieros, mi papá, químico; y mi hermano, informático: Nelson 1 y Nelson 2 (sonríe), se quedaron en la Isla, y los extraño un montón.

Yanelis, mi mamá, es el motor real de mi vida, dice Karla Domínguez.Foto: Cortesía de la entrevistada
Yanelis, mi mamá, es el motor real de mi vida, dice Karla Domínguez.Foto: Cortesía de la entrevistada

‒¿Dónde quedó el ISA ahora?

‒Mira, yo seguiré en ese empeño. Ya voy por dos intentos, pero no pretendo abandonar el sueño de estudiar la actuación hasta su más alto nivel. Supongo que todavía no es mi momento. Quienes deciden sabrán, mas no perderé la fe ni el optimismo.


Tomado de Juventud Rebelde

Cuba
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