Elién, orgullosa de ser útil

Foto: Gerardo Mayet Cruz

Elién Pérez Pérez fue la primera doctora de los 59 galenos pineros que prestan ayuda solidaria a través del programa Más Médicos para Brasil- en poner de vuelta los pies en su tierra.

Ya han pasado varios días de su llegada y aunque confiesa que aún se siente mareada por momentos debido a la diferencia horaria y el clima, los sentimientos continúan siendo una mezcla de alegría y tristeza, nada opaca esa emoción que le ensancha el pecho al saberse de nuevo entre los suyos.

Foto: Gerardo Mayet Cruz

Ahora que ya tiene cerca a sus niñas, a sus padres, a sus amigos y colegas, ahora que ya caminó por las calles que de memoria conoce, ahora que sabe que sus alumnos de la Filial de Ciencias Médicas esperan darle la bienvenida calurosa que la acogía cada mañana antes de partir hace dos años a la nación suramericana, se siente más plena que nunca.

Elién no pasó por grandes tribulaciones durante su misión. Cuenta que a diferencia de otros colaboradores no tuvo que enfrentarse a raros padecimientos o situaciones extremas, además su entorno laboral también fue favorable.

“Yo estaba en el estado de Pernambuco, en el Municipio Pedra. Al inicio éramos cuatro médicos cubanos, pero luego quedamos dos para atender a una población que aunque bastante desfavorecida, ya tenían experiencias de contar con un médico comunitario por lo que no hicieron resistencia.

“Al inicio sí existió tal vez un poco de recelo porque mi llegada coincidió con un cambio de prefectura en el área y temían que el trabajo iba a estar asociado a cuestiones políticas, pero una vez que comprendieron que no tenía nada que ver con la gestión política sino con la salud del pueblo como premisa, ya no hubo problemas.

“Me tocó trabajar en un consultorio rural que me quedaba a 40 kilómetros de donde yo vivía- porque no residía dentro de la misma comunidad como ocurre en otros casos- por lo que tenía que viajar diario, pero la propia secretaría de salud de la prefectura nos facilitaba el transporte.

“La población que yo asistía era extensa en territorio pero pequeña en densidad y muy humilde, casi sin desarrollo económico, allí solo habían casitas, una escuela, unos mercaditos y el puesto de salud que, no obstante estas condiciones, estaba bien equipado en lo que a recursos materiales y humanos se refiere, pues contaba con un enfermero, un técnico, seis agentes de salud y el personal de limpieza, además de mí, y como equipo de trabajo funcionábamos bien.

“Esa zona se caracterizaba por ser semidesértica y los padecimientos que atendía eran muy similares a los de aquí, infecciones respiratorias agudas, enfermedades diarreicas, asociadas mayormente al cambio de estaciones verano/invierno y viceversa y entre las no transmisibles habían muchos casos de hipertensión, diabetes, la epilepsia y las de salud mental, porque allí el 99 por ciento de la población toman remedios controlados para la ansiedad y la depresión, tal vez por el mismo contexto social en el que se han desarrollado.

“Un elemento muy llamativo es que desde que yo llegué hice hincapié en la realización del autoexamen de mamas en las mujeres y a raíz de este trabajo fueron apareciendo numerosos casos de cáncer.

“Si algo me llevo de esta experiencia es el cariño y el agradecimiento de mis pacientes que no lo dudaron para acogerme como una más, al punto que los fines de semana me quedaba en la comunidad y hacía visitas domiciliarias a los viejitos encamados, que eran unos cuantos, y a los hombres que trabajaban durante toda la semana y no podían pasar por el consultorio.

“Allá me llamaban “señora doctora” y para ellos yo era toda una personalidad dentro de la población, lo mismo me invitaban a un bautizo, una boda que a un funeral, porque sabían que podían confiar en la atención que les estaba brindando.

“El momento de irme fue muy triste porque era despedirme de golpe de las personas que se convirtieron en mi familia los dos años que estuve allá y para ellos sobre todo fue devastador y me pedían que no me fuera. El saber que mis pacientes se iban a quedar sin la asistencia médica que tanto necesitan fue muy duro, máximo cuando lo contrasto con nuestra realidad en Cuba.

“Hoy siento un enorme agradecimiento a nuestro Gobierno por la posibilidad de ser útil en otras regiones, es importante que se sepa que nadie nos obligó, los médicos cubanos cumplimos con nuestra misión desde los principios de la solidaridad y el altruismo y ahora que estamos de nuevo en la Patria seguimos comprometidos a cumplir con la misión de velar por la salud de nuestro pueblo”.

 

Isla de la Juventud Los médicos de Fidel
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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